Una fuerza poderosa

Una fuerza poderosa

El Banco Mundial calcula que para este año los emigrantes enviarán a sus familias en los países en desarrollo 167 mil millones de dólares, que es una cifra enorme y que, así lo dice el banco, supera con creces el nivel de la ayuda internacional. Las remesas son una consecuencia del fenómeno de la migración y éste tiene la característica de estar verdaderamente globalizado. Son 200 millones las personas que han migrado, en buena parte de los países pobres hacia los más ricos y un gran porcentaje de ellas son trabajadores no calificados que van a buscar una mejor vida fuera de su país, donde no la encuentran. Van tras el sueño que no realizan en casa.

01 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

En el informe sobre las perspectivas para la economía mundial 2006, que trata de ‘Las consecuencias económicas de las remesas y la migración’ los autores señalan que la productividad y las ganancias de esos millones de trabajadores, constituyen una fuerza poderosa para la reducción de la pobreza. Y es cierto. En los países a los que llegan realizan los oficios más bajos en la escala laboral y reciben salarios que les permiten sobrevivir y enviar una parte a las familias que dejaron. Es una vida dura pero la retribución es que los suyos pueden contar con ingresos para la salud, la educación y la vivienda. Hay evidencias, se dice en el estudio, de que por las remesas muchas familias han salido de la pobreza extrema. En Colombia, por ejemplo, son numerosas las familias que viven con cierta dignidad gracias a lo que les envían del exterior, lo que les permite mantener niveles de consumo.

La Asobancaria estima que para este año las remesas llegarán a 3.700 millones de dólares (3,4 por ciento del PIB), lo que posisiona nuestro país en el tercer lugar como receptor de estos giros después de México y Brasil.

Cerca de 4 millones de colombianos están en el exterior y muchos de ellos remiten parte de sus ingresos a sus familias. Estamos pues viviendo un fenómeno mundial que continuará produciendo efectos económicos y sociales y que no podemos tratar como algo solo nuestro. A las remesas se les ha querido dar una connotación negativa. Esos miles de millones de dólares tienen efectos en la economía y sobre la revaluación, pero también tienen un positivo impacto social. En un país con desempleo y sin muchas oportunidades, las remesas constituyen, ellas sí, una verdadera oportunidad de un mejor vivir para muchos. Por eso no se las puede satanizar y señalar como únicas responsables de la apreciación de la moneda. Tampoco puede atribuírseles, como algunos han dicho, ser un mecanismo de lavado de dólares inventado por los narcotraficantes. Eso es una estupidez, lo que no quiere decir que algo de lavado no pueda venir por allí. Las remesas son un fenómeno mundial derivado de la migración y así tenemos que considerarlo.

El banco recomienda no gravar las remesas y reducir el costo de su transferencia. Está en lo cierto. Gravarlas sería castigar con impuestos a los más pobres y gravar doblemente, pues ya han pagado impuestos en el país de donde vienen. Ahora que comienzan las campañas los candidatos tienen que dar opiniones sobre muchos temas. Debemos saber qué piensan sobre las remesas y cómo las tratarán

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