‘La Iglesia necesita de la muerte’

‘La Iglesia necesita de la muerte’

EDICIÓN BOGOTÁ En su nuevo libro, Las intermitencias de la muerte, el escritor José Saramago explora en qué forma se alteraría el ciclo normal de las vidas humanas al dejar la muerte de hacer su trabajo.

02 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

No sólo vendrían problemas de orden práctico, afirma el escritor (cómo pagará el Estado las pensiones o qué vida eterna prometerá la Iglesia), sino en lo personal: “Vivir eternamente en la Tierra sería un castigo; cada vez seríamos más viejos –dice Saramago. No temo a la muerte ni paso los días con esa preocupación, pero sí soy consciente de ella; tengo la edad suficiente para decir que soy viejo, 83 años. Pero vivo como si tuviera 75, que es una edad estupenda. Incluso, a veces, como si tuviera 62. Y en algunas raras ocasiones, como si tuviera 18”, bromea el escritor. No entiende por qué el tema de su libro causa sorpresa. “Sobre la muerte se ha escrito en todos los tonos en el pasado. Lo único que quizá sea raro es que lo haga en un tiempo como el de hoy, en el que se intenta hacer de cuenta que la muerte no existe, y que explícitamente la ponga delante de las narices del lector”.

¿Tomándole el pelo a la muerte, aunque sea en forma literaria, se va el miedo que da? A nadie se le puede quitar el miedo a la muerte, pero escribir o leer sobre ella es un buen ejercicio de simulación. Antes teníamos los cortejos fúnebres que marchaban por la calle, hoy ni siquiera se sabe dónde están los muertos. Se los entierra rapidito en las afueras y a otra cosa. Muerte, enfermedad y decrepitud son cosas para quitar de la vista. Lo que yo digo es que están allí y que no tenemos más remedio que aceptarlo.

¿Uno puede abordar con humor todo en la vida? Creo que sí. Sin embargo, en mi obra lo normal es la ironía, y ésta es la primera novela en la que el humor está claramente puesto, es más franco. Con la ironía trazo una distinción que no aplico para nada más: se puede ser irónico contra las instituciones, pero no contra las personas. Es un sentimiento que no tengo como persona, sí como escritor.

¿Por qué es tan malo ser inmortal? ¿No es acaso el sueño eterno del hombre? .

Sí, pero es un sueño equivocado. Cuando uno piensa en ser inmortal se imagina eternamente joven y sano. Muéstreme una persona muy vieja o enferma que quiera ser inmortal. Lo que pasa es que no nos damos cuenta de que para ser inmortales deberíamos ser niños, jóvenes, adultos y luego viejos para siempre. No es Saramago pesimista, sino Saramago que no tiene más alternativa que rendirse ante la evidencia. No soy un anciano ni un señor mayor. Soy un viejo. Lo que ocurre es que tengo la suerte de que soy un viejo que, por el momento, se vale por sí mismo.

¿Y qué viene después? Nadie sabe, creo que la Iglesia tampoco. ¿Por qué no aceptar las cosas como son? Que nacemos, vivimos y morimos. No hay que pensar en tonterías de la vida eterna. Aunque yo haya escrito un libro al respecto, ni siquiera vale la pena hablar tanto de la muerte. No sabemos qué es y nunca vamos a saberlo. Salvo los que tienen esas experiencias de un túnel oscuro con luz en el fondo. Hace unos años me operaron de un ojo. Y vi el túnel y todas esas cosas, pero sólo significa que estaba pasando a la inconsciencia por la anestesia. No que estuviese entrando en el reino de las tinieblas.

¿No le dio miedo? Creo que nadie hoy le tiene miedo al infierno. ¿Tiene acaso sentido que por un error cometido aquí estemos condenados al infierno toda la eternidad? Si Dios es misericordioso, ¿dónde está la misericordia si nos castiga para siempre? El cielo y el infierno son fábulas que no tenemos por qué creer. Pero la Iglesia necesita de la muerte. La base sobre la que asienta su edificio administrativo, ideológico y represor se derrumbaría si la muerte dejara de existir.

¿Por qué no cree en Dios? En nuestra galaxia hay miles de millones de estrellas y nosotros somos una de ellas. Es demasiada arrogancia de nuestra parte pensar que hay un Dios infinito que piensa en todos nosotros. La realidad es que el universo no sabe que existimos, le da igual que haya una estrella más o una menos. Ni siquiera entiendo cómo se puede creer en Dios con lo que ha avanzado la ciencia.

¿Cuál es su punto de vista sobre el suicidio? El suicidio nació con la conciencia del hombre y en la antigüedad era aceptado. Es un derecho, porque uno debe disponer de su propio cuerpo, sobre el que nadie más tiene derecho a decidir. ¿Y qué opina de los que se congelan para volver a la vida más adelante? Si los ricos quieren congelarse, allá ellos. No me conmueve en absoluto, es negarse a ver que no hay nada de definitivo en nosotros, que venimos al mundo por turnos.

¿Escribe para intentar cambiar el mundo? La literatura es una forma de estar comprometido con lo que pasa. En lo personal, me mantiene despierto y me revitaliza, pero no tengo ninguna esperanza de que nada de lo que escriba yo o ningún otro escritor pueda remediar los males del mundo.

¿Escribir lo hace feliz? Piense que a cada instante en la cantidad de niños que mueren de enfermedades, de hambre y de sed. Quien se dice feliz en el Primer Mundo no piensa que su felicidad depende de la infelicidad de los demás. las intermitencias de la muerte josé saramago alfaguara

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