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UN DESQUITE A LOS 20 AÑOS

UN DESQUITE A LOS 20 AÑOS

Boris Spassky aprendió primero a jugar ajedrez que a leer y escribir. Ahora, el nombre del reposado y caballeroso ajedrecista soviético ha vuelto al primer plano a raíz del enfrentamiento patrocinado por un empresario yugoslavo, Jezdimir Vasiljevic, para revivir el match que él y Bobby Fischer libraron hace 20 en Reykjavik por el título mundial.

Ahora Spassky es un hombre de 55 años, Fischer tiene 49, y de sus primeras declaraciones se desprende que algo de la rivalidad que vivió y padeció con el excéntrico jugador estadounidense no se ha enfríado mucho.

Lo volveré a poner de donde acaba de emerger recientemente: el pasado , dijo Spassky al llegar a Belgardo para un lance, cuya bolsa es de cinco millones de dólares, 3.5 para el vencedor y el resto para el perdedor.

Hace 20 años, en la capital islandesa, lucharon por los 185 mil que finalmente pagó Reykjavik, aunque en esa oportunidad había algo más en juego que hoy: prestigio, orgullo.

Fischer, con sus rabietas y excesos temperamentales, consiguió desequilibrar a Spassky y le arrebató la corona. Hasta ese ya distante verano de 1972, el par de antagonistas habían jugado tan solo cinco veces. El marcador era favorable al soviético con dos tablas y tres victorias.

El resultado con el que Fischer le arrebató el titulo fue: siete triunfos, tres derrotas, una de ellas, la segunda de las 21 jugadas, porque no se presentó, y once tablas. Eso dejo el tanteador entre Fischer-Spassky en 26 partidas disputadas con siete victorias, seis derrotas y trece empates. Por lo tanto, la ventaja neta de Fischer sobre su archirival es de solo una partida.

Spassky nació (enero 30, 1937) en Leningrado, una ciudad posteriormente destruida por los aviones, los cañones y las tropas de Hitler. Pero el pequeño Boris fue evacuado junto con millares de niños antes de que los nazis entraran a la ciudad.

Solo pudo regresar a su ciudad natal a finales de 1946, en el otoño. E ingresó al Club de Ajedrez de la Casa de los Jóvenes Pioneros, donde el callado y tímido muchacho se limitó al comienzo a mirar y a escuchar.

Un año después ya era campeón de Leningrado, luego obtuvo el campeonato juvenil de la Unión Soviética. A los 11 años era ya cinco veces campeón juvenil de su ciudad y dos veces rey juvenil de su país. En 1959 se coronó por primera vez campeón de la URSS.

En 1969 se coronó campeón mundial, al derrotar a su compatriota Tigran Petrosian en 23 partidas de las cuales ganó seis, hizo tablas en 13 y sufrió cuatro derrotas.

Una estadística que abarca los años comprendidos entre 1953 y 1971 revela que en ese lapso jugó 1.043 partidas de las cuales ganó 442, entabló 525 y perdio tan solo 76. O sea que tenía acumuladoss 967 juegos sin conocer la derrota.

Lo único en común entre Spassky y Fischer hasta cuando se encontraron frente al tablero era que ambos eran de origen judío y que ambos provenían de hogares rotos. Spasky quedó huéfano a los cinco años. El campeón soviético estudió periodismo, pero nunca lo ejerció, aunque después de perder el título y nacionalizarse en Francia, también apeló a este recurso para sacar adelante la vida diaria.

Casado con una hermosa mujer, Larissa, Spassky es un hombre que gustaba de la buena vida. Era elegante, practicaba el tenis y la natación, el patinaje y el esquí sobre nieve. En Reykiaviv fue inmensamente más popular que su verdugo. Y su caballerosidad era muy admirada.

Sus propias palabras, quizas, lo retratan mejor. Esto era lo que decía de Fischer, mientras éste afirmaba que odiaba a los ajedrecistas rusos: Reconozco que Fischer ha hecho mucho por el ajedrez. Si no fuera por él, por sus excentricidades, por su forma maravillosa de jugar, sería muy aburrido el Campeonato Mundial de Ajedrez .

Eso lo decía antes del campeonato, después del mismo comentó: La diferencia que hay entre Fischer y yo es muy sencilla. En primer lugar, debemos reconocer que Fischer es un fenómeno que viene retrasado con respecto a mi. Yo lo fui ya. Fischer tiene la suerte de serlo ahora. En segundo lugar, pertenecemos a dos naturalezas y dos civilizaciones profundamente diversas. Yo tengo junto a mi a mis compañeros, él no. El está solo, desesperadamente y estupendamente solo. Puede convertirse en una montaña o puede desaparecer. Ciertas posturas que lo hacen antipático no son más que una máscara. La soledad, una soledad que no puede confortar ni siquiera su madre, lo atormenta, lo hace creer que todos le son hostiles. Y no es verdad. Somos o debemos ser todos amigos. Conocen el lema de los ejrecistas?: Gens sumus. Fischer, no. No acierta a entrar en el grupo. A pesar de que el grupo sería feliz de acogerlo .

Pero, al final de cuentas, Spassky fue un auténtico campeón, pero tuvo el infortunio de tener que luchar contra un genio como Fischer. Frases de ayer y hoy Bobby Fischer: Soy de una ignorancia soberana. A los once años dejé todo y me puse a jugar contra quien estuviera dispuesto a aceptarme como adversario, cobrando un dólar por partida .

Yo soy un individuo detestable. Mi ideal es el ajedrez y el dinero. Quiero llegar a ser riquísimo. El campeoanto mundial, si es posible, lo pondré en juego todos los años. Quiero acumular millones de dólares para poder jugar tranquilo hasta la muerte .

Cuando esos niños del colegio sean mayores, les enseñaré a jugar ajedrez. Cincuenta hijos, todos campeones, y sin mujer, gracias a Dios. Los grandes campeones del ajedrez no son como los virtuosos del piano y no deberían casarse .

Nosostros jugamos al ajedrez no sólo cuando nos ven en torneos, sino todos los días en casa durante horas y horas. Un entrenamiento continuo, obsesionante. Cuidado con dejarlo solo un día.

Me casaré cuando se case mi amigo y consejero, el padre Lombardy .

Le he traído flores a mi novia húngara , algo que al parecer dijo Fischer al llegar a Belgrado hace menos de un mes.

Boris Spassky: Siento una gran simpatía y estima por Bobby Fischer, como jugador de ajedrez y como personalidad extraordinaria dentro del tranquilo mundo del ajedrez .

Aún no soy el rey del ajedrez. No he perdido el título y todavía pienso defenderlo con uñas y dientes hasta el final frente al norteamericano .

Había jugado anteriormente cuatro o cinco veces contra Fischer y me mantenía imbatido. Lo había vencido en tres oportundiades y empatado en las dos restantes. No veía por qué tenía que romperse esa racha. Pero he visto, desagadablemente sorprendido, que estaba equivocado .

Lo volveré a poner de donde acaba de emerger recientemente: el pasado , dijo Spassky al rotativo Vecernje Novosti al llegar a Belgrado. Estsoy listo. Me cobraré una considerable venganza por la derrota que se produjo en Reykjavik hace 20 años .

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