Robar por amor al arte

Robar por amor al arte

Para crear su obra, el artista santandereano Jorge Torres se convirtió en ladrón. Sin remordimiento entró a supermercados de Bogotá, Medellín, Bucaramanga y hasta de San Andrés y empezó a sacar objetos para su instalación.

20 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

A esos les sumó otros hallados y regalados recogidos durante cuatro años.

Con ellos expone ahora en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga su obra titulada Sección de objetos perdidos.

Como un cuestionable homenaje al ‘aporte’ de las entidades que sufrieron sus robos, un letrero a la entrada de la exposición reza: “Patrocinadores no oficiales: Almacenes de cadena colombianos”.

Su intención, asegura, era examinar cómo los objetos generan el afán de poseer, cosa que él describe como una utopía de necesidad.

“Se trata de robar como acto de provocación, con el firme y premeditado propósito de hacer lo incorrecto para provocar desde lo ilícito una experiencia de reparación a la sociedad que he agredido”, dice Torres.

Aclara que su obra, que contó con el respaldo del Ministerio de Cultura y la Fundación Terpel, no debe interpretarse como una apología del hurto.

“Por el contrario, es un indicio del asco y el rechazo hacia los verdaderos ladrones que sí se roban el futuro de la gente de un país pobre”, explica y asegura que el origen ilegal de buena parte de lo 76 objetos de la instalación ha sido purificado por el arte.

“Políticamente me autodenuncio y la gente puede compartir mi delito. Que digan ‘se los robó, pero pagó con trabajo”, argumenta.

Ese trabajo transforma una botella de Coca Cola en un homenaje a Shakira y una caja de cigarros en una ‘cámara bronceadora’ que dora por igual a una modelo y a tres pollos asados; un retrato de los Beatles al ‘chamote’ (técnica que usa arcilla calcinada, triturada o molida) reposa sobre un disco de 78 rpm. con el tema Yesterday.

La lista de transgresiones incluye una cantimplora vietnamita, una Mona Lisa digital y un retrato de Pablo Escobar hecho con cocaína de alta pureza (este último, regalado). Hay hasta un ladrillo que se robó de una casa abandonada en Medellín.

También hay rockets, cuchillos, pistolas y balas, muchas balas, adquiridas mediante oscuras transacciones con “amigos del Ejército”. Hoy, inutilizadas, son aretes, collares y hasta vestidos.

“Era importante que fueran balas reales, sustraídas del conflicto”, afirma Torres, y añade que aunque pagó por ellas, se las robó a la guerra.

El artista acepta que también deseaba explorar el temor de ser descubierto o la vergüenza de ser tildado de ‘ratero’. Y le pasó: en una de sus ‘excursiones’ fue detenido por el celador del Ley del centro de Bucaramanga mientras trataba de sacar dos tubos de pegante instantáneo.

“Me llevaron a un cuarto y me bajaron los pantalones. Me pidieron mi nombre y me inventé uno. O sea, les robé su confianza, su tiempo, su trabajo… Lo único que no me robé fue el pegante, porque me hicieron pagarlo”, concluye.

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¿Delito o arte?.

Luis Fernando Ramírez Museólogo Conozco al artista, aunque no la obra, y sé que es serio. No creo que sea muy lícito socialmente hacer lo que él hizo, pero precisamente esa era la idea: robar para una obra. Claro que desde el punto de vista del arte lo que hizo sí es lícito, siempre y cuando funcione a nivel conceptual.

Jaime Cerón Crítico de arte Me parece una forma de hacer ver que la propiedad privada es una convención y que la cultura implica apropiarse, robar. Uno toma las ideas de otro y las asume. Eso es lo que hace, por ejemplo, el que estudia. Hay un tabú en el ámbito de las mercancías y se dice que esos actos no se pueden llevar a cabo, pero podríamos vivir en una sociedad donde esto fuera permitido. No creo que esa transgresión sea censurable. Pone en duda muchas cosas y es un acto humano. .

Alejandro Giraldo Vicepresidente jurídico de Fenalco Es una apología al delito y es reprochable que un artista se ufane de hacer sus obras con el fruto de un delito. No es meritorio ni lo exime de responsabilidad ante la sociedad. Debe ser rechazado que se trate como arte el delito. El comercio pierde 300 mil millones de pesos al año por hurtos individuales, que paga la gente honesta. Esto para nada es arte.

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