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¿Cómo salvar al liberalismo de una catástrofe?

¿Cómo salvar al liberalismo de una catástrofe?

(EDICIÓN BOGOTÁ) No es halagüeño el panorama del liberalismo frente a las elecciones presidenciales. Sin andar con rodeos, las cosas son así:

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

1) Horacio Serpa vencerá de lejos en la consulta liberal, según lo dicen las encuestas. Nadie discute su arraigo popular y, si no fuera porque el último congreso del Partido formalizó la convocatoria de dicho mecanismo, hoy la tal consulta sobraría. Con más veras cuando a los precandidatos no les facilitará el Estado ningún dinero.

2) El que Serpa gane la consulta difícilmente implica que sea el próximo mandatario de los colombianos. Su contendor será otra vez Álvaro Uribe Vélez, sin excluir la presencia de Antanas Mockus y Antonio Navarro en la primera vuelta, que ‘morderán’ espacios políticos ignorados aunque existentes. Aún más. No es improbable que a Serpa lo vuelva chicuca el actual Presidente, en el entendido de que eso ocurrió en el 2002, cuando Uribe era un candidato excelente pero entonces un gobernante desconocido. Si los índices de su popularidad –aun cuando bajen– se cruzan con el alto porcentaje de desfavorabilidad que por desgracia mantiene Serpa, es mejor no pensar en las dimensiones de lo que constituirá semejante derrota.

El liberalismo tiene que luchar primero por sacar una gran votación en las elecciones parlamentarias, que es lo que busca César Gaviria como jefe único del liberalismo, y quizás lo obtendrá por lo que aún significa el Partido en el consciente de múltiples núcleos sociales. Pero, ojo: ¡eso tampoco será fácil! No lo será porque habrá otras listas fuertes, como la de Cambio Radical, que lidera Germán Vargas Lleras; el partido de la U, que promueve Juan Manuel Santos, y, por supuesto, la inmensa mayoría del conservatismo, feliz hoy con Uribe.

¿Qué podría hacer entonces el liberalismo para salvarse de tal catástrofe anunciada? Desde el punto de vista de las elecciones presidenciales, no sería un disparate sacrificar la consulta por un consenso, es decir por un acuerdo entre los actuales precandidatos, y proclamar a César Gaviria como candidato oficial y único para avalarlo en futura convención.

Se dirá que no. Que Serpa no le jala a eso; que Gaviria menos; que sería cambiar las reglas de juego, por cierto que viciadas puesto que los resultados de la consulta no fueron transparentes en el escenario del último Congreso Liberal. Y, aun así, eso no garantiza que el liberalismo tenga Presidente, pero sin duda Gaviria les haría más mella que Serpa a las aspiraciones reeleccionistas del actual mandatario, como tiene también –Gaviria– más capacidad política para quebrar los sentimientos del ‘establecimiento’, o en todo caso menos prevenciones que Serpa. Mejor dicho, contra lo que dicen hoy los sondeos, este ex presidente de pronto podría ganar si hubiera alianzas con movimientos de izquierda como ciertos sectores del Polo (léase Lucho y Navarro) y otros independientes.

Si en dichos términos se resolviera la situación, lo ideal sería entonces que Serpa encabezara la lista liberal para el Senado de la República, pues sin duda contribuiría a arrastrar muchos votos. Lista, además, que se espera cargada de novedades políticas y sorpresas.

Mas, como dicen, soñar no cuesta nada y es muy probable que la hipótesis anterior lamentablemente no se dé. En dado caso tampoco debería resultar descartable que el propio Gaviria encabezara la lista liberal al Senado, para inyectarle fuerza y prestigio a esta plancha, que no será cerrada sino elegida por voto preferente. Pero que necesita una cabeza visible.

Son, en fin, consideraciones exclusivamente tendientes a pensar en un salvavidas para el futuro inmediato del liberalismo que, como están las cosas, no es el más esperanzador. Tampoco se trata de ponerle a Serpa un palo en la rueda de sus nuevas aspiraciones y ni siquiera a sus competidores internos. Pero todos ellos deberían ser conscientes –como sí lo es en cambio gran parte de la militancia activa– de que, con la fórmula planteada, las posibilidades reales del partido serían muy distintas de las que, preocupantemente, se vislumbran hoy.

* * * * ¡Qué vidas ejemplares fueron –consagradas por entero a la cultura– las de Ignacio Chaves Cuevas y R.H. Moreno Durán!

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