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De paseo con Papá Noel por el centro

De paseo con Papá Noel por el centro

El caballo Mararay, ese que un día fue rescatado de los quehaceres verduleros de la central de abastos para subir de estrato y convertirse en ejemplar de coche que recorre las calles del centro, el mismo que ha sido cubierto en manto blanco para estar a la altura en las procesiones de la Virgen del Carmen, ahora anda disfrazado de reno, y su amo, Rómulo, de una versión sabanera de Papá Noel.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

El atuendo de Mararay no es más que una cornamenta, armada con el alambre de un gancho de ropa, espuma y tela de viejo pantalón. Rómulo, por su cuenta, le encargó a un sastre de barrio, un vestido con talla de hombre flaco, pero con la barriga de ‘Santa’.

Uno va jalando y otro va montado sobre un coche Victoria, de aquellos que en otros tiempos llevaban arzobispos, virreyes, señoras y ‘pizcos’ encopetados, y que ahora ofrecen servicio a turistas, parejas de enamorados y familias de paseo.

El paso de este particular trineo, con sonido de cascos sobre pavimento, a través del ambiente bogotano del tercer milenio, conjuga en un instante las escenas de varios siglos, y como en vuelo de renos con Santa, el pasajero se recrea con la historia.

Los recorridos pueden ser apenas por las calles aledañas a la Plaza de Bolívar, a paso lento, mientras Rómulo cuenta que en los albores de la vieja Santa Fe, los pobres enterraban a sus seres queridos frente a la Catedral porque las tumbas dentro del templo eran reservadas para los más prestantes.

Recuerda que el Palacio de Liévano, ubicado en el costado occidental de la plaza, sede de la Alcaldía Mayor, era sitio de mercado y galerías populares, hasta el año de 1900, cuando las llamas acabaron con este sitio, después de un incendio que fue apagado incluso con chicha, porque aún no había cuerpo de Bomberos. “Es más, después de ese día fue que empezaron a crearlo”.

Luego viene un vistazo a la capilla del El Sagrario, la estatua de Bolívar, que desplazó a la fuente del Mono de la Pila, la sede del Episcopado, que antes fue cuartel militar, ¡y listo!, se acabaron los cinco mil pesos que vale la ronda más corta.

A partir de ahí, el precio depende de la ruta. Y desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche, los trayectos varían según el interés del cliente.

A la luz del día, unos prefieren el paseo por las calles de La Candelaria, pasar frente a las casonas, escuchar cuentos de fantasmas y al galope del coche, detallar las fachadas y los tejados.

En la noche salen las parejas, que prefieren el camino del Eje Ambiental, ya despejado de tráfico, detenerse un momento frente a la Plazoleta de El Rosario, evocar los tiempos en que esta avenida era el río San Francisco, cruzado por 16 puentes que conectaban el norte con el sur de aquella Bogotá, y mirar el alumbrado público como faroles de una bohemia ya perdida.

Otros simplemente se contentan con pedirle a este Papá Noel cochero que se detenga por ahí, en una calle cualquiera, donde se pueda ver la luna recostada en el cerro de Monserrate y listo, no necesitan nada más para construir sus propias nostalgias.

gergel@eltiempo.com.co .

A paso de caballo, los paseantes pueden recorrer muchos años de historia.

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