Rincón y su danza en el lodo

Rincón y su danza en el lodo

En el esperado mano a mano de ayer en la plaza de Santamaría entre César Rincón y Julián López, ‘El Juli’, no hubo la anhelada lluvia de orejas. En cambio sí, casi toda la tarde, la celestial.

09 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Rincón, que cortó dos orejas después de una emocionante faena, vistió un traje salmón y oro. ‘El Juli’, que cortó una, un nazareno y oro. Y la plaza, llena hasta los balcones, vestía de fiesta, de toros. Y de paraguas y chubasqueros. Llovía y llovía.

Se lidió un encierro de la ganadería de Ambaló, encaste Jandilla. De fina estampa, bajitos, de buena cornamenta y con un promedio de peso de 480 kilos. Pero en toros de lidia la pinta no es todo. Y estos, excepto dos, venían bajitos también de casta. Ellos, de tierra caliente, se negaron a embestir bajo la lluvia.

César Rincón iba en blanco tras sus dos primeros toros. Y con la bronca atragantada. El que abrió plaza apenas se dejó pegar unas bonitas verónicas y después, en los medios, por esas cosas de Rincón, dos sorprendentes tandas de naturales. Luego el toro quería buscar la puerta y regresar al Cauca. No valieron la técnica y el esfuerzo. Tuvo que matarlo de estocada y descabello. Su segundo, brindado al ganadero Carlos Barbero, no transmitía.

Rincón lo intentó todo. De largo, a media altura, en corto, dejándole la muleta en la cara. Nada. Al torito se le había olvidado traer casta. Mató de pinchazo y estocada. Y llovía y llovía.

El valor, el conocimiento, la garra de Rincón salieron en el quinto de la tarde, para escenificar una danza con lodo. Y con un toro bravo. Pegó cinco verónicas a pies juntos, ceñidas y lentas. Comenzó luego con escalofriantes muletazos sentado en el estribo, mientras el toro chispeaba barro por todo lado. Ya en los medios le sacudió el frío a la gente, con un toreo con arte, con verdad, temple y lentitud sobre ambas manos. Quieto él mientras el toro iba y venía embebido en la poderosa y baja muleta, que le señalaba el camino. En un momento dejó las zapatillas que después casi tienen que llevar gancho para desenterrarlas. Ejecutó el toreo de verdad, el que lo ha hecho grande. Y mató en la suerte de recibir, de un espadazo hasta la bola para cortar las dos orejas, e irse en hombros por la puerta grande.

‘El Juli’ estuvo bien, pero tampoco tuvo toros. Dejó esas chicuelas y esos pellizcos con la capa, que a veces desmaya tan suave, como dejando una flor.

Su primer toro, entre noblote y soso, no repetía. A base de voluntad y de estarle en la cara, logró arrancar algunos pases y un pasodoble. Porfió y porfió y como mató de una estocada de perfecta ejecución, cortó una oreja.

En su segundo, negro cornalón, lució en un quite por chicuelinas, pero en la muleta el manso no embestía. Como si fuera político liberal, más bien quería lanzar, a base de cabezazos, el trapo rojo al séptima. Tuvo que matarlo de estocada y descabello.

No quería dejar ir solo a Rincón por la puerta grande y salió a jugársela en los medios en el último, un bonito castaño careto, que pasó muchas veces por la muleta, pero siempre de afán, con la cara alta. Y eso no emociona a un público empapado. Mató bien, pero no alcanzó la cuota para la oreja. Y llovía y llovía.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.