‘Del cine, lo único malo son los críticos’

‘Del cine, lo único malo son los críticos’

(EDICIÓN BOGOTÁ) Si alguien quisiera, ya se podría armar una ‘dagoteca’, con los objetos más extravagantes y aparatosos que han pasado por las películas de Dago García, el productor de cine y televisión, que ahora debuta como director en su nueva película Mi abuelo, mi papá y yo.

21 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

En esa ‘dagoteca’, por ejemplo, estaría el carro viejo de su película de hace dos años, llamada, claro, El carro; también reposaría el barco pirata que aparece en pleno barrio bogotano en La esquina, la del año pasado, y ahora, habría que incluirle un gigantesco órgano, que construyeron para su nueva cinta y que su protagonista se obsesiona por comprar para que su familia aprenda a tocarlo.

En cuanto al significado de tremendos aparatos en sus películas, Dago no lo tiene muy claro. Pero eso sí, sabe perfectamente que son “un encarte ni el hp”. El carro, que no andaba ni cuatro cuadras prendido, casi no lo puede vender luego de la película.

El barco tuvo que “echarlo a la candela”, porque no servía ni para un museo, y el órgano lo metió en la sede de Caracol Televisión como “decoración”.

Y eso de la ‘dagoteca’ no es tan descabellado, si se piensa por un momento que Dago lleva el envidiable récord de siete películas seguidas, estrenando religiosamente cada 25 de diciembre, sin falta, un lujo que ningún cineasta colombiano se puede dar.

Y a todo esto hay que añadirle que de productor y guionista de sus películas (que siempre han tenido una taquilla tan respetable como para financiarse la siguiente) ahora se lanza como director.

¿Qué tal la experiencia? Fueron unas vacaciones porque era una historia sencilla. Además, conté con el apoyo de Juan Carlos Vásquez, también director de fotografía y con una máquina de producción que funciona solita.

Por esta nueva cinta y con la anterior parece que se inclina un poco hacia el drama...

Es algo que me está pasando. Lo siento como una evolución. En la televisión también me pasó algo similar con Pecados capitales y La saga, por ejemplo.

¿Siente que ya le encontró la clave al gusto del público? Eso es imposible. El público cambia todo el tiempo. Yo creo que uno tiene que darse, primero que todo, es gusto a sí mismo. Lo que tengo claro es que la gente de todas las clases sociales lo que compra es sentimientos.

¿Qué lo mantiene tan fiel al cine? Que me fascina. El cine para mí nunca ha sido un sacrificio. Nunca he tenido problemas económicos por culpa del cine. Solo me ha dado cosas buenas. Del cine, lo único malo son los críticos.

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