LA NUEVA POLÍTICA

LA NUEVA POLÍTICA

Hoy comienza, con la renuncia de Ernesto Samper, la campaña presidencial. Prometí a los colombianos, y a los conservadores, estar presente en la vida pública del país durante los próximos años, impulsando y defendiendo los valores comunes, los que sirven para construir una Colombia magnífica.

02 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Mi nombre, mi capacidad y mi inteligencia completa, estarán allí, todo el tiempo, como un símbolo del anhelo que no se alcanzó a frustrar en estas elecciones, y como una esperanza de cambio real.

Dije muchas veces que las personas somos transitorias, pero los partidos son permanentes.

Y la verdad es que, con Juan Diego o sin él, hemos cumplido con enorme satisfacción la misión de dejar de pie, orgullosamente erguido, al partido conservador colombiano, que logramos sacar de la humillación de los últimos años. Es una estupenda victoria. En todo el país, 15 senadores recién elegidos dan testimonio del futuro de nuestra colectividad, mientras Gómez y Pastrana, entre los dos, solo pusieron 10 senadores conservadores.

Superamos no solamente al partido personal de Andrés Pastrana, con todo su abuso demostrado de la televisión, con su forma de hacer imagen, en lugar de hacer política, sino que también triplicamos al Movimiento de Salvación, que quedó en vías de extinción. Y les ganamos a los dos sumados. Poniendo de presente que el conservatismo independiente, sin jefaturas hereditarias, es la segunda fuerza política de Colombia. Ojalá Gómez y Pastrana tengan la grandeza que exige el momento, para permitir la unión del conservatismo en el Parlamento.

Tendremos, entonces, bipartidismo.

No me fue dado el privilegio de estar en el Senado, a pesar de haber desarrollado la más penetrante y hermosa de las campañas publicitarias, con un contenido ideológico y moral de primera magnitud.

Ello distrae el ánimo, pasajeramente, pero no lo deprime. Pues mi campaña no era personal. Me coloqué, desde el primer instante, en el terreno ideal: el de la conciencia. Todo lo que dije, e hice, fue producto de una razonada convicción. Estuve donde debía estar. Hice lo debido. Y quedó muy en alto la elegancia de una buena política.

Por ello, por no haber contrariado mis convicciones por razones de estrategia, he quedado inmensamente satisfecho, con el corazón lleno de alegría, como lo exhibí durante toda la campaña, tratando de inculcar a los auditorios un genuino patriotismo.

Y estaré siempre en primera línea, orientando al conservatismo que los jefes abandonaron, para que no se deje destruir el alma por una supuesta adversidad que ya comenzó a superar.

Ese conservatismo, que es un bien cultural de los colombianos, porque pertenece al espíritu, y a la tradición de nuestra nacionalidad.

Alvaro Gómez y Misael Pastrana en realidad no están divididos: se hallan unidos en el empeño de destruir una colectividad de nobles merecimientos, que está viva, por fortuna, en el corazón de las gentes sencillas.

Ahora deben estar pensando en la distribución de sus tres ministerios, y una Caja Agraria, ambición pequeña que desorienta el fin de la alta política, que es la vocación de poder.

Pero el Partido Conservador quedó de pie, aunque sin jefatura, y es de esperar que los 15 senadores elegidos hagan un acto de presencia singular que les permita manejar, con independencia, su nueva situación de fuerza. Ojalá sepan utilizar su predominio no solo para conducir las relaciones con el Gobierno, sino para convertirse, por derecho propio, en la fuerza moral que necesita Colombia.

Quiero agradecer, con el corazón en la mano, la simpatía, y la inmensa solidaridad nacional. Ellas me conmueven y me comprometen. Tuve una votación significativa en todos los departamentos del país. Funcionó la circunscripción nacional. Se hizo sin alianza de Cámaras. Solo con ideas. Espero que ellas puedan ser la semilla de una nueva política, que debemos diseñar desde ahora, con anticipación.

Con Ana María, mis hijos, y todos mis colaboradores le damos las gracias al país.

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