BATALLA CONTRA LA INFLACIÓN

BATALLA CONTRA LA INFLACIÓN

A la eminente junta directiva del Banco de la República debe darle grima observar la forma como se ha venido enredando la economía colombiana en los aspectos de su jurisdicción. En el informe oficial del 31 de octubre se registra el incremento de los medios de pago a razón de 34.4 por ciento anual, superior al que moviera a declararle la guerra a la inflación y a utilizar las más diversas armas disuasivas y represivas. Sin vacilaciones se resolvió pagar el oneroso precio de detener abruptamente el crecimiento económico, pero no se logró la ansiada meta monetaria, ni la recesión así provocada compensó sus rigores mitigando el costo de la vida. Por diversos conductos fue precipitándose un alud de ingresos externos, que en principio se creyó conveniente. Poco después, al ver sus consecuencias inflacionarias, se quiso contenerlo, aun a costa de estrangular las exportaciones, factor al cual se había responsabilizado del dinamismo del país en su proceso de apertura e internacionalización.

07 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

A la luz del nuevo régimen cambiario, no era imprevisible la tendencia a aprovecharlo para lavar dineros obtenidos en actividades condenadas y perseguidas por la comunidad internacional. A ello se agregó el incentivo a los capitales especulativos para acogerse al pinge beneficio de unas desorbitadas tasas de interés. El resultado ha sido el superávit cambiario de dos mil trescientos millones de dólares y la acumulación de reservas internacionales por valor de dos mil ciento cincuenta y nueve millones para escalar la altura de seis mil setecientos millones de dólares, con perspectivas de arribar muy pronto a la cima de siete mil millones.

Por concepto de servicios (la famosa ventanilla de este nombre), los ingresos acusan aumentos de cerca de mil millones de dólares. Es el cauce predilecto de los dineros especulativos y de los habidos en operaciones ilícitas. Sin embargo, no es el único, pues también se camuflan en la sobrefacturación de exportaciones y en la subfacturación de importaciones, unas y otras por cifras superiores o inferiores a la verdad de las transacciones comerciales. De consiguiente, su incremento de ochocientos millones de dólares no refleja circunstancias sanas.

En su exacta condición es menester contemplarlas, absteniéndose de aplicar a todas el mismo rasero, sin distinguir entre las auténticas y las irregulares. Se ha hecho lo contrario. En efecto, ha predominado el criterio de castigar a las exportaciones como el gran culpable del actual desorden monetario, a sabiendas de que en esta forma se agravarán las consecuencias de la ola de estancamiento.

Expertos como son los arcontes del Banco de la República, no les costará trabajo descubrir que, antes de estas medidas heroicas, se obró principalmente sobre los síntomas y no sobre las causas de la dolencia. Se recogió circulante con las costosísimas Operaciones de Mercado Abierto y con los varios mecanismos de encaje, pero las inmpetuosas entradas contrarrestaron de sobra las succiones masivas. Hasta el extremo de regresar al punto de partida, tras el esfuerzo de alejarse de él, poniendo de por medio tierras y mares. No es argumento convincente para buscar una estrategia más realista, imaginativa y eficaz? Desaliento de laproducción nacional Una buena batalla contra la inflación supone el estímulo a los sectores productivos. La experiencia ha demostrado la necesidad de expandir la disponibilidad de bienes de consumo popular, que además lleva a crear empleo y, por tanto, a movilizar los recursos humanos y materiales.

El crédito, selectivamente orientado, es una de las herramientas propicias, tanto más donde hay escasez y concentración de capitales. No obstante, en lugar de preocuparse por su provisión adecuada y su racionalización, se le ha restringido con severidad implacable para todo género de operaciones. Así lo demuestra su pobre crecimiento, apenas del seis por ciento en lo corrido del año, cuando debiera haber sido, por su monto y destino, garantía de la empresa del desarrolo nacional. Su astringencia general e indiscriminada ha corrido parejas con su desalentadora carestía. Cómo endeudarse, en condiciones gravosísimas, para empeños lícitos y constructivos? Desde luego, corriendo el riesgo de la insolvencia súbita, siempre a la vuelta de la esquina.

En esta materia, hay una diferencia conceptual de mucha monta. La de confiar a la importación el encargo de surtir de productos básicos y también suntuarios el mercado, sin tener en cuenta la producción nacional, sus inmensas posibilidades y sus ventajas sociales. De ordinario, sus sectores agrícolas responden, en términos de abundancia, a los apoyos que reciben. Pero la idea predominante parece ser la de esperar que del extranjero se abastezcan nuestros consumos y que la mano de obra colombiana tome otros rumbos. El de las exportaciones? Ya hemos visto cómo se le obstruye y sanciona.

La falta de todo sentido de selectividad se puso igualmente de relieve en la inclinación a sustituir aranceles por devaluación, días antes de reemplazarla por el polo opuesto de la revaluación. No era lo mismo en cuanto afectaba todo por igual. Pero se le ensayó fugazmente, con el mismo enfoque que ha conducido al racionamiento generalizado del crédito y al alza sin freno de las tasas de interés. No ahogarse enla abundancia El examen desprevenido de los datos oficiales incita a proseguir la cruzada contra la inflación, consultando sus orígenes y enderezando la estrategia a neutralizarlos. Se dirá que es precisamente el propósito de la revaluación, disfrazada en el mecanismo de los certificados de cambio. El error ha consistido en atribuir a las exportaciones reales la causa del problema. No lo son. Y tan erróneo es golpearlas como consagrarse a recoger circulante a la loca, dejando vivas las fuentes de donde dimanan sus excesos.

Las gentes se preguntan cómo es posible ahogarse en la abundancia y, en el afán de combatirla, anular tantos elementos y situaciones favorables como existen. Lo indicado sería cerrar la puerta a sus expresiones indeseables y encauzar aquellas francamente benéficas. Sacar buen partido del nivel excepcional de reservas monetarias internacionales. No aferrarse a estrategias dogmáticas, sino flexibilizarlas y hacerlas más selectivas y justas. Actuar sobre los inocultables factores inerciales que retroalimentan la inflación. Y no sacrificar sino impulsar la producción nacional, la destinada al comercio exterior como la que surte el mercado propio. Bloquear la hipertrofia monetaria y orientar los recursos a la rehabilitación del desarrollo.

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