La toma de San Marino

La toma de San Marino

(EDICIÓN BOGOTÁ) (EDITORIAL DIARIO) (PÁGINA 1-26)

21 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Que hayan aparecido apenas al cabo de 72 horas y con vida los 29 policías que se había llevado, al parecer, el frente 47 de las Farc después de tomarse el poblado de San Marino, en Bagadó (Chocó), no debe opacar la necesidad de analizar lo sucedido. No es la primera ni será, con certeza, la última acción de esa guerrilla, que no escatimará esfuerzos, como es su tradición, para perturbar la campaña electoral.

Aún está por establecerse el número de guerrilleros que, con ametralladoras pesadas y cilindros, atacaron por cinco horas a San Marino, antes de tomárselo el sábado pasado. Si se confirman las versiones que hablan hasta de 800, se estaría ante el primer ataque de esa magnitud desde tiempos previos al Caguán. Aun si se muestra que las Farc no tienen la capacidad de concentrar tal fuerza, las autoridades deben algunas explicaciones.

¿Por qué enviar a un puesto remoto, en una zona de fuerte presencia del frente que dirige la célebre ‘Karina’, a un grupo de muchachos auxiliares de la Policía, con escasos meses de entrenamiento? Se trata de un corredor entre el Valle, Antioquia y el Pacífico, importante para la guerrilla, que ha atacado dos veces la cercana población de Sipí. ¿Qué impidió la llegada de ayuda? La población y los policías habrían hecho saber sobre la posibilidad de un ataque. ¿Sí se tomaron medidas preventivas y, en tal caso, por qué no funcionaron? No es esta la primera acción reciente de las Farc. Emboscaron y mataron al ex gobernador Jaime Lozada en el Huila. Una camioneta con explosivos en las afueras de Pueblo Nuevo (Arauca) cobró la vida de un campesino e hirió a siete civiles y soldados. Como reacción a la llegada de tropas al Catatumbo, han sacudido a Norte de Santander desde el inicio de la novena, con el secuestro de tres personas, la voladura del acueducto de Tibú, varios vehículos, tres puentes y seis torres de energía, y han dejado sin luz una amplia zona. Y ahora, San Marino.

De allí que el triunfalismo sea mal consejero. Las Farc, cuyo accionar se recrudece invariablemente en época electoral, están demostrando capacidad de perturbación. Confirmando, de paso, su inveterada ceguera: volar acueductos y puentes y matar civiles con explosivos solo contribuye a hacerlas –si ello es posible– aún más impopulares y detestadas por la gente.

* * * * Hoy, hace ocho años, dos jóvenes suboficiales que prestaban servicio en el cerro de Patascoy iniciaron un calvario que los ha convertido en los secuestrados más antiguos del país. A los cabos segundos José Libio Martínez y Pablo Emilio Moncayo se los llevaron las Farc y, como dicen, hasta el sol de hoy. Hace 32 meses no se sabe de ellos. Martínez tiene un hijo que no lo conoce. Hace 5 años y 17 días, el ex ministro Fernando Araújo corrió idéntica suerte. Su familia, que no sabía de él hace 34 meses, recibió una prueba de supervivencia. Alivia saberlo vivo. Pero sigue cautivo.

Tres pobres colombianos, entre centenares más de secuestrados. Es una fortuna que los 29 jóvenes policías de San Marino no se hayan sumado a esa macabra lista.

editorial@eltiempo.com.co

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