A LOS DOS, YA NOS TRONARON LOS RATEROS

A LOS DOS, YA NOS TRONARON LOS RATEROS

Cantinflas invitó a su casa a César Rincón, entre otras cosas para notificarle, de monstruo a monstruo , que a raíz del robo que le hicieron al torero en un hotel de México, los dos se encuentran a mano, puesto que a él le desocuparon los bolsillos en Bogotá hace un par de décadas. Además, para manifestarle que, como no deseaba que le volviera a ocurrir otro sobresalto en el país, le rogaba que tomara posesión de su apartamento privado, de manera que, cuando regrese usted a esta su tierra, mi querido espada, se hospede y se refugie en él .

04 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

El apartamento está incrustado en un bunker de cristal que se levanta sobre la colina más alta de la ciudad, en el exclusivo sector de Las Lomas de Chapultepec.

La cita se cumplió en un club privado que construyeron los residentes en lo más alto de la torre. Rincón envió la lista de sus invitados tres días antes para agilizar las medidas de seguridad que hallaría a su llegada y permitir el protocolo con que comenzó la recepción.

Arriba hay un salón con cortinas rosa y grandes muebles. La reunión no será de pie. A la derecha, un comedor con servilletas rosa y dieciséis asientos azul rey con la flor de lis grabada repetidamente.

Cuando entró Rincón, un pianista comenzó a tocar toda la suite española de Agustín Lara: Españolerías, Silverio, el chotís Madrid, Granada, Valencia... Cinco minutos después, partió sala Don Mario Moreno, con los mismos pasos juveniles, seguros, acompasados con que parte plaza Rincón. Al fin y al cabo, ambos han pisado decenas de veces la arena de los ruedos. Silencio. Todos de pie. Don Mario tiene la cara apergaminada, sin arrugas pero sin expresión, enmarcada por un par de anteojos con pesada montura de carey, un pantalón ceñido y botines ajustados de tacón alto. No se le ven canas, ni cansancio aparente, ni lentitud. Rincón sale a su paso y antes de que él termine de hacer su paseíllo, se abrazan largamente. Don Mario posa para el abrazo y Rincón, erizado, sonríe como un niño. Sonríe, sonríe. Don Mario estrecha aún más el abrazo y le da la bienvenida: Espada, sepa que es un honor y un gran placer tenerlo en esta, que es su casa. Y enhorabuena por todo, le dice.

Rincón está mudo. Siente que le arde la piel, algo se ha atorado en su garganta y apenas acierta a decir, un par de veces, gracias! Mira me dice más tarde, desde cuando era niño, mi sueño fue conocer a este hombre. Ese es el sueño de todos los latinoamericanos. Pero, sabes? Esas son las cosas maravillosas de ser figura del toreo.

Frente a un gran ventanal ocupan asiento Don Mario, Eduardo López Betancourt, uno de sus mejores amigos, y César Rincón, que continúa mirándolo como si estuviera en un sueño. Don Mario le hace un recuento de las corridas en que lo ha visto actuar a través de la televisión: Fueron tardes inigualables. Es que usted está muy maduro, espada, y además tiene mucho valor... Qué canijo placer me da conocerlo! Y a mí mucho más. Parece un sue...

Oiga usted interrumpe Don Mario. Cómo estuvo eso del robo? Qué barbaridad... Qué barbaridad! Pero anote usted una cosa, mi espada: si a usted lo tronaron aquí, a mí me tronaron allá. Entonces, usted y yo estamos a mano, verdad? Y, cómo fue lo de allá, maestro? Fui a un espectáculo y nada más terminó, me reconoció la gente y, claro, me levantaron en hombros, me llevaron no sé cuántas calles y, cuando llegué al hotel, encontré que me habían hecho limpieza dentro de los bolsillos. Cargaba yo un broche con un Centenario de oro, y para qué le digo: Se lo clavaron!... Es que allá son buenos, son magníficos. No siente uno nada, mi espada. Yo creo que deberíamos traer a México dos o tres sementales de Colombia porque los de aquí han bajado de calidad. Allá son muy finos... Qué barbaridad! La actitud de Don Mario es la que marca el ritmo de la reunión. Si sonríe, la gente se anima. Si se torna lejano como ocurrió varias veces, todos están silenciosos. Generalmente es Don Mario, pero en algunas ocasiones se transforma en Cantinflas. Entonces deja ver su ángel y, en ese momento, el pergamino que le forra la cara trata de adquirir esa expresión vital de las películas, y todos estallan en risas.

Ya en la mesa, es el primero en abrir plaza. Un jugo pero sin azúcar, elude las grasas, el postre, no bebe licor y mucho menos café, cortó casi por completo con las harinas, dejó de fumar hace más de dos décadas. Porque desea vivir muchos años más. Acaso cree que la vida le debe más vida.

Después del plato de entrada, López presenta a cada uno de los asistentes. Cuando llega al ex matador colombiano Manolo Pérez, Don Mario dice que ya lo conoce: Fue mi empresario hace varios años.

Y, cómo le fue con él?, pregunta alguien.

No me pagó!, dice rompiendo el hielo, y todos sonríen.

A su derecha está Luis Alvarez, apoderado del matador Rincón, anuncia López.

Qué es de la vida de Luis Miguel Dominguín?, pregunta Don Mario.

Tiene un coto de caza por Despeñaperros...

No me diga! Y qué hay de Lola Flórez? Ahora pinta. Hizo una exposición...

No me diga! Luis Alvarez continúa López apodera a dos toreros suramericanos y anteriormente llevó a un mexicano.

Ah, caray! Parece usted la OEA, dice Cantinflas.

Maestro: Cuántos festivales toreó usted en su vida?, le pregunta Rincón y él calcula que mucho más de cien, siempre llenando las plazas. Y remata así: Es que, mi querido espada, yo fui figura. Y lo sigo siendo! Alguien aplaude y se hace un silencio largo. Don Mario está ahora ausente. Su amigo López lo trae de regreso con un par de frases y entonces él sonríe y sigue hablando: Cuando vino Manolete a México, me invitaron a un tentadero de vaquillas para que los dos actuáramos. El era un gran hombre. Un gran señor... Un-gran- se-ñor. Pues bien: fui, y cuando ya estuvimos en la puerta, al lado del ruedo, listos para iniciar el tentadero, lo miré y le dije: Ahora sí, de monstruo a monstruo: empuje usted palante que yo voy patrás .

(Risa general) Y qué sucedió? Que yo me adelanté a correr Maestro: Usted se arrimaba mucho?, le pregunta Rincón y él contesta: Yo me montaba! El agasajo está llegando a su fin. Mientras algunos toman el postre, Don Mario levanta la cabeza y todos callan: Quiero decirles finalmente, que ha sido un placer verlos y desearles mucha suerte. Que la Virgen los acompañe y que sigan triunfando. Y que ojalá los traten bien en mi país y que todos ustedes se olviden de un incidente que le sucedió (mira fíjamente a Rincón que está a su lado), que le sucedió a una persona que no digo quién es pero que la estoy viendo...

Más regocijo. Unas palmas. López anuncia que el fotógrafo puede trabajar y, cuando la tarde se ha confundido con la noche porque la ciudad está cubierta por una niebla espesa, Don Mario abraza al torero una vez más: Espada: cuídese mucho. Y que la Virgen lo proteja y lo ayude en este camino tan difícil y tan largo que le queda por delante. Y cuente con un amigo que lo admira y que lo deja en su casa de usted. Porque esta es su casa de usted. Eso no lo olvide nunca. El recuerdo de Valentina Ivanova Una vez terminó la comida, Cantinflas se retiró porque debía cumplir un compromiso y César Rincon fue invitado por López Betancourt a tomar posesión del apartamento, porque esa es la voluntad de Mario .

El maestro me dijo que lo había montado con todo el cariño y que los detalles que yo iba a ver allá eran suyos: él fue a verlo casi todos los días durante los dos años que duró su construcción , cuenta el torero emocionado. Pero, Cantinflas vive allí? No del todo, porque me dijo que ha sido incapaz de dejar su casa. Allá está el recuerdo de Valentina Ivanova, su mujer que murió hace 27 años. Le contó algo de ella? Sí. Y se puso muy serio. Me dijo que en el año 46 ella llegó al puerto de Mazatlán en un barco. Toda su familia era rusa y trabajaban en carpas. Ella y su hermana bailaban balet. Los padres actuaban. Venían del Japón huyendo de un terremoto. Don Mario ya trabajaba en las carpas que recorrían los pueblos presentando obras de teatro y algunas variedades. Era un cómico más, un cómico de carpa pero acabado. Entonces conoció a Valentina y volvió a vivir. Se enamoraron y se casaron. Me dijo que a su muerte le cambió la vida. Todavía la debe querer mucho.

El apartamento es espacioso, está decorado de verde. Verde en varios tonos. A la entrada, hay dos grandes retratos de Cantinflas al óleo y mucho arte chino, mucho marfil. Lo oriental alterna con lo francés. Hay esculturas de alabastro, jarrones de Sebres, un comedor en mármol de Carrara, un piano espectacular en caoba y a sus pies, la piel blanca de un oso Grisly de Alaska que mira con ojos de ternura. Al frente, sobre la chimenea, un autorretrato de El Greco.

Don Mario me contó que ese cuadro lo compró en una subasta en Londres, por allá en 1952 dice Rincón. Le costó tres millones de dólares. Dijo que en aquel momento era la mitad de todo lo que había ganado como artista.

El piano de cola ha sonado desde cuando el matador ingresó al apartamento. El maestro Manuel Guzmán, pianista que siempre es invitado por Don Mario, interpreta ahora la música de Eddy Dushin en la película Melodía inmortal. Rincón entra en la habitación de Cantinflas: una cama dorada, un baño con sauna y ducha dentro, silla para el peluquero, cremas, tinturas, elíxires. Afuera, colmillos de marfil tallados. Ghandi y el Quijote en varias versiones. Una réplica de la Venus de Milo: El dice que si tuviera brazos, le habría costado más. Que siquiera se la vendieron mocha, comenta Rincón.

El cuarto del hijo es azul claro. Hay fotos, retratos, caricaturas, pero siempre como niño. De 5, 6 años. Se llama Mario y hoy debe tener cerca de 40, pero vive con su mujer y sus dos hijos en otra casa.

Le pregunto a Rincón si Don Mario le contó algo más de su vida y me dice que sí. Que la manera como comenzó: En 1937, él quería ser actor de carácter. Quería ser actor de comedia, un galán, y se fue a correr el mundo en las carpas. Era de una familia de 11 hermanos. Encontró una carpa y trabajó como tramoyista, mensajero, aseador. En esas carpas presentaban comedias y al final de cada una, anunciaban la del día siguiente. Don Mario recuerda que un día se enfermó el que anunciaba y el dueño le dijo: Andale, Mario, es tu oportunidad . Dizque salió y sintió mucho miedo, temblaba y empezó a sudar. El dice que se hizo bolas , o sea que se trabó y empezó a decir cosas torpes como: Mañana, la Camelia de las Damas. No. Las Damas no saben de Camelias... y cosas así. Entró y el director le dijo que era un torpe, pero cuando lo empezó a reprender, afuera empezaron a aplaudir y a aplaudir más, y se formó una ovación y lo hicieron salir a saludar. Al día siguiente, empezaron a gritar, que salga el de ayer, que salga el de ayer ... Ahí nació Cantinflas. Y, qué sentía usted cuando Don Mario le contaba eso? Todavía lo siento: una emoción muy grande... Parezco un niño. Sabe? Estoy feliz!

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