ANGUSTIA LABERINTO CON SALIDA

ANGUSTIA LABERINTO CON SALIDA

Una mañana, cuando cruzaba la calle, camino a su oficina, estuvo a punto de ser atropellado por un carro. No cabe dudas: fue un gran susto. Del incidente se habló varias veces con los compañeros de trabajo. Cada uno contó su propia experiencia o la de un vecino. Y también lo comentó con su familia, primero por teléfono, y luego durante la cena. Al principio, fue un relato un poco apresurado, casi como si se tratara de una tercera persona.

03 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Pero, a medida que fue recordando los detalles, el susto se convirtió en ansiedad. Y por la noche, tuvo pesadillas.

Así pasaron varias semanas.

Hasta un día en que, al salir a la calle, tuvo una extraña sensación, difusa e inexplicable. Como un inmenso miedo a estar fuera de casa. El suceso de aquella mañana se había convertido en un temor irracional y persistente. En angustia.

Es decir, en un trastorno fóbico. Este es un concepto poco conocido pero casi tan difundido como la gripa. Los científicos creen, de hecho, que la angustia es la emoción más universalmente experimentada: una sensación compleja, desagradable, invalidante, que conlleva repercusiones síquicas y orgánicas.

Las cifras lo confirman: la angustia fue detectada en el 8.9 por ciento de la población estadounidense investigada por el Instituto Nacional de Salud Mental en un período de seis meses. Durante igual lapso de tiempo, una investigación realizada en Munich (Alemania) detectó trastornos de angustia en el 8.1 por ciento de los alemanes. Un dato llamó la atención: en ambos casos, los investigadores revelaron que estos trastornos no eran simplemente ocasionales: el 14.6 por ciento y el 13.9 por ciento de estadounidenses y alemanes reconocieron haberlos sufrido durante toda su vida.

Entre las angustias más frecuentes, las investigaciones detectaron las fobias simples y sociales (agorafobias) como las de mayor incidencia, seguidas por las angustias obsesivo-compulsivas y, finalmente, por el pánico (ver recuadro). Los trastornos fueron detectados dos veces más en mujeres que en hombres (9.7 y 4.7 por ciento).

Pero hay detalles adicionales, igualmente preocupantes: aunque las investigaciones se hicieron entre la población adulta, se sabe que los trastornos de angustia comienzan en la juventud. Las fobias simples son vivencias de adolescencia, mientras las angustias propiamente dichas se revelan al terminar la segunda década de vida. Quienes más las sufren suelen ser personas entre los 25 y 44 años, los hombres y mujeres separados, y aquellos que se enfrentan a dificultades económicas o que pertenecen a los estratos sociales medios y bajos.

Y aquí entran a considerarse varios factores: el primero, la influencia de la angustia sobre la salud; la angustia como uno de los síntomas de ciertas enfermedades (epilepsia, hipertiroidismo, fallas cardíacas); la asociación entre angustia y depresión; la concordancia de la angustia y el consumo de alcohol y otras sustancias adictivas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 25 por ciento de los pacientes que asisten a consultas médicas presentan síntomas relevantes de angustia. Y más allá de las investigaciones hechas en Alemania y EE.UU., los especialistas coinciden en afirmar que una quinta parte de la población adulta del mundo muestra síntomas significativos de angustia. Siglas de una esperanza Qué motiva los trastornos? Hasta hace pocos años, los científicos no tenían respuesta. Y muchos llegaron a afirmar que eran simplemente desajustes que pertenecían al campo de la siquiatría. En no pocas ocasiones, fobias, ansiedades y pánicos fueron completamente descuidados, como si se tratara de episodios ocasionales, sin trascendencia.

Sin embargo, los estudios han revelado el origen orgánico de un gran número de las llamadas angustias patológicas. Han destacado su carácter hereditario e insistido en los perjuicios irreversibles de no darles tratamiento médico. Cerca de la mitad de las víctimas de ansiedades mayores ven sus vidas seriamente alteradas por el trastorno (evitan viajes, público y hasta programas fuera de casa), y un 66 por ciento de ellas tienen el riesgo de desarrollar inconvenientes mayores. Entre ellos, enfermedades, dependencia de sustancias adictivas, depresión y hasta el suicidio.

Los investigadores han clasificado como crónicos los desórdenes de ansiedad. Estudios hechos también en Estados Unidos hablan de esa cronicidad: siete años después de diagnosticados, el 71 por ciento de las personas con ataques de pánico, el 62 por ciento de quienes sufrían agorafobia, el 66 por ciento de fobias simples y el 80 por ciento de trastornos obsesivo-compulsivos no solo los mantenían, sino que un buen número de personas los habían aumentado o se habían adicionado a otros problemas.

Hoy, y gracias a los progresos de la farmacología, existen productos que, sin producir los efectos secundarios de los tradicionales antidepresivos y ansiolíticos (la dependencia, entre otros), permiten obtener una pronta curación.

Porque, en efecto, la angustia, el pánico y la ansiedad generalizada pueden curarse. Para los casos más simples, la ayuda de un sicólogo o del siquiatra es suficiente. Para aquellos de origen orgánico, debe darse un tratamiento farmacológico. Y las más recientes investigaciones, cimentadas en las bases biológicas y bioquímicas de los trastornos, obligan a descartar el uso de barbitúricos y de otras sustancias que actúan sobre la corteza cerebral, producen un efecto sedante total en el sistema nervioso central y la consecuente pérdida de la conciencia.

Los especialistas se inclinan a favor de las benzodiacepinas porque precisamente, al actuar de manera muy específica en los núcleos neuronales en donde se originan los trastornos de angustia, son mucho más eficientes.

Y, a medida que se han ido descubriendo en dimensiones cada vez más micro los mecanismos del cerebro, el perfeccionamiento de las drogas se ha hecho más evidente. Al alprazolam ya difundido en el mundo y también conocido en Colombia se suma un nuevo producto, el cual, según uno de los investigadores, el biólogo molecular de la Universidad de Carolina del Norte, Donald B. Carter, será muchísimo más selectivo y de menores efectos secundarios.

La nueva droga, U-78875, será probada antes de finalizar el año en humanos. Y, de confirmarse los datos preliminares, cerrará una nueva puerta a las ansiedad, Síntomas de la angustia: -Taquicardia -Dolor precordial -Sensación de paro cardíaco -Palidez -Accesos de calor -Opresión torácica -Sensación de ahogo -Sensación de bolo esofágico -Contracturas gastrointestinales -Aerofagia -Náuseas -Vómito -Orina frecuente -Descontrol en la micción -Eyaculación precoz -Frigidez -Temblor -Hormigueos -Dolor de cabeza -Sequedad de la boca -Suduración -Lipotimia -Dilatación de la pupila.

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