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El senador Peñalosa

El senador Peñalosa

(EDICIÓN BOGOTÁ) (OPINIÓN 1-19) Yo habría querido ver a Enrique Peñalosa en el tarjetón para la Presidencia de la República. Sigo creyendo que la lección que dejó la primera campaña de Clinton, quien se lanzó con mucha valentía contra un Presidente popular como George Bush padre, es válida para la Colombia de hoy.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

Sin embargo, el lanzamiento de una lista peñalosista independiente es una muy buena noticia y las personas que ha mencionado que harán parte de su equipo –Simón Gaviria, David Luna, Catalina Ortiz, entre otras– refrescan una política demasiado contaminada por el clientelismo, el narcotráfico y los rifles de largo alcance.

La explicación ofrecida por Peñalosa para no lanzarse es, además, válida: sus votantes se cruzan con los de Uribe. No era el caso de Clinton.

No faltará quien ataque a Peñalosa. Entró al Partido Liberal y se salió, dirán, porque iba a perder contra Serpa –el eterno precandidato ganador y el eterno candidato perdedor–. Y luego, dirán también, se lanzó a la Presidencia para retirarse luego de la decisión de la Corte Constitucional.

Discutible lo primero y evidente lo segundo, Peñalosa tomó una decisión de sólido realismo político. Y con ella abrió a los votantes independientes una alternativa de voto interesante para el Senado y la Cámara.

Peñalosa tiene todo lo que se necesita para ser Presidente. Tiene visión, sentido de propósito, experiencia, liderazgo. Aunque a veces suele ser empecinado (la obsesión con el Country), el ex alcalde tiene obras concretas para mostrar. Como burgomaestre, se salió de la línea burocrática y populista clásica y tomó riesgos. Hoy están allí los espacios públicos, las bibliotecas, los parques, la ciclorruta pero, sobre todo, allí está TransMilenio, sin el cual esta ciudad sería un caos. Decenas de ciudades en América Latina están siguiendo el ejemplo de Bogotá, empezando por la capital chilena, que acaba de inaugurar TranSantiago.

Es posible que a veces sea demasiado calculador. Es probable también que al dejar demasiadas opciones abiertas confunda a los electores sobre sus verdaderos propósitos. Debería, por ejemplo, dejar de lanzar globos sobre un eventual regreso a la Alcaldía, como lo hizo con Yamid Amat. Pero estoy seguro de que Enrique Peñalosa sería un buen presidente. Él y su lista de Senado y Cámara, a la par con otras listas como la de Juan Manuel Galán, ofrecen opciones reales para quienes quisiéramos ver un Congreso renovado, ajeno a los testaferratos ‘paras’ y a los clientelismos clásicos.

**** El Fiscal Iguarán ha demostrado tener fuerza para tomar decisiones difíciles, como la de fortalecer la investigación sobre el asesinato de Alvaro Gómez, ese secreto a voces cuyos misterios muchos preferirían mantener ocultos. La decisión que le corresponde ahora no es fácil. La relación de los políticos con Escobar y el horrendo crimen de Galán es evidente: la Fiscalía, que fue capaz de poner el dedo en la llaga, no debe ahora asustarse con el pellejo. Es en un proceso judicial donde le corresponde a Alberto Santofimio defenderse, no en los corredores de la Fiscalía. Si al final del día, un juez acepta su defensa, el tema quedaría cerrado para bien suyo y claridad del sistema. Pero no llevarlo a un proceso equivale a dejar la puerta abierta de un proceso que, dieciséis años después, sólo tiene preguntas. Nada de respuestas.

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