CORREO DEL JAPÓN

CORREO DEL JAPÓN

Leer las cartas que llegan, alivia y reconforta porque abren horizontes distintos de los del periódico, que no siempre son muy gratos. Tengo la suerte de recibir casi todas las semanas cartas de amigos que se me habían borrado, o de otros que me surgen donde menos lo esperaba. La de esta semana me viene del Japón, a donde acaba de llegar el hijo de Gonzalo Ariza, pintor como su padre. Me dice: Muy querido y recordado maestro Germán Arciniegas:

01 de agosto 1994 , 12:00 a.m.

Esta carta la comencé a escribir hace seis meses en el Shinkansen, también llamado tren bala, el cual se desplazaba a 300 kilómetros por hora entre la antigua ciudad de Kioto y Tokio, la capital. Distinción que no puede realizar el turista, ya que interminables filas de edificios se yerguen a los lados, en lo que parecería una ciudad sin fin que abarca todo el Japón.

Después de haber estudiado japonés en la Universidad de Lenguas y Estudios de (Osaka Galdai) por seis meses, me trasladé a Hachioji a realizar estudios de postgrado en la técnica de pintura tradicional japonesa (Nihonga) en la muy famosa Universidad de Toma, bajo la dirección de Yasumichi Ichiaka, también famoso pintor.

La pintura japonesa (Nihonga) utiliza pigmentos naturales a base de piedras preciosas o semipreciosas, pinceles hechos a mano y papeles también hechos a mano. Sus temas generalmente están relacionados con el sentimiento generado por la naturaleza, paisaje y figura humana.

Durante este tiempo he tenido oportunidad de visitar numerosos lugares históricos y exposiciones, especialmente en Kioto, Nara, Osaka y Tokio, donde ahora vivo. La sencillez, el esmero estético y refinamiento en el campo artístico contrasta con la agitada vida diaria, la congestión, el ruido, las constantes multitudes en los trenes de lo que podría llamarse una sociedad post moderna. Pues reúne elementos artesanales y casi primitivos con la más moderna tecnología.

Ahora vivo como muchos japoneses, en un apartamento de 2x3 metros a 2 (dos) horas en tren y 20 minutos en bus de mi universidad en el centro de Tokio. Esta es una distancia normal , lo único extraño es que el apartamento posee baño (ducha pero no lavamanos) y cocineta. En Tokio se paga por un apartamento que más parece una caja de fósforos 10.000.000 de pesos iniciales y 1.000.000 de pesos mensuales por el arrendamiento, pero sin baño. Aun en estas condiciones y con largas jornadas de trabajo de una sociedad altamente consumista, las exposiciones y los antiguos templos están siempre llenos de japoneses. Visitar el jardín de piedras Ryoanji, típico de la meditación Zen, o la floración de los cerezos en Tenoji, Todoaji, o tomar una taza de té en el estilo Urasenk, visitando, talvez, la antigua casa del té, construida por Senrykyu o las exposiciones de pinturas de Higashiyama Kaii o Yokoyama Taikan, no dejan de ser eventos apasionantes para un extranjero como yo. Para un habitante en Tokio un día de relax así puede costar más de 1.000 dólares, pero esto no es nada si se sabe, por ejemplo, que la taza donde se tomó el té y que para un colombiano es idéntica a las que se hacen en Ráquira, puede costar más de 10.000 dólares.

Esta mezcla de costumbres hace la vida japonesa extemadamente difícil para el extranjero. Es esta una oportunidad única, es mucho más fácil estudiar en Harvard o Cambridge que en la Universidad de Tama. Una hoja de papel para pintar puede costar más de 300.000 pesos y un pincel más de 100.000; por esto la ayuda del Ministerio de Educación Japonés (mombusho) me ha permitido disfrutar de una extraña y privilegiada oportunidad. Los bogotanos en estos días podrán ver los tesoros de la cultura tradicional japonesa en el Museo Nacional, gracias a la ayuda del Museo Fuji de Tokio.

Me he convertido en un admirador de los hermosos paisajes del pintor Higashiyama Kaii. Pero en lo que más pienso es en las inmensas riquezas del paisaje colombiano. Pienso que a Colombia le faltan cualidades de la cultura japonesa como la honradez y seguridad social de una sociedad igualitaria y con altos niveles de educación y bienestar. Pero, también hay que reconocer que en Japón el individuo no tiene importancia como persona sino como integrante de un conglomerado social. Mi querido maestro Arciniegas, descubrir el Japón que mi papá cuenta y leer su artículo me llevan a seguir soñando como buen idealista en pintar a Colombia, aún sin descubrir. La apertura mental de los suramericanos abiertos a las influencias de Oriente y Occidente nos coloca ciertamente en ventaja; desde aquí creo más que el futuro del mundo está en el Nuevo Mundo que hasta ahora se empieza a construir y que personas como Germán han dado las directrices para edificarlo.

Espero que durante este largo tiempo su salud haya estado bien y que Dios lo conserve tan saludable y lúcido para que celebremos los 1.000 años del descubrimiento.

Siempre recordándolos, espero lo mejor para Aurora y Gabriela, y que ojalá en el largo silencio no se olviden de mí, aquí en Tokio.

Alfonso Ariza

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