El discurso de Harold Pinter

El discurso de Harold Pinter

(EDICIÓN BOGOTÁ) (OPINIÓN 1-27) ¿Qué esperaban de un hombre de 75 años, un gran escritor de piezas teatrales, mortalmente enfermo de cáncer? Lo que dijo en mensaje grabado para aceptar el Premio Nobel de Literatura 2005 fue de una tremenda lucidez. Su discurso fue de tanta brutalidad, que muchos grandes diarios del mundo, incluyendo la gran prensa norteamericana, reseñaron el evento pero ocultaron las palabras del dramaturgo.

15 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

“No hay distinciones tajantes entre lo real y lo irreal, entre lo verdadero y lo falso”, empezó diciendo Harold Pinter. Habló de sus piezas teatrales y del oficio del escritor; habló de la mentira y la verdad, de la ambigüedad del lenguaje en manos del escritor. Pero la bomba de tiempo seguía sin activar. ¿No es acaso la verdad la primera víctima de las guerras? Pinter habló de la verdad: “El lenguaje político, como lo emplean los políticos, no se aventura jamás por esta clase de terrenos, puesto que la mayoría de los políticos, si confiamos en las informaciones que poseemos, no se interesan en la verdad, sino en el poder y en la conservación de ese poder.” Repitió lo que todos sabemos: que la invasión de Irak por tropas estadounidenses y aliadas estuvo justificada por una sarta de mentiras, precedidas por una fastuosa propaganda mediática.

“La verdad es totalmente diferente. La verdad está ligada a la manera como Estados Unidos entienden su papel en el mundo y a la manera como eligen encarnarlo”.

¿Pinter, comunista? No, hablaba el heredero de los “jóvenes airados” de los 50 y 60, un socialista radical que condenaba también el terror del gulag soviético y la represión contra toda disidencia, un hombre que olvidó maquillar sus palabras para ofrecernos el rostro adusto de la política exterior norteamericana a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI.

Invasiones, terrorismo de Estado, acciones encubiertas para tumbar gobiernos legítimos; apoyo a dictadores para “frenar” el avance del comunismo, que ha desaparecido para dar paso a la “amenaza terrorista”.

Pinter, enfermo de cáncer, dijo mucho más. “Los crímenes cometidos por Estados Unidos han sido sistemáticos, constantes, violentos, despiadados, pero poca gente ha hablado de ellos.” Eficiente y silenciosa, la tortura se ha convertido también en método de “disuasión”. ¿Leyeron ustedes el editorial de EL TIEMPO del pasado lunes? Pinter, ¿aliado de “las fuerzas del mal”? No, un hombre justo que, al advertirnos sobre la dificultad de encontrar la verdad en las obras literarias, la encontró en la obscena vulgaridad de la política exterior norteamericana. La propaganda es el ruido de la falsedad, nos dijo entre líneas. Debió de haber pensado en Goebbels y en Clausewitz, pero también en Bush y sus ‘halcones’ de la Casa Blanca.

¿Sabían ustedes que “Estados Unidos ocupa hoy 702 instalaciones militares en 132 países del mundo entero, con la honrosa excepción de Suecia, por supuesto”? ¿Sabían que “Estados Unidos está en posesión de 8.000 ojivas nucleares activas y operacionales” y que “2.000 están en alerta máxima, listas a ser lanzadas”? Pinter, a unos pocos pasos de la muerte, lo ha recordado con la grandeza de la dignidad intelectual.

Si lo sabían, recuérdenlo. Pero recuerden también el vergonzoso silencio de los aliados de Estados Unidos, cercanos a nosotros, tan cercanos que aspiran a ser reelegidos sin haber aceptado que mintieron y justificaron “por un puñado de dólares”, destinados a la guerra local, la barbaridad de la “guerra preventiva” global.

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