La rebeldía de un sacerdote casado

La rebeldía de un sacerdote casado

Recién cumplidos los 37 años, Hugo Aceros Cáceres pasaba sus días como párroco del caserío Río Frío, corregimiento de Ciénaga (Magdalena). Era 1969.

15 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Nacido en Floridablanca (Santander), había llegado allí por mandato de la Diócesis de Santa Marta, donde se ordenó sacerdote en 1960.

Sus labores avanzaban cotidianas, en medio de la soledad, en un pueblo ajeno al suyo. Un día –dice– la sensatez tocó a su puerta. En un viaje a Barranquilla se encontró con un sacerdote de apellido Fontalvo, que pasaba sus últimos días abandonado en un asilo.

Fue como verse en el espejo del futuro, dice Aceros. “¿Es eso lo que me espera?”, se preguntó y con los días se le fue convirtiendo en afirmación.

Fue así, por miedo a la soledad, que el padre Aceros decidió que se casaría.

Su esposa se llama Leonor y era su alumna en una nocturna de Bucaramanga, a donde fue enviado a dictar clases de religión.

Antes de comenzar el noviazgo pidió a la Iglesia la reducción al estado laical, que sólo concede el Papa y exime de las funciones sacerdotales a curas que se quieran casar, sin dejar de considerarlos católicos. El permiso le fue otorgado, pero no resultó fácil.

Aceros recuerda que en ese entonces (comienzos de los 70) era “muy grave” que un sacerdote abandonara los hábitos por una mujer. “Sentí presión y un mal ambiente de todos lados, especialmente de la Iglesia”, cuenta él, quien hoy, a los 73 años, celebra la Navidad en su casa del barrio La Troncal, en Cartagena, en compañía de Leonor, sus tres hijos y dos nietos.

La Iglesia aceptó casarlos en secreto y a condición de que se fueran a vivir lejos de donde él había ejercido su corto ministerio. Se fueron a El Carmen de Bolívar, a donde llegó como promotor de organizaciones campesinas del Ministerio de Agricultura.

‘Sigo siendo cura’ El matrimonio no desvinculó a Aceros de su misión. En El Carmen y Cartagena, a donde llegó a mediados de los 70, continúo ejerciendo labores sacerdotales, como ser guía espiritual en la comunidad y oficiar misa en privado.

Cuando conoció al sacerdote argentino Jerónimo Podestá, defensor del derecho de los curas a casarse y quien hasta su muerte presidió junto con su esposa la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados, decidió tomar las banderas contra el celibato y en 1993 fundó la Asociación de Sacerdotes Católicos Colombianos Casados (Sacercol), afiliada a la Federación.

Inició con 85 curas y sus esposas como miembros. Desde entonces, la lucha ha sido una: que la Iglesia ponga fin al celibato como requisito para ser sacerdote. Dice que las muchas peticiones que hizo al Vaticano nunca fueron contestadas por Juan Pablo II y que la batalla con Benedicto XVI está perdida.

“¿Quién es el dueño de la Iglesia, el Papa o Dios? El Todopoderoso me bautizó como sacerdote, por eso nunca dejaré de serlo. Aunque me haya casado, mi condición de cura no me la quita nadie”, dice Aceros en tono vehemente.

NO CAMBIARÁ “Desconozco la existencia de la Asociación de Sacerdotes Casados, pero estoy seguro de que la norma del celibato en los sacerdotes católicos es una tradición de siglos que tiene la Santa Sede y que no va a cambiar”.

Jorge Enrique Jiménez , arzobispo de Cartagena

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.