DE LA CHICHA A LOS BUENOS VINOS

DE LA CHICHA A LOS BUENOS VINOS

Ese día, hace ya casi diez años, cuando Marco Antonio Quijano Rico fue a una oficina de la Caja Agraria y les contó que quería plantar un viñedo y producir vinos exquisitos en el hermoso Valle del Sol, en Boyacá, pero que necesitaba un préstamo, uno de los funcionarios lo miró perplejo, como si estuviera frente a un prófugo de algún manicomio. Mire, si usted quiere hacer eso, váyase para el Valle del Cauca. Aquí eso no se produce , le dijo casi compasivo, pensando en que un hombre que quisiera producir vinos en Boyacá tenía que ser lunático.

04 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Lo que no sabía aquel funcionario era que Quijano es un ingeniero químico graduado con honores en Europa y uno de los más prestigiosos investigadores científicos del país.

Y tampoco sabía que lo único que tiene de lunático es ser el primer colombiano y uno de los primeros habitantes de la Tierra que tuvo en sus manos muestras de polvo lunar, de las que trajeron Neil Armstrong y Edwin Aldrin, luego del primer descenso del hombre en la Luna.

Esa arena negruzca, gruesa y porosa la primera muestra de materia que recogió el hombre fuera de su propio planeta se la enviaron al prestigioso Instituto Max Planck para la Química, en Mainz (Alemania), para que él estableciera si contenía litio, berilio y boro, como en efecto comprobó.

Aún guarda en su casa unos cincuenta gramos de aquel polvo extrarrestre, como recuerdo de esa estremecedora hazaña de la humanidad.

Sin embargo, cuando se decidió a plantar vides, hasta quienes lo conocían bien lo miraban escépticos. Vinos boyacenses? Está loco de remate .

Carlos Eduardo Vargas Rubiano, ex gobernador de Boyacá, fue uno de los pocos que creyó: Si pasamos de la mula al jet, por qué no podemos pasar de la chicha al vino? , decía.

Pero, contra todos los malos presagios, Quijano logró casi un milagro.

Hoy, en su finca de La loma de Puntalarga, entre Duitama y Nobsa, no solo existe un centro experimental sobre la vid, sino que allí se producen vinos de gran calidad.

Además, entre el viernes y el domingo se realizará en Sogamoso y en el viñedo y cava de Puntalarga, la III Fiesta de Bienvenida a la Vid, en el Valle del Sol.

Es un encuentro cultural, salpicado de música, comidas y tradiciones de casi media docena de países, al que asistirán las reinas del vino de Francia, Alemania, Suiza y Austria, así como las candidatas regionales. También concurrirán diplomáticos y expertos viticultores de todo el viejo continente. Mejor dicho, es como si por tres días Europa se trasteara para Boyacá , dice Quijano.

Por ahora, todo el vino que se produce en Puntalarga se consume en la región. Por eso la idea es promover nuevos viñedos, para abastecer a todo el país y también para exportar , añade. A ese propósito ya le brindó su respaldo la Corporación para el Desarrollo Privado de Boyacá (Proboyacá), una entidad creada hace un par de meses para promover el progreso de ese departamento. El primer experimento Sin embargo, la historia comenzó mucho antes.

Empezó en los días en que, siendo aún chiquillo, oía que su madre, doña Margarita Rico del Castillo, descendiente del Marqués de Surba y Bonsa, y pariente de la Madre del Castillo, una escritora mística con títulos nobiliarios, pronunciaba con devoción tres palabras: Es un científico . El aún no sabía qué era eso. Ya en bachillerato, se enamoró de la química. Entonces, su padre, Marco Antonio Quijano Niño, un abogado que nunca ejerció, pero que fue pionero en asuntos culturales y de transportes en Boyacá, le regaló su primer laboratorio. A riesgo de hacer volar la casa, allí hice los primeros experimentos. Las primeras mezclas y las primeras destilaciones , cuenta.

Una mañana de 1954, su padre lo envió a estudiar a Suiza, porque tú no sabes alemán, el idioma de la química .

Ahora, Quijano, un sogamoseño de 58 años, que está casado con la dama alemana Norri Wuest, habla seis idiomas: español, francés, inglés, italiano, alemán y portugués.

Llegar de Sogamoso a Lausana dice, también fue como pasar de la chicha al vino . Ya graduado, regresó al país y entró a trabajar al Instituto de Asuntos Nucleares, pero allí la investigación estaba en pañales. Me aburrí a mares. No había ni con qué trabajar , agrega.

Un día que dictaba, en Ginebra (Suiza), una conferencia sobre los usos pacíficos de la energía nuclear, le ofrecieron una beca para doctorarse en el famoso Instituto Max Planck. No lo dudé. Renuncié por telegrama al empleo . Se doctoró con honores y fue seis años investigador asociado.

Regresó a Europa y le llegaron ofertas tentadoras de varios países, pero a finales de 1971, Toro se apareció en Zurich (Suiza) con la promesa de que le suministrarían lo que necesitara. El firmó el contrato, regresó a Bogotá y fundó el mejor laboratorio de investigación sobre café que existe en los países productores. Aún lo dirige y es una autoridad mundial en esa materia.

Sin embargo, seguía con el viejo sueño de producir vinos finos, como los mejores de Europa... pero en Boyacá! Estaba seguro de lograrlo, porque el Valle del Sol tiene un clima parecido al de Borgoña. Además, sabía algo que casi todos ignoraban: que los jesuitas habían hecho buenos vinos en Boyacá en tiempos de la Colonia.

Por eso, en 1982 trajo de Alemania las primeras quinientas cepas. Fue entonces cuando pidió un préstamo a la Caja Agraria, pero creyeron que estaba loco.

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