LA FIEBRE DEL ORO VUELVE A NARIÑO

LA FIEBRE DEL ORO VUELVE A NARIÑO

La fiebre dorada que hace muchos años brilló en los ojos cafés del curtido minero, uno de los 15 mil buscadores de oro del noroccidente nariñense, ha vuelto a centellear últimamente como en sus años mozos. La refresca el murmullo de las aguas de la quebrada Honda, espolvoreadas por las aspas de los molinos que muelen, con un acompasado y lento tac, tac, tac... que retumba en lo profundo del cañón, el mineral arrancado de las entrañas de la montaña a punta de pica y dinamita.

05 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Mecías Arceliano Alvarez, que ha vivido 51 de sus 76 almanaques enterrado entre los socavones auríferos de los municipios La Llanada, Cumbitara y los Andes, observa con cierta incredulidad el ir y venir de los sesenta trabajadores que sudan en torno a la roca gris que cae a las instalaciones de la Nueva Esparta, por aire y tierra, desde diez frentes de trabajo prendidos en la ladera de la vereda Los Guavos, en el municipio de Los Andes.

En esa angosta franja que le robó a la quebrada para instalar el frágil campamento de zinc y guadua yacen parte de sus alegrías y angustias. Aún no olvida la euforia vivida un día de 1973, cuando se aventuró a comprar la Nueva Esparta, con la cual soñó durante los 23 años que se rompió el espinazo en los socavones de otras minas.

Tampoco se han borrado los rastros de la creciente, que en 1985 semidestruyó uno de los molinos y parte de la enramada, y en septiembre pasado se llevó varias toneladas de material listo para moler. Y cómo olvidar que hace dos años estuvo a punto de salir de su mina.

Fueron tiempos difíciles, amigo dice Mecías, mientras se reacomoda el mareado sombrero que al parecer era café. Tan difíciles, que estuve a punto de vender la mina, porque el Gobierno no quiso vendernos más dinamita, debido a los atentados del narcotráfico .

El renacer de la Nueva Esparta, así como de las demás minas de la región, no es casual ni es consecuencia de la aparición de una gran veta maciza.

Es el resultado de las nuevas técnicas e incentivos que empezaron a llegar con el Programa de Fomento a la Pequeña Minería de Metales Preciosos, creado en 1987 por la Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo de Nariño (Corponariño), apoyada por la Deutsche Gesellschaft fr Technische Zusammenarbeit (GTZ) (sociedad alemana de cooperación técnica).

Los objetivos del plan incremento de la producción e índices de recuperación del oro, fomento y financiación de proyectos de exploración y explotación, elaboración de planes de desarrollo para los pequeños mineros, creación de asociaciones, asistencia técnica, jurídica y crediticia; capacitación y transferencia de tecnologías no contaminantes, encaminados a mejorar el nivel de vida de los pequeños mineros, se están cumpliendo con rigor alemán.

La desconfianza con la que los mineros recibieron el equipo de Corponariño-GTZ, hace cuatro años, desapareció con la creación de las cooperativas Las Palmeras y Pequeños Mineros de los Andes, que asocian a unos 600 buscadores; con la electrificación de las minas La Llanada y El Páramo, por un costo de 13 millones de pesos; con la legalización de unas cuarenta minas, esparcidas en 2.500 hectáreas, y con los 120 millones en pequeños créditos para los mineros.

Además, el próximo 9 de noviembre, con motivo del Día del Minero, se inaugurará en Sotomayor la primera fase del Centro Minero de los Andes, que tuvo un costo de 85 millones de pesos. Allí, los pequeños buscadores contarán con laboratorio, una bodega de insumos y un moderno servicio de fundición. Este último les evitará el riesgoso viaje a Medellín, donde algunos mineros han perdido el trabajo de varios meses en diferentes atracos.

Hasta el momento, el mayor logro del programa, calificado por los mineros como el regreso de la fiebre dorada, ha sido el aumento del porcentaje de oro recuperado del material rocoso. De las 22.000 onzas producidas en 1987 se pasó a 32.300 el año pasado. Y la proyección para este año es superior a 36.000 onzas.

Actualmente, según el geólogo Ibrahim Abu-Abed y el ingeniero de minas Fredy Pantoja, integrantes del equipo de la GTZ-Corponariño, se obtiene el 50 por ciento por tonelada, pero la meta es atrapar de 70 a 80 por ciento del metal. Así, el programa emerge como piloto para la pequeña minería colombiana y latinoamericana.

Paralelo al aumento de la recuperación del mineral, al remplazar las bayetas de paño que atrapaban el fino metal por placas de cobre y plata, el equipo científico de Corponariño-GTZ está a punto de terminar un sistema de trampas para controlar la contaminación de los cuerpos de aguas con el mercurio utilizado en el proceso, que representa un gran riesgo para la salud de quienes lo manipulan y absorben.

La eficacia de las nuevas técnicas de recuperación, cuyo objetivo es lograr el máximo de rendimiento con una mínima contaminación, también se refleja en la desaparición de los varequeros.

Hasta hace unos dos años dice Jaime Alvárez Guerrero, copropietario de la Nueva Esparta, cientos de mujeres y niños se volcaban sobre la quebrada Honda en busca del oro que dejaban pasar las bayetas. Ahora son muy pocos los que se arriesgan a bajar por las empinadas paredes de los Guavos y San Francisco .

El propósito inmediato de los mineros, además de mejorar y mantener los avances obtenidos, es crear una tecnología minera en Sotomayor, con la ayuda de la Universidad de Nariño.

De esta forma, las nuevas generaciones tendrán la posibilidad de cambiar las herramientas artesanales por técnicas modernas. Entonces, los 14 nietos de Mecías podrán arrancarle a las descomunales montañas nariñenses, más fácilmente, el dorado con el que soñaron los abuelos. Promonariño abre el camino industrial Túquerres El futuro de los pequeños y medianos industriales nariñenses, amenazados por la falta de estímulos de todo tipo y por el temor de asumir riesgos, parece haber encontrado un aliado en la Promotora de Desarrollo Industrial para Nariño S.A.

Entre los primeros beneficiados de los programas de Promonariño está la pequeña industria Leches Alsacia, situada en la extensa sabana de Túquerres.

En la consolidación de la empresa, que contempla una inversión total de 115 millones de pesos, Promonariño participa con el cuarenta por ciento, así como en la Procesadora de Aves del Sur, entre otras empresas.

La meta de Alsacia, que convierte diariamente 1.200 litros de leche en quesos, yogures y kumis, es procesar 2.500 litros dentro de un año y cinco mil litros en 1995.

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