“Me gusta revolcar la tierra en el jardín”

“Me gusta revolcar la tierra en el jardín”

Edgar Nieto, ex Contador General de la Nación y uno de los más reconocidos expertos en la contabilidad pública, trabajaba en una oficina del Banco Popular en el centro de Bogotá, pero su ambición juvenil era estudiar Agronomía, en la Universidad Nacional.

10 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Obtuvo el permiso en el Banco para presentar el examen, pero tuvo la “gran idea” de ir a la oficina al mediodía y no pudo regresar a las pruebas de admisión en la tarde. Alguien le dijo que si trabajaba en contabilidad debia estudiar Contaduría. Y así lo hizo.

Pero con el paso del tiempo, decidió buscar la manera de suplir la frustración y estar en contacto con la tierra.

“Decir que soy un jardinero profesional es pretencioso. Me gusta sembrar y cuidar las maticas del jardín de mi casa. Y en eso he tenido la complicidad y colaboración de Cris, mi señora, que también tiene la afición, no sé si por complacerme o porque realmente le gusta. Creo que lo último, porque ya llevamos mucho tiempo en lo mismo”.

“Me gusta meter la mano en la tierra del jardín, sin guantes. Siento una sensación de tranquilidad al revolcarla y abonarla en forma manual. Admiro el proceso de crecimiento de las maticas y luego, cuando florecen, siento una gran alegría. No sé si tiene algo que ver con vidas pasadas, quién sabe que habré sido antes”.

Nieto tiene todos los instrumentos para la jardinería y conoce como pocos la tierra que se utiliza para el jardín.

Pero además de las matas que florecen, también siembra plantas medicinales: yerbabuena, tomillo, laurel, manzanilla y menta, que usa para las aromáticas caseras. Y además, tiene libros sobre el tema.

Por las épocas de invierno, como la que acaba de pasar, le preocupa la proliferación de babosas, esos pequeños bichos de aspecto poco agradable, que según él le hacen mucho daño al jardín.

Su sueño: un jardín de flores y matas medicinales en su parcela de Ubaté, al que le pueda dedicar todo su tiempo.

- 'El trencito es un lugar común de un fiesta': De la sala al comedor, luego a la cocina, se sube por las escaleras y se regresa, se entra al estudio y luego, si es posible, se pasa al antejardín y luego se regresa a la sala. Las veces que sea, durante los tres o cuatro minutros que dura la canción.

Es el recorrido del famoso “trencito”, una práctica que se usa en muchas fiestas bailables colombianas, al son de una alegre pieza. No importa el estrato social, pero sí es una constante cuando los asistentes tienen ya unos tragos en la cabeza que los pone alegres.

En no pocas oportunidades ha dado para discusiones y reclamos acalorados por empujones y porque se quiere meter a todos en esa práctica.

No es que sea un gran bailarín, como para ganarse un concurso, pero el consenso general entre sus amigos es que se mueve bien. Especialmente en la salsa y le gusta parrandear.

Pero como todo en su vida, Juan Alfredo Pinto Saavedra, presidente de Acopi y ex viceministro de Desarrollo, le gusta hacer las cosas bien, sin perder el humor. Además, se concentra en el trabajo para al final tener un resultado.

“Algo que me indispone y en esos términos en cierto sentido odio, es que en una reunión a la gente se le de por hacer el famoso “trencito” cuando se está bailando y querer meter a todo el mundo en ese jueguito sin gracia alguna”.

¿Por qué? “Sencillamente porque me parece ridículo. Creo que es un lugar común de la fiesta promedio colombiana...nada gracioso”.

¿Y qué tiene de ridículo? “El trencito nunca se hace al comienzo de la fiesta, sino cuando ya la gente está en los dos tercios de la borrachera. Me parece de bajo nivel.

“No me siento a gusto cuando tratan de homogenizarlo a uno en nombre de la alegría”.

Como no le agrada, sencillallamente deja que pase la “ola” de “borrachos dos tercios” y que la fiesta continúe, pero en varias ocasiones ha estado a punto de irse a casa, en particular cuando la práctica de tomarse de la cintura por detrás se vuelve recurrente en la misma fiesta.

- Polo a Tierra: Me gusta revolcar la tiera del jardín...a lo mejor es por mi frustación de no haber sido agrónomo como era la intención de joven, o no se si tiene que ver con vidas pasadas. “.

-El parrandero: No me siento a gusto cuando tratan de homogenizarlo a uno en nombre de la alegría. El trencito es un lugar común en la fiesta promedio colombiana, que me parece ridícula”.

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