Entre el asilo y el refugio

Entre el asilo y el refugio

(EDICIÓN BOGOTÁ) (OPINIÓN 1-27) El refugio y el asilo son figuras distintas, tienen disímiles orígenes y son diferentes los tratados internacionales que los regulan. El asilo se concede y, en consecuencia, no se es asilado sino hasta que el Estado asilante ofrece su protección. Como otorgar asilo es discrecional, los Estados no tienen por qué explicar las razones para ofrecerlo o negarlo. El refugiado, en cambio, lo es desde el momento mismo en que tiene que abandonar su país de origen porque está en juego su vida o su libertad, con motivo, por ejemplo, de una persecución por parte de las autoridades de su Estado de nacionalidad. Los Estados de refugio sólo reconocen esta calidad y, en consecuencia, si deciden no hacer el reconocimiento deben explicar las razones que los movieron a su negativa. A diferencia del asilo, de inevitable contenido político, el refugio es una institución netamente humanitaria.

15 de diciembre 2005 , 12:00 a.m.

Pues bien, contrario a lo que se ha sostenido en la prensa y en la revista Semana, que hizo un artículo para defender la decisión de la Cancillería colombiana, los militares venezolanos a quienes se acusa de haber participado en una intentona golpista contra el coronel Chávez nunca pidieron asilo en nuestro país: solicitaron que se les reconociera el carácter de refugiados. La respuesta del Palacio de San Carlos fue negativa.

En conclusión, la Cancillería está obligada a explicar las razones por las cuales les negó el reconocimiento. Sin embargo, se niega a hacerlo.

También se ha sostenido como argumento para haberles negado su solicitud el hecho de que “no se debería dar refugio a quienes han participado en golpes de Estado”. Pues bien, el pedido de refugio de los militares venezolanos no fue resultado de la intentona golpista. De hecho, los militares fueron absueltos por la Corte Suprema de Justicia de Venezuela de los cargos que se les imputaban. Un tiempo después, sin embargo, el gobierno de Chávez decidió enjuiciarlos de nuevo por los mismos hechos por los que habían sido declarados inocentes. Esa conducta –el nuevo juicio por los mismos hechos– constituye una violación de un principio internacional de los derechos humanos. Si además se toma en consideración que el sistema judicial venezolano está hoy controlado a discreción por el Coronel y no es ya independiente, resulta evidente que la libertad, y seguramente la vida, de los militares venezolanos absueltos y de nuevo ilícitamente enjuiciados está en grave peligro. Por eso son refugiados. Y eso lo saben en la Cancillería colombiana, aunque se hagan los de la vista gorda. Más de mil documentos de prueba constan en los expedientes de solicitud de reconocimiento.

Por otro lado, los medios de comunicación, y desafortunadamente también el Presidente de la República, de acuerdo con lo que expresó en recientes declaraciones, seguramente inducido al error por la Canciller, desconocen que en América Latina la figura del asilo diplomático se ha construido precisamente como figura para proteger a quienes han sido acusados de intentar golpes de Estado. Son casos emblemáticos el de Víctor Raúl Haya de la Torre, acusado de haber auspiciado una intentona golpista en el Perú; el de los aviadores venezolanos que en su momento intentaron derrocar a Marcos Pérez Jiménez; y, más recientemente, el del dirigente empresarial Pedro Carmona, cabeza del movimiento contra Chávez. Todos, absolutamente todos, recibieron asilo en Colombia.

Se sostiene que “una decisión diferente habría tenido un efecto muy negativo sobre las relaciones” con Venezuela. Estoy convencido de que Colombia tenía en este caso suficiente blindaje jurídico y tradición para defender una decisión de reconocimiento de refugio o, incluso, si se lo hubieran solicitado, conceder asilo. Pero San Carlos decidió dar al traste con nuestra historia de país asilante y de refugio. Más coraje tuvo la Cancillería ecuatoriana, que sí se atrevió a conceder asilo a otro de los militares venezolanos que, este sí con buen tino, prefirió llegar a Quito y no a Bogotá

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