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Y dejaron el rock por el folclor

Y dejaron el rock por el folclor

Varios de ellos quisieron alguna vez parecerse a Mick Jagger y tener una banda de rock famosa, pero dejaron esos sueños para adueñarse de otros y tomar como maestros a Totó La Momposina, Los Gaiteros de San Jacinto, y los marimberos del Pacífico.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

Por ejemplo, Juan Sebastián Monsalve y Urián Sarmiento, que hoy integran el grupo Curupira, son dos de esos nombres que son la savia renovada de la música colombiana. Ellos participaron en el movimiento del rock en español.

El primero tocó con La Derecha; el segundo, con 1280 Almas, La Pestilencia y Aterciopelados. Y vieron de cerca los trabajos de Distrito Especial, la banda de Carlos Iván Medina que inspiró a Carlos Vives para su salto de aspirante a estrella pop a reformador del vallenato.

Ahora, aunque siguen aportando su talento a grabaciones comerciales para otros artistas, se acompañan en Curupira de gaiteros de Bolívar y cantantes llaneros.

Y no son un grupo aislado. En los últimos cinco años, han aumentado las propuestas de esta nueva música nacional.

Pero, ¿en qué momento quedaron atrás las intenciones de hacer rock puro y pasarse al folclor y la música tradicional con sonido de fusión y ropaje más moderno? Entre los primeros intentos está el trabajo de Chucho Merchán en los años 70, pero la referencia comercial más conocida es Carlos Vives, que ha generado, a lo largo de la última década, una ola de imitadores.

Sin embargo, en un extremo más silencioso, quizás más académico y con menos afán comercial, están los exponentes de la nueva música colombiana. Son jóvenes que, según Oliva Díaz-Granados, de la Fundación BAT, “entendieron que si se dedicaban a imitar lo que otros hacen bien estaban en el fracaso” y buscaron en las tradiciones elementos de identificación y distinción.

Monsalve cree que el éxito de Vives ayudó y promocionó el interés de los jóvenes por el folclor nacional, aunque muchos ya veníamos trabajando en él años atrás”.

En cambio Juan Fernando García, de Siguarajazz, dice que “esto comenzó con Antonio Arnedo y Francisco Zumaqué”. Arnedo lideró uno de los intentos por agrupar y fortalecer este movimiento renovador con la conformación del Colectivo Colombia.

Armando González, de Guafa Trío, atribuye el despertar a la orientación de las academias. Y da su propio ejemplo: comenzó en una banda roquera adolescente, pero su paso por la Luis A. Calvo lo acercó más al tiple y al cuatro que a la guitarra eléctrica. “Todavía tengo mi colección de rock. Sin embargo, desde que me decidí por lo tradicional, no me he arrepentido”, concluye.

Ahora que hay músicos por montones que van con el disco grabado con su esfuerzo debajo del brazo, otro certamen llegó con la intención de proyectar las carreras de los exponentes de esta onda. Es el Primer Festival BAT de la música colombiana.

- CON SU MÚSICA A JAZZ AL PARQUE Cada uno de los ocho integrantes de Curupira llegó al folclor de forma independiente y ese gusto fue el que los reunió. Empezaron a encontrarse en conciertos y talleres cuando ya tenían trayectoria como músicos profesionales.

Venían de bandas de rock, latin jazz, salsa o de academias de música clásica. Incluso Juan Sebastián Monsalve y Urián Sarmiento viajaron a la India para profundizar en las raíces folclóricas de ese país (que han incorporado a su sonido actual).

Al regresar, buscaron en el corazón de la tradición nacional y encontraon al maestro Encarnación Tovar, un tamborero de Bolívar, conocido como ‘El Diablo’, que venía a dictar un taller a Bogotá. “Fue nuestro más fuerte contacto y principal influencia”, recuerda Monsalve. Íban a grabar con él su segundo disco, pero se murió antes de poder realizar el proyecto.

El proceso de acercamiento a los músicos tradicionales en Curupira ha llegado hasta la convivencia. Después de Tovar, los integrantes de la banda se han acercado a otros gaiteros. “Comenzamos la interacción con ‘Paíto’ y con un maestro de la marimba del Pacífico llamado ‘Gualajo’ –dice Monsalve, quien visita a este último un mes al año en su casa de Islas del Rosario–.

‘Paíto’ nunca había oído una marimba y ‘Gualajo’ nunca había tocado gaitas”.

El norte de Curupira es seguir haciendo música “rompiendo barreras regionales”. Unen chalupas y gandangos con ritmos urbanos como el jazz, el rap y el rock. Y han logrado romper varias de esas barreras. La primera fue la misma reticencia de los maestros del folclor a aceptar participar en sus proyectos y a alternar en escenario con ellos.

Curupira ha actuado con Petrona Martínez y los Gaiteros, con la misma frescura con la que se ha subido a las tarimas de Jazz al Parque (2001 y 2002).

- SONIDOS DE AQUÍ PARA ALLÁ ¿Se imaginan un pasillo tocado no con tiple sino con un cuatro llanero? Ese ha sido uno de los propósitos de Armando González, líder de Guafa Trío y amante de la música llanera. Su grupo, ganador del Mono Núñez en 1999, se caracteriza por eso: busca la reunión de instrumentos de un ritmo con otro.

Guafa Trío tuvo sus orígenes en un colectivo de 11 personas, que trabajaba con músicas tradicionales en la Academia Superior de Artes de Bogotá.

González tenía experiencia previa con aires llaneros. Ignacio Ramos tenía mucho contacto con los ritmos andinos y suramericanos y su acercamiento a lo tradicional se dio asistiendo a festivales folclóricos donde pudieran, sobre todo, oír a los demás.

El tercer integrante, Julián Gómez, contrabajista, comparte con ellos el interés por la música andina.

“Nos acercamos a autores como León Cardona García, reconocido como uno de los grandes renovadores de la música andina, que nos dio material y nos escribió piezas. Hemos estado mostrándole los arreglos y vamos a grabar un disco homenaje a su obra”.

- LA BÚSQUEDA AFROCARIBEÑA Siguarajazz tiene su origen en la música popular. Juan Fernando García, líder del conjunto, es hijo del fundador del movimiento Barrio Comparsa y recibió influencias tanto de la música colombiana como de la cultura salsera del barrio Manrique, de Medellín, donde no hubo mucho rock. “Allí lo que más influyó fue el porro y la gaita”.

Sin embargo, comenzó como bajista en grupos de rock y punk. Y su conversión definitiva hacia el credo folclórico fue antes de los 20 años, cuando escuchó el trabajo de Antonio Arnedo.

Ahora hace pasillos, porros y otros aires con influencias del jazz. En su grupo, hay batería y percusión folclórica (alegre, llamador, tambora y semillas), pero también piano, trompeta y bugle.

Además, tienen sus gaiteros de cabecera: el grupo Velé, de Sincelejo, que gracias a la tradición de sus abuelos, los ha guiado en el espíritu de la percusión folclórica.

- FORMADOS EN LA BANDA NACIONAL El grupo Ensamble del Café nació en el 2003. Sus integrantes se conocieron gracias a su trabajo en la Banda Nacional. A raíz de la liquidación de esta institución, armaron el grupo, con ánimo de seguir ensayando y estudiando.

“Empezamos como un experimento, porque ninguno escribía música”, cuenta Mauricio Murcia, director del grupo. Pero siguieron las adaptaciones de música andina y del Caribe.

El último paso ha sido el de hacer composiciones propias. Y hacen música colombiana con clarinete piccolo, clarinetes soprano y clarinete bajo.

Para ellos no ha sido necesario un acercamiento a maestros folclóricos porque, en los comienzos de cada uno, hubo una formación ligada a las bandas de pueblo.

“Nuestro trabajo consiste, básicamente, en traer esa música que se toca en los pueblos al formato de cámara”.

- LOS 15 ELEGIDOS Un total de 96 grupos respondieron a la convocatoria de la Fundación BAT (British American Tobacco) para participar en el I Festival de Música Colombiana. De estos, 15 elegidos –por su instrumentación, calidad literaria, ensamble y balance, entre otras– se presentarán mañana, a las 7 p.m., en la premiación en el Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá. Son: Aluvión, Bahía Trío, Celecanto, Cumbión de Cereté, Curupira, Eccotrío, Eduardo Martínez y su Palo Cuero, Ensamble del Café, Ensamble Sinsonte, Ensamble Tríptico, Fractal, Guafa Trío, Puerto Candelaria, Trío Nueva Colombia y Siguarajazz.

- RETRATANDO AL COLOMBIANO Juan Diego Valencia dice que su grupo, Puerto Candelaria (conocido por su trabajo Colombian Jazz, catalogado por la revista Semana como el mejor del 2002 en su género) no ahonda en las raíces pero trabaja con la música tradicional, que es diferente. “Para oír folclor, tienes que irte a un pueblo –dice–. Lo tradicional es lo que nos rodea desde siempre, lo popular.

Retratamos lo que nos pasa, como colombianos comunes. Y al colombiano común, el folclor de Guapí le dice tanto como el de la India”. Por eso prefiere acudir a lo que oyó de niño en diciembre, por ejemplo, y lo combina con bases de jazz.

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