Cambio extremo en fin de año

Cambio extremo en fin de año

10 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

- EL GALÁN.

La pose lo delata. El pulgar de la mano en la que tiene el cigarrillo está enganchado en el bolsillo del pantalón; y en la otra sostiene un vaso de whisky, aguardiente o cualquiera de los tragos que estén sirviendo.

Recostado en una pared, y con la cabeza un tanto inclinada, el señor pone su radar a funcionar y comienza la cacería: cualquier mujer en 50 metros a la redonda corre el riesgo de soportar sus embates de seducción, mientras que aumentan las posibilidades de que él termine enmarañado en las mismas redes con las que piensa atrapar a su víctima.

Es el ‘James Bond’ de la fiesta, y actúa como si secretarias, compañeras de trabajo y hasta la jefe estuvieran locas por él. Cree que Rey Ruiz es un aprendiz bailarín de salsa a su lado, está convencido de que sus movimientos son armas contundentes ante las que el género femenino no ha inventado defensa alguna. Hace gala de pasos de reguetón como ‘el latigazo’, ‘el perreo’ y el ‘hasta abajo’. Con la corbata sutilmente desajustada y la camisa por fuera, pretende mostrar que la historia de la rumba se divide en antes y después de él.

“¡Qué buen foforro!”, exclama, lanzando sus palabras como una carnada, al paso de las damas. Piensa que solo unos segundos de su ‘labia’ bastarán para que al menos una de ellas caiga rendida a sus pies. Y lo peor es que, de tanto intentarlo, no falta la que le hace caso. Una variación del galán es la del personaje al que, con unos tragos, ‘se le moja la canoa’ y comienza a caerles a sus compañeros hombres.

- COQUETA IRRESISTIBLE .

La disminución en el tamaño de la ombliguera es inversamente proporcional al aumento de los encantos con los que esta ‘gatúbela’ de las parrandas laborales planea convertirse en la mujer más irresistible de la noche.

Atrás quedaron los sobrios sastres y las pintas recatadas con que va a trabajar todos los días. Llegó diciembre y es hora de desinhibirse y sacar a relucir su otro yo, ese que le ‘tiene ganas’ a su compañero de puesto.

“Esta vez no se me escapa”, dice para sí, y maldice el momento en el que hace un año, en la misma fiesta de la empresa, el hombre no le paró bolas y terminó yéndose de la rumba con ‘esa buscona’ de otra oficina.

Por eso, enfundadada en unos apretadísimos jeans y un top que escasamente le permite respirar, se lanza a la conquista del personaje al que hace tiempo le echó el ojo. Ahora, con el convencimiento de haber aprendido la lección, sabe que tiene que atacar primero.

“Me llamas poderosamente la atención”, le dice en voz baja y aguardientosa al dueño de sus desvelos, a quien empieza a bailarle apretado y con el que no pierde ocasión de hacer el famoso trencito porque “entre más pegado, mejor”.

- LOS SINDICALISTAS.

“Lleva un sindicalista en tu corazón”. Ese es el lema que muchos empleados tienen tatuado en su ser y que no comentan cuando están sobrios, solo con la ayuda de algunos aguardientes lo sacan a flote y en el momento menos pensado (o en el más rumbeado).

Como aquel que después de algunas horas de haber sido el alma en la organización de los arreglos navideños en su área de trabajo, con la valentía de los tragos se para encima del escritorio para insultar a los dueños de la empresa, a su jefe y a sus compañeros de trabajo.

A unos los acusa de dar malas condiciones laborales a los empleados, de abusar y de exigirles más de lo que ellos mismos están en capacidad de dar.

Y a los otros los tacha de sumisos y falta de pantalones para exigir mejores tratos.

Y eso que minutos antes había empalagando los oídos del jefe contándole cómo el año que viene haría proyectos maravillosos y se pondría “la camiseta de la empresa”.

Incluso había declarado su amistad eterna a ese compañero de trabajo que nunca determina.

Así, su supuesta entrega a la empresa quedó a un lado... y su empleo también. A recoger la liquidación...

- LOS MALOS TRAGOS .

Una de las ventajas para algunas personas, y que termina siendo una muy mala cosa para otras, es el hecho de que en este tipo de reuniones de confraternidad laboral la provisión de alcohol es gratis y, muchas veces, ilimitada.

El panorama es peor aún si a este libre fluir etílico se le agregan las viandas propias de la época, como los buñuelos, la natilla y las infaltables picadas grasosas con morcilla, chorizo y papa criolla incluidos.

Esta combinación puede resultar letal para algunos estómagos que no estén acostumbrados a una avalancha tan variada de alimentos, ante la cual es posible que sucumban y dejen muestra de ese desastroso hecho.

Usualmente son esos empleados juiciosos, responsables y cumplidores que, por darle gusto al jefe, tratan de integrarse al grupo, o justamente debido a la frustración que les produce su situación laboral, en diciembre se pasan de tragos.

Incluso, en ocasiones terminan en el piso (a veces ni siquiera alcanzan a llegar al baño), haciendo allí uno de sus más inolvidables aportes a la compañía.

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