Una luz de esperanza

Una luz de esperanza

En esta nueva tentativa, hay que buscar la liberación de todos los secuestrados por las Farc. Porque como bien lo afirmó el alto comisionado para la paz, Luis Carlos Restrepo, en Colombia no debe haber secuestrados de primera y secuestrados de segunda, el Gobierno tiene que trabajar para acabar el suplicio de todos.

15 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Desafortunadamente los colombianos nos hemos acostumbrado a convivir con el drama de los secuestrados. Se han presentado tantos casos, durante tanto tiempo, que lo que en cualquier país sería motivo de gran revuelo, en el nuestro ha pasado a un segundo plano. Esto no puede seguir sucediendo. Hay que revivir la indignación y el dolor que produce saber que muchos colombianos son víctimas de ese horrendo delito. Con el objetivo de que en la agenda pública esté siempre presente como una de las prioridades nacionales, la liberación de los secuestrados y el fortalecimiento de la seguridad democrática -para que no se repitan más casos,vale la pena recordar la magnitud del drama con algunos terribles datos: * En Colombia hay en este momento 5.426 personas secuestradas.

* Desde 1996, 22.363 ciudadanos han sido plagiados.

* 994 personas murieron en cautiverio.

* Las Farc tienen a más de mil secuestrados, y las AUC a alrededor de quinientos.

* El cabo segundo Pablo Emilio Moncayo Cabrera y el cabo Libio Martínez cumplirán la semana entrante ocho años (!!) en poder de las Farc.

Ojalá que el frágil acuerdo humanitario que se está gestando no se convierta en un tema de campaña política. Ni el presidente Uribe, ni sus rivales y críticos deben usar este delicado asunto para ganar puntos ante la opinión pública. Se debe pensar y actuar exclusivamente en función de la liberación de las víctimas y en lo que más convenga a la seguridad del resto de los ciudadanos.

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-Para escuchar mejor.

Una de las cualidades de los líderes exitosos es que escuchan con mucho cuidado a las personas con las que interactúan. Escuchar bien no es fácil, porque hay muchas distracciones que entorpecen esta tarea aparentemente sencilla. En el libro The Writing Lab, del Departamento de Inglés de la Universidad de Purdue, se describen las conductas que hay que evitar si se quiere ser un atento escucha: Lector de mente. Quien se concentra en tratar de descifrar qué está pensando el que habla, pierde la esencia de su mensaje.

El practicante. El que está planeando qué va a responderle a la persona que está hablando, no capta bien lo que le están diciendo.

El filtro. Quien oye solamente lo que quiere oír, descartando de inmediato aquello que es contrario a sus ideas, tendrá información incompleta.

El 'englobado'. El que anda soñando en medio de una conversación obviamente asimilará poco o nada de lo que le están tratando de comunicar.

El identificador. Quien está asociando todo lo que le cuentan a sus experiencias puede correr el riesgo de desechar argumentos interesantes y útiles, simplemente porque no se relacionan con sus vivencias.

El sicoanalista. El que está evaluando al mensajero, en vez de su mensaje, captará sólo parcialmente.

El desviador. Quien continuamente está cambiando de tema impide que se profundice y se aclaren temas clave de una conversación.

El descartador. El que rápidamente salta a conclusiones, sin escuchar todo el mensaje, muchas veces desechará información valiosa.

El afable. Quien se manifiesta de acuerdo con todo lo que le comunican, para dárselas de receptivo y de no conflictivo, es un mal oyente.

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