Microeconomía y competitividad

Microeconomía y competitividad

Una vez más nos congregamos en esta ceremonia anual en la que PORTAFOLIO reconoce a las empresas y empresarios más destacados de Colombia. Nuestro propósito es exaltar los valores y las prácticas de quienes han sobresalido por la excelencia de sus gestiones en diversos campos de la economía y los negocios. Para que de esta manera sirvan de ejemplo al resto de los colombianos.

08 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Antes de dar comienzo a la premiación, quiero compartir con ustedes unas breves reflexiones sobre la situación y perspectivas de la economía nacional.

En el 2005 la economía ha mejorado considerablemente. El crecimiento del PIB será superior al 4,5 por ciento -el ritmo más elevado de los últimos 9 años, el desempleo sigue cediendo terreno, la inflación está bajo control, el costo del dinero puede y debe bajar más pero disminuyó este año, cayó la deuda externa -como porcentaje del PIB y en términos absolutos, la inversión tiene una dinámica que no se veía desde hace varios lustros, la demanda muestra gran vigor, y se han recuperado significativamente los precios de los activos bursátiles y de la finca raíz. Gracias a la fructífera labor de la administración Uribe en materia de seguridad democrática y de reactivación de la economía, se ha recuperado la confianza -condición esencial para que continúe el progreso económico y social de Colombia.

Sin embargo, el Gobierno aún tiene tareas pendientes por completar -la reducción del déficit fiscal del Gobierno Central, la implantación de una reforma tributaria estructural, una nueva reducción de la bomba pensional y ulteriores avances en la racionalización y modernización del aparato estatal. Confiamos en que las autoridades respectivas continuarán tomando las decisiones necesarias para facilitar que la economía crezca a tasas elevadas y sostenidas y poder así generar los cuantiosos recursos para hacer la inversión social masiva requerida para sacar a millones de compatriotas de la miseria y la pobreza.

Para impulsar dicho crecimiento hemos sido -y somos- partidarios de la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Después de analizar con mucho cuidado y profundidad, estamos convencidos de que el TLC no es la panacea para todos nuestros males, pero sí es una herramienta útil para la generación de puestos de trabajo, y la consecución de divisas para pagar las importaciones y la deuda externa. Además, será un importante incentivo para la creación y expansión empresarial -que aportará impuestos adicionales para sanear las cuentas públicas y financiar el gasto social. Por supuesto esto será posible sólo si se logra un acuerdo favorable a los intereses colectivos nacionales. La negociación ha sido difícil -más de lo que se anticipaba- pero confiamos en que pronto se llegará a un pacto satisfactorio.

Para poder aprovechar las oportunidades que brindará el TLC, y para defenderse de los riesgos que implicará, quiero aprovechar esta ocasión para hacerle eco a las palabras del experto mundial en competitividad, el profesor de Harvard Michael Porter. Hace ya un par de décadas el gurú hizo un trascendental planteamiento, que repitió hace poco en Cartagena: “La estabilidad macroeconómica, la democracia y el imperio de la ley son condiciones necesarias pero no suficientes para elevar la competitividad de un país. Dicha capacidad para competir se construye primordialmente a nivel microeconómico, es decir, en las empresas”.

Traigo a colación este valioso concepto porque luego de estudiar a diario -desde hace más de doce años cuando se creó PORTAFOLIO- las fortalezas y las debilidades de las empresas colombianas, pienso que el sector privado, a pesar de grandes avances en tiempos recientes en la calidad de sus gestiones, también tiene tareas pendientes por resolver. En concreto y con ánimo constructivo, creo que a buena parte de las empresas nacionales les falta actualización gerencial, que es insuficiente la sofisticación de su pensamiento estratégico, que su estructura y administración financiera es obsoleta, que falta mucho por aprender en materia de comercialización internacional, y que sus organizaciones y procesos deben rediseñarse en no pocos casos.

“Las empresas son en última instancia las responsables de la competitividad nacional”.

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