El personaje del año La cabeza de la Corte

El personaje del año La cabeza de la Corte

“Tu papá es muy antipático. Salió ayer en todos los canales y no pude ver televisión”, le dijo una compañera de colegio a Daniela.

18 de diciembre 2005 , 12:00 a.m.

El tipo ‘antipático’ al que se refería la niña no es otro que Manuel José Cepeda, el presidente de la Corte Constitucional, que no dejó ver Rebelde a miles de jóvenes el miércoles 19 de octubre.

Ese día, el magistrado apareció leyendo un comunicado por todos los medios sobre el fallo que dejaba en pie la reelección presidencial y le abrió la puerta al presidente Uribe para aspirar a quedarse cuatro años más en la Casa de Nariño.

La niña no era la única molesta. Su esposa, Claudia Escolar, también le hizo el reclamo porque no le había avisado que iba a comunicar la decisión.

Cepeda, de 42 años, flaco, de gafas bifocales que le dan un aire de seminarista y que siempre compra camisas blancas y azules para no equivocarse con la combinación de corbatas ya que sufre de daltonismo, fue este año el rostro de la Corte Constitucional.

Esta institución, de apenas 15 años, se robó el protagonismo político y jurídico del país en el 2005, pese a que ya había tumbado el Upac y el Concordato, y despenalizado la dosis personal de droga.

Los tiempos difíciles A comienzos de este año, Cepeda fue elegido presidente de la Corte y tuvo que asumir el momento más trascendental de este tribunal, que admitió 18 demandas contra el acto legislativo que había expedido el Congreso aprobando la reelección presidencial inmediata.

Ya estaba preparado. Desde diciembre pasado se llevó para Cartagena, donde pasó vacaciones con su esposa y su niña, las gacetas del Congreso, que leyó mientras otro disfrutaban del sol y la playa.

Un curso de lectura rápida que hizo antes de entrar a la Universidad de Harvard, en el que aprendió a leer línea por línea, le sirvió para avanzar rápidamente. No era raro que el magistrado, acostumbrado a leer de noche las ponencias en su casa, mezclara trabajo con descanso. Su luna de miel había sido una conferencia de derecho en Costa Rica.

“Tocó moler desde abajo. Leímos todo. La idea era entre todos proteger a la Corte de cualquier error”, recuerda Cepeda, al que le tocaron tres demandas.

El ambiente era tenso, pues se tildaba a unos miembros de la Corte de amigos de Uribe y a otros de antiuribistas.

El magistrado Cepeda solo tenía de confidente a un miembro de su equipo de trabajo, el más crítico de todos. “Era una forma de proteger una filtración”.

A mediados de año, pasaba más de 12 horas viendo folios en su oficina del Palacio de Justicia, con almuerzo diario de carne asada y ensalada.

El 20 de septiembre, los magistrados, después de enviarle una carta al Presidente en protesta por las declaraciones del ministro Sabas Pretelt, quien denunció presuntas presiones sobre ellos, comenzaron la discusión en Sala Plena, con la seriedad de un cónclave. La cita era todos los martes, miércoles y jueves. “Hay unos compañeros fogosos y apasionados, pero acordamos dejar eso a un lado y limitarnos a discutir con argumentos”.

Cepeda le daba primero la palabra al que estuviera en desacuerdo y le agradecía al final su intervención. Hablaba de último y en ciertas ocasiones proponía un chiste. La calma corre por sus venas. No se ofuscó la noche en que un borracho confundido tumbó a puños la puerta de su apartamento, ni le contestó al columnista Felipe Zuleta, quien lo tildó hace pocos días de ‘lagarto’.

Al final de cada sesión, se reunía con los periodistas para desmentir chismes. “Negaba los que no eran ciertos y cuando alguno era verdad, decía que no podía responder”.

Tras cuatro semanas y media de discusión, y 90 minutos de votación, el magistrado salió a leer frente a los medios el fallo, que fue de 6 votos a favor y 2 en contra. El restante se declaró inhibido.

La decisión no dejó contentos a todos en la Corte. El magistrado Jaime Araújo Rentería manifestó por los medios su inconformismo, mientras se hacía público un enfrentamiento entre él y su colega Rodrigo Escobar Gil.

Pese a estas polémicas, los diferentes sectores políticos y sociales hicieron pública su aceptación del fallo. “Fue una decisión en derecho, imparcial y autónoma. Todos acataron la decisión. Ganó la Corte”, dice el joven magistrado, que votó a favor y recibió una moción de felicitación de sus compañeros por su labor.

Un final inesperado El trabajo de la Corte no se detuvo y pasaron de inmediato a la Ley de Garantías. Tras dos semanas de discusiones se fijaron reglas para la próxima campaña con Presidente a bordo. “Se adoptó una decisión para que hubiera garantías para todos. Siempre dentro del marco de la ley”, dice Cepeda.

La opinión más extendida fue que la Corte prácticamente había rehecho la ley para que la reelección fuera viable en la práctica. Sin embargo, más tarde tuvo que aclarar su fallo respecto a una norma que, mal interpretada por el Consejo Electoral, se hubiera convertido en una espada de Damocles para la prensa.

Finalmente, la Corte se enfrentó al tema de la despenalización del aborto en tres circunstancias especiales. Ese tema fue más complicado para los nueve magistrados que la reelección. Recibieron en sus oficina videos que mostraban niños deformes y fetos abortados. El miércoles 6 de diciembre, la Corte determinó que la demanda estaba mal presentada y no la aceptó. La noticia causó decepción y muchos la interpretaron como si hubieran eludido el tema.

“Estábamos preparados para ir al fondo, pero se entraron a mirar las características de la demanda y no podíamos decidir, por eso se profirió una sentencia inhibitoria, que fueron el 20 por ciento de las sentencias del año”. El tema quedó en vilo para el 2006 con la presentación de tres nuevas demandas.

Así terminó el agitado año de la Corte, que profirió este año cuatro sentencias por día. En total fueron cien más que el promedio habitual. El viernes, desde las secretarias hasta los magistrados entraron en vacaciones.

Cepeda dice que les va a dedicar este tiempo a su esposa y a su hija, de 8 años, con la que juega ‘21’ en cartas y espera verse King Kong. Se irán a pasar Navidad a Nueva York, pero para no perder la costumbre se llevará un libro sobre filosofía moral para preparar el debate sobre el aborto.

MANUEL JOSÉ CEPEDA Hijo del profesor de derecho y ex ministro Fernando Cepeda Ulloa y de Gloria María Espinosa, el magistrado se graduó de bachiller con honores en el colegio suizo Helvetia y de derecho, con tesis Cum Laude, en Los Andes.

Durante la universidad le ayudó en la escritura de proyectos de ley al entonces representante de Risaralda, César Gaviria, amigo de su padre.Con una beca del Banco de la República hizo una maestría en la Universidad de Harvard (E.U.) y volvió al país porque Gaviria lo llamó para que trabajara con él en el gobierno de Virgilio Barco en el que su papá también fue ministro. El joven fue uno de los que se encargó de redactar el texto de la famosa séptima papeleta.

Gaviria, que sucedió a Barco en la Presidencia, convocó a la Asamblea Constituyente, que más tarde terminaría por convertir la Sala Constitucional en una Corte independiente.

Tras su trabajo en la instalación de la Asamblea, el joven abogado recibió la Cruz de Boyacá, se casó y se fue a Francia como embajador ante la Unesco.

Regresó como decano de la Facultad de Derecho de Los Andes y en noviembre del 2000 se convirtió en magistrado de la Corte Constitucional.

Los días de reelección fueron duros. Cepeda escribió más de 600 hojas en sus tres ponencias, que les entregó en sus manos, en sobres sellados, a los demás magistrados. Después se tuvo que leer ocho montañas de papel de sus compañeros.

Como no toma tinto y solo fumó seis meses en la adolescencia, el magistrado, que es amante de las películas de Peter Greenway, se relajaba en cine o viendo en su casa una DVD de acción al estilo de Tarantino.

FOTO EN LA SALA PLENA los magistrados libraron las discusiones sobre la reelección presidencial. De pie, Álvaro Tafur, Humberto Sierra, Rodrigo Escobar Gil, Marco Gerardo Monroy, Alfredo Beltrán y Jaime Córdoba Triviño.

Sentados, Clara Inés Vargas, Manuel José Cepeda y Jaime Araújo. Les tocó estudiar 18 demandas contra el acto legislativo. Fotos: Claudia Rubio / EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.