PRESIÓN

En Colombia todos tienen miedo. Las presiones de los narcotraficantes, de las guerrillas, de la violencia delincuencial, amilanan a los colombianos. Los asfixian. A veces la libertad, cualquiera que sea, la coartan los riesgos emanados de presiones en ocasiones sutiles y otras abiertamente violentas. No sabemos si la Corte, cuando esto se escribe, ha emitido ya su fallo sobre la constitucionalidad de la Asamblea Constituyente. Ni amigos ni enemigos de ella pueden, en ningún caso, presionar el libre juicio de los altos magistrados. Si fuere así, habría sido mejor posponer la decisión. El propio Gobierno se ha permitido, de manera indirecta, dejar flotando una amenaza sobre los magistrados. Es peligroso lanzarlos a la voracidad pública al colocarlos como posibles enemigos de los millones de colombianos partidarios de la Constituyente.

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