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Camacho no quiso faltar a la cita

Camacho no quiso faltar a la cita

(EDICIÓN BOGOTÁ) Roberto Camacho Weverberg proyectaba la imagen de un político frío y de recio carácter, pero quienes lo conocieron en la intimidad del hogar pudieron descubrir la faceta de un hombre cálido y de actitud paternal que se preocupaba por cada uno de los integrantes de su familia.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

En el Congreso de la República era el hombre de las frases duras, las ironías y los desafíos, como en aquella ocasión en la que le tocó el proyecto para revivir la extradición en Colombia, bajo el enrarecido ambiente de las amenazas.

“Al primero que nos amenace lo extraditamos”, fue su contudente respuesta.

Finalmente, el proyecto fue aprobado bajo su tutela y las amenazas no se hicieron sentir en el transcurso de los debates.

Con ese mismo carácter fue al Caguán, a la zona desmilitarizada, a buscar un acuerdo de intercambio humanitario con la guerrilla. Fue entonces, cuando Jorge Briceño Suárez, conocido como ‘El mono jojoy’, le ofreció un frente guerrillero para que Camacho lo comandara.

Con sentido del humor “Me dijo que yo con ese temperamento debería estar allá manejando la tropa”, relató el representante en una de sus acostumbradas tertulias en el Congreso, en las que siempre estuvo acompañado de su cigarrillo Marlboro.

Aún con ese carácter recio, Camacho tenía tiempo para las bromas. “Manejaba mucho la ironía y con cualquier comentario desarmaba una discusión”, dice el senador Carlos Holguín, jefe del Partido Conservador.

Incluso, Camacho se celebraba sus ácidos comentarios con una inusual forma de reír: agitaba su caja torácica y exhalaba por su nariz en varias ocasiones.

A algunos de sus amigos los trataba con un calificativo muy particular: “Ese es un buen salvaje”. Así llamaba al concejal Severo Correa, uno de sus más fieles escuderos en el Movimiento de Salvación Nacional, y a Milton Rodríguez, su compañero de bancada en la Comisión Primera de la Cámara.

Pero en su casa el trato era distinto. Su obsesión eran sus tres hijos: Roberto, Juan Pablo y María José, así como sus sobrinos, a quienes divertía en las fiestas de diciembre con un disfraz de Papá Noel. “Algunos de sus sobrinos ni siquiera sabían que era Roberto el que se disfrazaba. Fue un secreto que se mantuvo hasta ahora”, cuenta su hermana Ghislaiñe Camacho.

Su esposa Lida relata que su fallecido esposo tenía una relación muy especial con sus hijos y sobrinos y que la principal preocupación fue su formación académica. A Roberto, su hijo mayor, siempre le recomendaba textos de lectura para debatir juntos en la biblioteca de la casa.

La preocupación y compenetración con sus hijos lo hizo ir la semana pasada a un concierto en el que debió soportar un chaparrón que lo resfrío. La fuerte gripa que le dio fue el mejor argumento que utilizó su esposa para recomendarle que no viajara, el pasado domingo, a Caparrapí. Pero, una vez más, apareció su carácter recio y su sentido de compromiso.

El último viaje Camacho viajó a las 8 de la mañana, después de que su esposa y sus tres hijos lo dejaron en el aeropuerto de Guaymaral. El compromiso era recogerlo a las 4 de la tarde en el mismo sitio, pero el representante conservador nunca llegó. Su esposa llamó a Euclides Bonilla, su escolta, pero su celular estaba fuera de servicio. Después, llamó a la Policía de Caparrapí y se encontró con la infausta noticia: su helicóptero se había estrellado contra el Alto de la Virgen.

La vida de Camacho, el hombre que fue boxeador en la Escuela Militar de Cadetes, que había estudiado derecho en la Universidad Javeriana y que había comenzado su vida política en 1976 por cuenta de un ofrecimiento de Gabriel Melo Guevara y que se aprestaba a conquistar una curul en el Senado de la República, había llegado a su fin.

- FISCALÍA INVESTIGA EL ACCIDENTE La Fiscalía General de la Nación, a través de fiscales especializados de la Unidad de Reacción Inmediata, asumió la investigación del accidente en el que perdió la vida el representante conservador Roberto Camacho.

Al lado del congresista también pereció Efrén Bejarano León, diputado de Cundinamarca, contador público de profesión y de 42 años de edad. Fue director regional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar entre el 2000 y el 2003. Era viudo y dejó dos hijas de 20 y 12 años.

También perdió la vida el ex secretario de Gobierno de Cundinamarca Adolfo León Bejarano, quien era casado y tenía varios hijos. Se desempeñó como concejal de Caparrapí en varios periodos. Allegados dijeron que le tenía miedo a viajar en aviones o helicópteros.

La tesorera de Caparrapí, Nelly Bejarano, fue otra de las víctimas. Trabajó en la Secretaría de Hacienda de Cundinamarca. Era hermana del diputado Efrén y sobrina de Adolfo León. Desde enero de este año, fue encargada de las finanzas de Caparrapí.

A ellos se suma el nombre de Euclides Bonilla, en la escolta que le brindó seguridad a Roberto Camacho en los últimos 15 años.

Sus cuerpos fueron velados en el recinto de la Asamblea Departamental de Cundinamarca y hoy serán trasladados a la Funeraria Gaviria

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