Una ley desafortunada

Una ley desafortunada

Mañana debe someterse a su última votación en la Cámara el proyecto de ley 264 del 2004, o Ley Forestal. Para el país, para el medio ambiente y para el Congreso, lo mejor es que la iniciativa se hunda. La ley ha sido objeto de un largo y tortuoso debate, durante el cual, y especialmente en su fase final, al Gobierno, pese a su extraordinario empeño, le ha quedado difícil conseguir las mayorías y se han generado serias dudas de trámite. Y no son las únicas que rodean el proyecto.

12 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Desde estas columnas, pedimos hace dos meses llamar las cosas por su nombre: se trata de una ley de fomento de la explotación maderera, no de una ley de bosques, ni de una ley general forestal, aunque legisla sobre bosques. Las comunidades indígenas y negras, que poseen la mayor parte del bosque natural del país, no fueron debidamente consultadas, como lo ordena la ley. Apenas se hicieron unos foros, buena parte de cuyas recomendaciones no se acogieron. Se crea la figura de ‘vuelo forestal’, que separa el suelo de los árboles y demás elementos que están sobre la tierra, abriendo la posibilidad de nuevas formas de explotación. Se da a agrónomos empleados por las compañías madereras la potestad de ‘supervisar’ el aprovechamiento comercial de bosques por parte de estas mismas compañías. Se ha dicho que la ley abre la puerta a una explotación del bosque por parte de empresas multinacionales. La ley tiene un largo etcétera.

En consecuencia, al igual que varios ex ministros del Medio Ambiente, propusimos que si lo que se quiere es fomentar la actividad forestal comercial –iniciativa urgente en un país como el nuestro, con amplia vocación en ese campo–, debía despojarse la ley de los artículos sobre el bosque y aprobarla, mejorando algunos temas, como lo que es: una ley maderera.

Eso no se hizo, y ya se votaron numerosos artículos. Ahora, cuando el Gobierno intenta someter los restantes a aprobación en la Cámara, ya no hay tiempo para separar la paja del trigo. Por ello, lo más atinado es que el proyecto se archive y, en la nueva legislatura, se discuta una ley sobre el fomento de la actividad forestal y maderera.

Despierta sospechas el especial interés del Gobierno en este proyecto, cuyo trámite ha ‘trancado’ el de otras iniciativas bastante más importantes. Pero debería, por una vez, escuchar a los múltiples críticos.

En un área en la que no se ha distinguido precisamente por las mejores políticas, como es el medio ambiente, y en particular tratándose de un patrimonio único y precioso como los bosques naturales, el país y las generaciones futuras le agradecerían si, mañana, no insiste en su aprobación.

editorial@eltiempo.com.co

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