La elección del nuevo Gobernador del Tolima

La elección del nuevo Gobernador del Tolima

(EDICIÓN BOGOTÁ) Empecemos por hacer un poco de historia. Cuando se celebró la elección de gobernador para el departamento del Tolima en las pasadas elecciones, se presentaron dos rivales militantes del Partido Liberal: Jorge García Orjuela, hermano del senador Carlos García, quien obtuvo el aval de la Dirección Liberal para llevar la representación del Partido, y Fernando Osorio Cuenca, también liberal, pero quien participó en la contienda al final, en vista de que, a último momento, García renunció al respaldo del Partido Liberal a secas, para enrolarse en las filas de la vertiente no oficialista. Es decir, que Osorio dispuso apenas de unos pocos días para llenar el vacío que dejaba García con su intempestiva renuncia.

18 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Grande fue la sorpresa cuando Osorio obtuvo más de 80 mil votos en tan breve campaña, pero, como es obvio, resultó elegido su contendor, que había dispuesto de la totalidad del período de la campaña para figurar como un liberal más. La administración de García Orjuela fue breve, ya que fue demandada su credencial en razón de que otro hermano suyo, Fernando, era empleado de una empresa oficial, Minercol, mientras aquel era candidato.

Pese a que el Consejo de Estado se demoró en fallar y a que el Gobierno tomó más de dos meses en cumplir el fallo, finalmente fue así como se nombró, por el Gobierno, como gobernador interino, al señor Carlos Guillermo Aragón, patrocinado por los amigos del gobernador depuesto, y quien, según denuncia del ahora gobernador electo, Fernando Osorio, puso toda la maquinaria oficial al servicio del candidato Óscar Barreto.

Tres ex presidentes del Senado: Carlos García Orjuela (liberal), Luis Humberto Gómez Gallo (conservador) y Germán Vargas Lleras (Cambio Radical), todos ellos partidarios de la reelección, contribuyeron con sus respectivas fuerzas políticas a oponerse a la candidatura de Osorio. Sin embargo, quien obtuvo la mayoría fue, en esta ocasión, Fernando Osorio, el candidato avalado por el Partido Liberal, economista de profesión, quien se ha distinguido en varios cargos departamentales y ha respaldado a su coterráneo chaparraluno Alfonso Gómez Méndez.

Tratándose de un pulso entre uribistas de las distintas vertientes y el candidato oficial del Partido, no es cosa de poca monta lo sucedido en momentos en que se da comienzo a la campaña para elección de cámaras legislativas, en el mes de marzo, y de presidente de la República, en el mes de mayo. El candidato que se consideraba inatajable resultó derrotado por Osorio, dueño de la opinión liberal del Tolima, gracias a la votación de baluartes tradicionales del Partido, como Ibagué, Honda y Chaparral, en donde el ‘trapo rojo’ no ha perdido su vigencia y el sentimiento liberal no vacila en hacer acto de presencia.

Es por lo tanto por lo que nos atrevemos a calificar de triunfo el resultado de las votaciones del domingo 11, que parecen de muy buen augurio, máxime cuando fue tan modesta la participación nacional en la campaña para su elección. Se contó con una visita del jefe único del partido y con el apoyo constante del doctor Alfonso Gómez Méndez en sucesivas visitas a Ibagué y a Chaparral, su patria chica. Fue, pues, una prueba inequívoca de la vitalidad liberal, casi espontánea, a la cual hemos venido haciendo alusión de tiempo atrás. El fervor liberal al nivel de la provincia colombiana, lejos de extinguirse, se mantiene intacto, como hemos podido comprobarlo no solamente en las reuniones públicas a las cuales hemos asistido, sino también en comicios electorales que sistemáticamente han arrojado resultados que confirman la condición mayoritaria de la colectividad liberal.

En el caso del Tolima, como en tantos otros, pueril sería ignorar la contribución valiosa de los electores de extrema izquierda, seguidores del ex gobernador Jaramillo, cuyo mandato le granjeó el respaldo no solamente de los seguidores de su familia en el norte del Tolima, sino de jóvenes unidades que depositaron su confianza en esta nueva figura de su tendencia política. La realidad ha sido la de que, sin compromisos doctrinarios de ninguna clase, el candidato Osorio se impuso sobre la suma de los votos originados en las consignas de los jefes reeleccionistas que formaban parte de las huestes del Gobierno, las cuales en el Congreso impusieron sus mayorías circunstanciales, no obstante lo heterogéneo de su extracción política en términos de los partidos tradicionales. Pasar por alto estos hechos es atenerse a los vaticinios verdaderamente cuestionables de algunas encuestas, no siempre ajustadas a las reglas del juego.

Los resultados de la renovación parlamentaria del próximo mes de marzo confirmarán o invalidarán nuestra creencia acerca de la distribución real de las fuerzas políticas colombianas.

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