El gran jugador

(EDICIÓN BOGOTÁ) JULIO MARIO SANTO DOMINGO A mediados de los años 60, cuando Cervecería Águila vivía el acoso de su poderosa competencia, Bavaria, en su propio patio, la costa Caribe, y amenazaba con tragársela, Julio Mario Santo Domingo logró lo que nadie esperaba: que el pez chico se comiera al grande.

18 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

En diciembre de 1966, convenció a la junta directiva de la cervecería bogotana de aceptar la entrega de las instalaciones, los equipos y demás elementos de Águila, a cambio de 46 millones de acciones de Bavaria, lo que le permitió después tomar el control de esta última, a pesar de las protestas de accionistas minoritarios y del gobierno del entonces presidente, Carlos Lleras.

A partir de allí, el conglomerado fincado en Barranquilla tomó un enorme impulso y se convirtió en protagonista de primera línea en la vida del país durante las últimas cuatro décadas.

En esa época, Santo Domingo rondaba los 40 años y ya era reconocido como un hombre refinado y elegante en extremo, aunque algo frío. Era tímido para hablar en público y dar entrevistas, pero no para moverse en el mundo de los grandes negocios y de la alta sociedad en Nueva York o París.

El hijo mayor del industrial Mario Santo Domingo y Beatriz Pumarejo había nacido en Panamá y hecho sus primeros estudios con una institutriz alemana y en Europa. A los 10 años, fue internado en el Gimnasio Moderno, de Bogotá, y más tarde en la Phillips Academy, donde por la misma época se educaron personajes como el actor Jack Lemmon y George Bush padre. Tras graduarse, hizo estudios en la Universidad de Virginia y en la de Georgetown, pero no los terminó.

Santo Domingo asumió las riendas de los negocios del conglomerado, tras la muerte prematura de su hermano Luis Felipe en un accidente en 1963, porque el hecho golpeó duramente a su padre, un hombre sencillo y pragmático, que con perseverancia y cautela había logrado sostener sus negocios en Colombia y Estados Unidos, a pesar de las crisis, especialmente la de los 30.

Cuando murió don Mario, una década más tarde, la familia tenía participación en más de un centenar de empresas, incluidas Bavaria.

Julio Mario se ha encargado de multiplicar la fortuna y llevar sus inversiones a otros países, inclusive del Viejo Continente. Al finalizar el siglo, su emporio cervecero estaba entre los diez más grandes del mundo y su grupo, como nunca, era factor de gran peso en los negocios y la política nacional.

Y este año, con su hijo Alejandro Santo Domingo y su sobrino Carlos Alejandro Pérez, hizo otra gran jugada, que marcará una nueva etapa para el emporio: en julio pasado cerró con SABMiller, un trato de intercambio de acciones, que significó la entrega del 71,8 por ciento de las acciones de Bavaria, a cambio del 15 por ciento de las acciones del gigante sudafricano, que tiene con más de 100 cervecerías en el mundo. El negocio fue por 7.800 millones de dólares.

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