Una lección para tener en cuenta

Una lección para tener en cuenta

Bernanke cree que la Gran Depresión pudo haber sido evitada si el Banco de la Reseva Federal y el Gobierno de los Estados Unidos se hubieran comportado de manera distinta a como lo hicieron. El Banco elevó las tasas de interés en forma imprudente para acabar con la ola especulativa de Wall Street, y luego, cuando la bolsa se vino abajo, permitió que se quebraran miles de bancos y se aferró al patrón oro, causando una deflación sin precedentes y una profunda caída en la utilización de capacidad, de la producción y del empleo.

19 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Bernanke se ha obsesionado con los efectos sobre el crecimiento económico que tiene la política monetaria y la forma como los precios de los bienes raíces afectan el mercado de crédito. La caída de los precios de los activos durante una depresión desalienta excesivamente la demanda de crédito y afecta definitivamente el consumo pues la gente utiliza sus activos como garantía y como medida de su riqueza. En una deflación, cuando los consumidores están endeudados, cae el valor de los activos y el crédito mantiene su valor, lo cual causa que la gente deje de demandar crédito y de consumir.

El remedio a esta situación sería que las tasas reales de interés fueran menores a cero. Pero en una deflación los bancos tuvieran que pagarle a las personas y a las empresas por deberles plata, lo cual todavía es inconcebible. En todo caso, las lecciones a sacar son en primer lugar no aferrarse a ortodoxias que no tienen sentido como el patrón oro (en la actualidad la paridad fija con el dólar o con el euro, las tasas de cambio constantes o las franjas cambiarias). En segundo lugar, hay que salvar a los bancos y preservar la estabilidad del sistema financiero. En tercer lugar, hay que dejar que las burbujas se desinflen solas, no tratar de pincharlas; y los bancos centrales deben concentrarse en la estabilidad de precios, anunciando lo que van a hacer y dejando ver claramente cómo lo hacen.

No lo dice el artículo del Wall Street Journal, pero la lección más importante es que la política macroeconómica no es para dar batallas morales. No es buena economía dejar quebrar bancos, o nacionalizarlos, para darles lecciones a banqueros especuladores o acaparadores. Tampoco lo es subir las tasas de interés para hacer caer los precios de los activos y darles de esa manera una lección a los especuladores en finca raíz. Los costos sociales de esas acciones son desmesurados y las lecciones que se pretenden dar no se aprenden.

La reflexión sobre estos hechos remotos pero todavía actuales evoca inquietudes sobre la experiencia colombiana de la más reciente crisis de 1998 a 1999. Es posible que esa crisis se hubiera podido evitar y que intervinieron en ella aspectos éticos y llamémoslo políticos que dieron lugar a graves equivocaciones. El manejo del mercado de crédito y la política de tasas de interés, especialmente en lo que atañe a los créditos y los ahorros en Upac, pudieron haber sido distintos, así como el manejo de la tasa de cambio. Y si lo hubieran sido, la crisis se hubiera podido soslayar, o por lo menos no hubiera sido tan profunda.

Quizás esté demasiado cercano a los acontecimientos para ser un buen juez de lo que ocurrió, como lo están la mayoría de mis colegas que han sido actores de una u otra manera, inmediatamente antes o después de los hechos. Es indispensable que se acometa un estudio serio de este capítulo de la historia económica colombiana y del papel que jugó la política monetaria, crediticia y fiscal en esa crisis, tanto para provocarla como para salir de ella. Ojalá uno de los nuevos Ph. Ds que han llegado recientemente y que no participaron en estas políticas se interesara por este tema y nos ayudara a aclarar qué sucedió y cómo se pudo haber evitado la debacle.

Esta columna dejará de aparecer hasta enero de 2006. ¡Felices Fiestas!.

Rudolf Hommes Rodríguez Ex ministro de Hacienda

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