Una noche única para los habitantes de la calle

Una noche única para los habitantes de la calle

Para quienes viven en la calle, el ‘combinado’, esa masa de arroz con servilleta y hueso que venden desde 100 pesos sobre un papel periódico como este, es el único alimento que comen cada día.

17 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Por eso, que de un día para otro, y gratis, se encuentren con un plato de filete de pavo, ensalada rusa y natilla con canela, es un lujo. Un lujo que ayer se hizo realidad para cerca de 1.000 habitantes de la calle en un regalo de Navidad que les llegó de manos de la Alcaldía de Bogotá.

Diego, de 22 años, pero con cara de 30, se comió cada pedazo de carne despacio, muy despacio, como si tuviera sus horas contadas y quisiera degustar desde el primer bocado hasta las últimas migajas.

A su lado, estaba Yenny, su compañera de ruta desde hace ocho años. Y anoche, a las 7:00 p.m., sumaban entre los dos 5.000 pesos y tres hijos. Dos de ellos están en poder del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y una niña de 7 años está en la casa de sus padres. También sumaban una caja para llevar parte del pavo y la ensalada que les dieron.

“Es para llevarle a la nena y tener qué comer después”, dice Diego, con una corta alegría.

Alegría que se les extendió a ellos y a sus compañeros de la calle por varias horas más.

Pero el regalo de Navidad no fue sólo una cena. La música en vivo también les alegró la noche.

Un mariachi con sonido amplificado les cantó los temas de desventura que oyen a las afueras de las cantinas.

‘Es mi orgullo haber nacido en el barrio más humilde’, gritaron en coro con la canción de Vicente Fernández.

Con ‘Porque la quiero, la quiero, la quiero’ de Nelson Ned, algunos recordaron viejos amores y lloraron por la familia que no estaba.

Con Quererte fue mi error, del Charrito Negro, hombres y mujeres se señalaban entre sí como si fueran amores prohibidos.

Echando paso Después de una hora de mariachis quedaron listos para la música de César Mora.

Con El Caminante, la primera canción que interpretó el salsero, la multitud se sintió identificada. ‘Llevo el paso infinito del caminante...’ fue el primer coro que los hizo bailar, echar paso y sentirse muy bien, o como dicen en su jerga, ‘nítidos-milkigüey’.

Pero la euforia total se vivió con Colombia, tierra querida. Pese a todos los problemas –dijo Diego– esta es nuestra patria.

“Aquí estamos. Existimos. Siempre es bueno que echen una mirada para acá. De nuestro lado también hay una Colombia”, añadió.

La rumba se extendió hasta pasadas las 10 p.m. Así hubieran querido seguir la fiesta, para la mayoría de habitantes de la calle esa es la hora en la que les cierran los hostales donde duermen. Y para los que no alcanzaron a llegar, el andén fue, con seguridad, otra vez su cama.

luibad@eltiempo.com.co

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