TEATRO TRAS LAS REJAS

TEATRO TRAS LAS REJAS

- Jorge Gil dirige obras en las cárceles Desde hace 16 años los brazos de Jorge Armando Gil han estado llenos de sellos que registran sus continuas entradas a las cárceles bogotanas. A la Picota, la Modelo, el Buen Pastor, la Distrital.

13 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Y ninguno de esos ingresos tiene que ver con haber infringido alguna ley; tampoco con haber ido de visita.

Desde hace 16 años, Jorge Armando trabaja como profesor de teatro en estos centros penitenciarios. Dicta clases y hace montajes de obras en las que presos y presas son actores principales.

No esperaba dedicarse a esto, confiesa Gil; menos si se tiene en cuenta que al comienzo de su carrera formó parte de grupos de teatro como el TPB. Pero el azar, dice, lo condujo a trabajar allí y con el paso del tiempo acepta que no sería fácil encontrar otra actividad que le hubiese dejado más satisfacciones.

Con toda esta experiencia en la cabeza, Gil decidió hacer un libro. Acaba de publicar Para el arte no hay prisión, editado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, entidad con la que ha trabajado durante estos años y que ha coordinado su presencia en las penitenciarias.

El comienzo fue difícil. Gil estaba entrando en un mundo que desconocía y que no lo recibió de forma nada cordial. “El primer día sentí un miedo grande. No había ido a una cárcel ni de visita”, dice. De hecho iba ese día primero con el propósito de encontrar una razón para no volver. Pero lo que encontró fue un grupo de personas para quienes su trabajo allí, su presencia, era importante.

Tuvo que acoplarse poco a poco a que sus alumnos no fueran actores profesionales sino reos que, por una u otra razón, estaban tras las rejas.

“A pesar de esto, decidí exigirles de la misma forma que a cualquier actor profesional; y creo que durante estos años hemos realizado trabajos muy buenos”, dice Gil.

Más que un balance de trabajo, su libro es la suma de las anécdotas cotidianas que ha vivido en cada una de las cárceles. A una tuvo que dejar de ir por amenazas contra su vida; en otra se acabó el grupo de teatro por cuenta de la fuga de un preso (mientras actuaba en una función); en todas han vivido él y sus actores la alegría de los aplausos. Alegría de personas que encuentran en el arte, en el teatro, una vía para sentirse libres de nuevo

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