A los 10 años ya comienzan a rumbear

A los 10 años ya comienzan a rumbear

A los 10 años se supone que deberían estar pensando en carritos y muñecas, o en jugar con amiguitos. Pero muchos niños bogotanos ya no piensan en eso, sino en cómo hacer para no perderse la rumba del fin de semana.

18 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Enloquecen a sus papás hasta que los obligan a acompañarlos, o se van a escondidas. Todo vale con tal de llegar a las reggaeton party, una modalidad de rumba para niños y adolescentes que está pegando muy fuerte entre los menores de la ciudad.

Las fiestas se llevan a cabo en bares y discotecas; empiezan sobre las dos de la tarde y suelen durar hasta las siete de la noche.

Faldas escocesas cortas, pantalones descaderados y blusas o camisetas pegadas, son la nota predominante entre las niñas. Pantalones anchos desde la mitad de los glúteos, camisetas grandes y cadenas alrededor del cuello, es la indumentaria característica de los muchachos.

Y tanto ellas como ellos van en grupos grandes. ¿El plan? Pasarse la tarde cantando y bailando con movimientos cargados de sensualidad.

Los jóvenes suelen tomar a su ‘girla’, como les dicen a las niñas, por la cintura y se pegan tanto a ellas, que parecieran no ser dos personas, sino una. Bajan al ritmo de reguetón con movimientos pélvicos hacia adelante y hacia atrás. Es el famoso ‘perreo’, un baile que escandaliza a muchos por su más que evidente connotación sexual.

‘Me porto bien’ “Vengo a bailar a este sitio hace un año. A mis papás no les gusta, pero me dejan venir. Los convenzo diciéndoles que me porto bien”, dice Paola, de 13 años, en medio de un reggaeton party en el bar Pananeas (calle 84 con 14): un lugar que desde hace dos años organiza estas fiestas para los menores de edad.

Marcela Moreno, representante legal de las reggaeton party cuenta que la mayoría de sus “clientes” están “entre los 10 y los 18 años de edad”.

Pero en estas fiestas es posible ver a niños muy pequeños. Moreno recuerda un caso especial. “Tuvimos una cliente que tenía solo 4 años, y venía con la mamá. La señora me decía: ‘Me desespera en la casa porque todo el tiempo se quiere venir para acá’. También hemos tenido clientes de 7 años”.

Charly Betancourt, DJ de la emisora Rumba Estéreo y una de las principales organizadoras de estas fiestas, añade: “Hay de todo, desde parejitas de novios que no se pueden ver y aprovechan el lugar para hacerlo, hasta algunos que se escapan de las casas para venir. Pero estos últimos son casos excepcionales”.

De todas formas, subraya, “estos son eventos sanos, pues los niños y jóvenes que asisten sólo consumen gaseosas, agua, bebidas energizantes y colombinas”.

Jairo Lozano Valencia, propietario de Pananeas, asegura que las drogas, el licor y el cigarrillo están totalmente prohibidos, y enfatiza: “Somos muy rigurosos, a la entrada les quitamos todo lo que está prohibido”. Incluso chapas de cinturones y hasta las gorras, estas últimas, para evitar que un joven se la quite a otro para desafiarlo y se arme una pelea.

Papás vigilantes Betancourt cuenta que varios papás acompañan a sus hijos a estas fiestas, donde el precio de la entrada suele ser de 10.000 pesos. “Se quedan y, desde el segundo piso, observan qué hacen”.

Una madre que acompañaba a su hija de 13 años en Pananeas le dijo a EL TIEMPO: “Yo vengo con mi hija por seguridad, porque me da mucho miedo la droga y porque esta música insita mucho al sexo”. Y añade: “La verdad es que no me gusta mucho la idea, pero no se lo prohíbo, porque sería peor”.

Pananeas no es el único lugar donde se hacen estas rumbas ‘reguetoneras’.

Hay varios sitios en el sur de la ciudad como Las Vegas In, Olimpos o Arena Caliente que están incursionando en este negocio. Y en el norte también varios más, como Palco 93.

Y aunque el reguetón manda, no todas las fiestas para menores se hacen con esta música. Sitios como el Downtown, en el centro, suele hacerlas a ritmo de rock.

‘No es lugar para un niño’ Según María Helena López, sicóloga de familia de la Universidad Javeriana con maestría en psicología comunitaria de la misma universidad, aunque en este tipo de fiestas esté prohibido el consumo de licor, cigarrillo y otras sustancias, siempre habrá la posibilidad de que el menor se acerque a ellas o, por lo menos, salga con la inquietud.

“Un niño a los 10 años de edad no debe estar en un bar porque no es su contexto; porque los mecanismos de control no son infalibles y porque si a una familia le queda difícil orientar a los niños, mucho más al señor que hace la fiesta. No basta con decirles a los padres: ‘Tranquilos que ellos se quedan comiendo papas fritas, conversando entre ellos y bailando’ ”.

Para López, una de las causas principales de este precoz comportamiento es el enorme acceso que los menores tienen hoy a distintos tipos de información.

“Los niños consumen variedad de temas, y la sexualidad y la pornografía no son, desafortunadamente, la excepción. Eso les crea expectativas sobre las vivencias que podrían llegar a tener. Con lo cual empiezan a vivir etapas que no les corresponden, y sin asumir las consecuencias, porque todavía no tienen la madurez para ello”.

Para Carolina Piñeros, directora ejecutiva de la Corporación Colombiana de Padres y Madres, Red Papaz, hay una gran cuota de “culpabilidad” de los medios de comunicación, porque “en muchos casos no tienen en cuenta a los menores que están recibiendo sus contenidos, muchas veces inapropiados y dañinos.” No obstante, la sicóloga López agrega que la desintegración familiar, las separaciones, el poco tiempo que tienen los padres para compartir, educar y orientar a sus hijos, son también causas importantes a la hora de explicar este comportamiento precoz de los niños.

Pero más allá de controversias y opiniones, las rumbas para menores siguen causando furor, y algunas han llegado a reunir hasta 1.200 niños y adolescentes.

** AUTORIDADES ALERTAN Ingrid Battiston, gerente de juventud del Departamento Administrativo de Bienestar Social de la Alcaldía Mayor de Bogotá (DABS), advierte que hay una relación muy cercana entre la rumba y consumo de alcohol y drogas.

Según últimas cifras recopiladas (2003) por el DABS, los adolescentes empiezan a consumir licor entre los 12 y 13 años. Y el 47,8 por ciento empieza a hacerlo motivados por amigos.

Paralelamente, el consumo de marihuana se inicia en los hombres a los 13 años y en las mujeres a los 15 años.

Por eso Battiston pide a los padres mucha atención sobre esta actitud precoz que implica la rumba infantil, a la vez promete nuevas campañas de prevención.

clagon@eltiempo.com.co

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