CARTA A BROTHER SIMON

CARTA A BROTHER SIMON

Estimado Simón González: Aunque no lo conozco sino de nombre y por su barracuda, es palpable que hay en todo el país un placer generalizado con su elección como primer gobernador de San Andrés y Providencia. En medio de la política y de la politiquería, su triunfo equivale a un oasis, frente a tanto proselitismo barato y tanta cuña inane, sonoras pero huecas. Sin mar de fondo y sin el golpeante ruido de las olas.

01 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Pero esta carta vía satélite tiene una misión: proponerle que usted haga de la Isla algo grande e importante para Colombia; algo verdaderamente atractivo, para sacarla de dos estanques que constituyen verdadera amenaza para su preservación ecológica y turística. La primera es la proliferación de edificios muy cuestionables desde el punto de vista estético, que están tomándose no ya las calles sino las playas, de seguro bajo la complacencia de ciertos exponentes de la clase política local. Ese alarde del cemento en medio de lo que tan solo deberían ser luna verde y palmas de coco, es un atentado atroz contra la naturaleza. Al que hay que ponerle coto cuanto antes, para no terminar en lo que en Cartagena se ha convertido la entrada a la zona del Laguito, con edificios que parecen colmenas y sin andenes por dónde caminar.

Pero más importante que lo anterior, a mi juicio, es la necesidad de darle a San Andrés un verdadero rostro turístico, para extirpar de raíz ese turismo de chancleta que lo ha invadido desde hace años. Y que es probablemente el que impide que existan hoteles de varias estrellas en lo que debería ser, sin duda, el balneario por excelencia de nuestra patria.

Si algún propósito no pudo sacar adelante el ministro de Desarrollo, por falta de tiempo o de voluntad gubernamental, fue convertir a San Andrés en eso que llaman zonas económicas especiales, con el fin de eliminarle a la Isla sus facciones equívocas de pueblo de mercaderes; de Sanandrecito grande en el que la actividad comercial por lo demás muy lícita tiene sinembargo un sabor barato de cosas pequeña; donde abundan las tienduchas, cargadas de buenos productos, pero faltan los almacenes decorosos, para presentar mejor sus ofertas.

Imagino que usted, brother Simon, se habrá percatado de cómo el Caribe se ha convertido en el sitio de moda para el turismo internacional. Es así como ya no basta con ir a Cancún para conocer lujosos hoteles a precios relativamente módicos paquetes especiales con todo incluído para el viajero, sino que eso mismo se consigue (es decir, playa, sol, brisa, mar y comodidad) en lugares como Jamaica y en todas aquellas islas vecinas de Puerto Rico, como Antigua, en donde se han establecido cadenas como los Hoteles Sandals o los famosos del Club Mediterrané, de los cuales, por desgracia, no existe uno solo en Colombia.

Por qué? Por qué Venezuela sí puede vender excelentes promociones turísticas a Isla Margarita y por qué Colombia no puede hacerlo con San Andrés? El afianzamiento de una auténtica infraestructura turística, sin duda les convendría mucho a los sanandresanos. Ante todo, les dejaría divisas, pero también la continua movilidad de transeúntes no solo en época de temporada abriría nuevas plazas de trabajo para los nativos y así, mediante este desarrollo, se podrían solucionar problemas como el de la falta de agua dulce y otros servicios muy deficientes a los cuales por falta de plata no se les ha dado el debido empujón para modernizarlos.

Y por eso mismo no entiendo por qué se arman tempestades en un vaso de agua, como la que se iba iniciando con el solo anuncio de que el Hotel Isleño puede pasar a manos de una cadena extranjera. No es acaso increíble que el primer centro turístico del país no tenga un solo alojamiento uno! de categoría para atraer el turismo foráneo y, con éste, sus dólares? Ojalá, pues, San Andrés pierda el miedo y no se resigne a seguir siendo la cenicienta del Caribe; el albergue casero de planes veinticinco que aunque han permitido a muchos compatriotas conocer la Isla y llevar sus buenas en veces excesivas dosis de mercancía subfacturada, son también los planes que inevitablemente han perrateado el turismo. Que, desde este punto de vista, debería estar ( por qué no?) a la altura del de Jamaica, St Kitts y San Thomas, para no hablar de Martinica, Aruba y Curazao, auténticos centros recreativos para el descanso y la diversión. Inundados de buenos refugios, restaurantes excelentes, comercio bien presentado y, sobre todo, una armonía urbanística que el confort exigido por los viajeros norteamericanos y europeos no logra afectar.

Y una pregunta gastronómica final, Simón: Por qué en ningún sitio público se puede comer rondón en San Andrés? Resulta acaso vergonzoso promocionar los platos típicos de la región, o es que ellos son para consumo exclusivo de los nativos? Falta, sin duda, engrandecer a San Andrés; acentuar su belleza cambiándole el mal semblante de mercado persa que ha caracterizado a este lugar paradisíaco , tan desperdiciado como incómodo. Y marginado del progreso por la falta de inversión extranjera. Encuestas:no generalizar Algunos comentaristas han convenido en que, entre los grandes derrotados en las elecciones del domingo, hay que incluir, sin vacilaciones, a todos los encuestadores. Eso es injusto. Si bien es cierto que hay, como en todos los campos, firmas irresponsables, cuyas muestras resultaron a la postre erráticas por ser muy poco representativas, existen otras que salvan su honor. Como la de Napoleón Franco y Compañía, quien desde un comienzo decidió no meterse en camisa de once varas, ante la complejidad de los tarjetones y la absurda proliferación de candidatos. En cambio, al doctor Carlos Lemoine le fue menos bien de lo esperado, lo cual no implica que no se trate de un profesional serio y honesto. Hay hubo sondeos de sondeos. Pero excomulgar a los expertos ya tradicionales en nuestro medio, por culpa de unos cuantos primíparos en estas lides, es pagar justos por pecadores. Y eso tampoco...

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