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El arquitecto del Asturias

El arquitecto del Asturias

Una embolia pulmonar le produjo ayer la muerte al académico Ignacio Chaves Cuevas, ex director del Instituto Caro y Cuervo, mientras se encontraba pasando unos días de descanso en Iguazú, entre Argentina y Brasil.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

El viernes pasado, Chaves Cuevas, de 67 años, había salido de Bogotá en compañía de su esposa con el propósito de realizar un tour que cubriría Buenos Aires, Bariloche e Iguazú. No tenía problemas de salud. Antes de viajar, Chaves había mandado hacerse un chequeo médico para preparar las vacaciones y los resultados estuvieron bien, según le dijo a EL TIEMPO su hijo Andrés Chaves, que en estos momentos se encuentra en los papeleos para traer a Bogotá el cuerpo de su padre.

Punto final a la obra de Cuervo En marzo pasado, Ignacio Chaves dejó la dirección del Caro y Cuervo, a donde había llegado en 1986. Muchos reconocimientos recibieron él y el Instituto en los años en que la entidad estuvo bajo su mando. El más importante, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, que les fue entregado en 1999. Éste fue un reconocimiento al trabajo que el Caro y Cuervo hizo al completar el Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana, empresa iniciada por el mismo Rufino José Cuervo y que, durante su tiempo en la dirección, Ignacio Chaves se empeñó en finalizar. “Una investigación sin antecedentes sobre el régimen y uso de la lengua castellana”, dijo el jurado del premio.

Junto al Príncipe de Asturias, el Instituto también obtuvo, entre otros, el Premio Bartolomé de las Casas, en el 2001, y el Premio Elio Antonio de Nebrija, que le fue dado por la Universidad de Salamanca en el 2002.

“Ignacio levantó y dio a conocer el Caro y Cuervo por el mundo –dice Fanny Martínez, amiga suya desde hace más de treinta años–. Sus valiosos aportes se expandieron y la Historia sabrá reconocer cuánto valía”.

Filósofo de la Universidad de los Andes, Chaves Cuervo mostró también su amor por la fiesta taurina: fundó y presidió en los años ochenta la Peña del Toro en Bogotá. Pero su real pasión fueron las letras y a ellas les dedicó su vida. Tras su salida del Instituto, siguió vinculado a labores intelectuales en la Universidad Central y en la Academia Colombiana de la Lengua, de la cual era miembro de número y actuaba como secretario perpetuo.

Los proyectos que tenía en camino, según dice su hijo Andrés, estaban relacionados con la escritura de libros que tenía represados.

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