Muerte en el aeropuerto

Muerte en el aeropuerto

(EDICIÓN BOGOTÁ) (EDITORIAL DIARIO) La muerte de Rigoberto Alpízar, el pasajero de American Airlines abatido a bala el jueves en el aeropuerto de Miami por dos agentes federales de Estados Unidos, plantea serios interrogantes sobre la forma en que las autoridades de ese país conciben la seguridad aérea y la política que han adoptado para preservarla.

10 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

El dramático final de Alpízar, muerto en circunstancias aún no plenamente aclaradas, es el primer caso de un pasajero ‘pasado por las armas’ por los servicios de seguridad estadounidenses desde los ataques terroristas del 11 de septiembre a Nueva York y Washington. Pero ya empieza a parecerse al de Jean Charles de Menezes, el brasileño de 27 años muerto el 22 de julio pasado por la policía británica en el metro de Londres.

Como ocurrió con Menezes, a quien la policía londinense señaló como un kamikaze terrorista después de abatirlo con cinco disparos a la cabeza, la policía de Miami y las autoridades federales estadounidenses –incluyendo al vocero de la Casa Blanca– se apresuraron a justificar la acción de los agentes con la afirmación de que Alpízar había dicho que portaba una bomba e ignorado las órdenes que aquellos le dieron de rendirse. Y así como la versión inicial de Scotland Yard se derrumbó tras la investigación de una comisión independiente, cuyas conclusiones llevarán a enjuiciar a los policías que mataron a Menezes, el drama de Miami no ocurrió, al parecer, como los agentes lo relataron.

Los testimonios de los pasajeros que estaban cerca de Alpízar antes del incidente indican que aquel no mencionó la palabra ‘bomba’ ni formuló amenaza alguna. Según ellos, el pasajero estaba nervioso desde antes de abordar el avión y en un rapto de agitación abandonó su silla y corrió hacia la salida, cuando la puerta aún estaba abierta. Fue entonces cuando los agentes lo persiguieron y le dispararon, en un episodio que según el jefe de la policía de Miami, Willie Marshall, “duró menos de un minuto”.

Después se comprobó que Alpízar no llevaba ningún elemento peligroso, lo que era de suponer después de haber pasado los controles del aeropuerto. No se evitó un acto terrorista; se puso fin a una vida en una forma irrazonable, por decir lo menos. Y aún peor, se prejuzgó a la víctima antes de investigar el hecho. Ominoso precedente sobre lo que puede esperar a quien, por alguna apariencia, sea visto como enemigo por el ‘gran hermano’ que vigila los aeropuertos de la superpotencia.

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