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Por un 2006 sin cumbres

Por un 2006 sin cumbres

Pasan cosas cuando nos enteramos de que detrás de estas organizaciones lo que hay es un montón de ex presidentes, ex ministros, ex directores de organizaciones que no son nada distinto a una interminable colección de desocupados que, por cuenta del reconocimiento que tuvieron en su momento, se dedican a llamar por teléfono a todo presidente que se descuide, en países cercanos y lejanos. Y con las más descaradas disculpas organizan unos encuentros ‘trascendentales’ para la vida del hombre, que no sirven para nada.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

Estos vagos, la mayoría hoy profesionales dedicados al ‘lobby’ -lo cual no tiene nada de malo- logran tramar a jefes de Estado alrededor de los más variados temas. No se sonrojan para convocar de manera urgente en Sharm el Sheikh, Mar Rojo egipcio, a 50 estadistas para definir si la carrera espacial por la conquista de Marte debe continuar, si el dominio de Internet se debe modificar, si se está acabando el agua o el tema de fondo y favorito: cómo acabar con la pobreza.

No niego lo interesante de estos contenidos, pero que no nos nieguen lo inútil de esos encuentros, en donde nada importante pasará. Cada rato escuchamos la frustración que produce una reunión de la OEA o de la ONU, donde nada pasa, pero al fin y al cabo, alrededor de estas organizaciones existe todo un montaje burocrático de la diplomacia imposible de desmontar por la presión de las superpotencias. Pero si a esto le sumamos conferencias, premios que entregan, revistas inexistentes, foros de los periódicos, cumbres, encuentros y clubes especializados, realmente se convertiría en héroe quien se atreviera, como gobernante serio, a excusarse respetuosamente de asistir a tanto evento sin sentido.

Pasan cosas cuando miramos lo sucedido en las últimas semanas: cumbre iberoamericana en Salamanca (España), una OEA paralela pero con paseo más divertido y hasta Rey incluido. ¿Quién le dice que no puede ir a un ex director del BID? Lo más atractivo, periodísticamente, del simpático simposio fue la victoria de un presidente que logró que su propuesta gramatical ganara sobre cómo referirse a los terroristas, guerrilleros y paramilitares. ¿Había que ir hasta allá para llegar a las mismas conclusiones? Cumbre de Mar del Plata: ganador fuera de concurso, el presidente que logró ofender más a sus colegas, incluyendo al Presidente de E.U. Bush, después del ‘summit’ de las Américas se fue a la finca de descanso del Presidente de Brasil y con un par de fotos logró el empate. Todo un pulso entre dos presidentes y el resto de gobernantes, buscando escondederos para no dejarse alinear en la bronca. Club de Madrid en Praga: un gran aparato de relaciones públicas de ex presidentes que quieren aprender las lecciones de lo que significó el paso de la dictadura en Haití.

Uno de los ex mandatarios que asistió tuvo la mala suerte de ser abordado por periodistas que querían saber cuándo se pronunciará sobre el holocausto del Palacio de Justicia de su país que se recordaba ese día por sus 20 años de impunidad. Respondió que el club era muy estricto en sus normas y que les prohibía hablar de temas diferentes a los del encuentro. Algo así como un voto de castidad o confidencialidad para que solamente se hable de Haití y su legado. Pero eso sí, el ex presidente dijo que está preparando un libro en el que comentará los lamentables hechos.

En estos tres ejemplos falta la pimienta del asunto -la posibilidad de que Fidel Castro aparezca-. El ‘coco’ de las reuniones se vuelve una papa caliente y los organizadores, de dientes para afuera, reconfirman el honor para la cumbre, de tener al premier cubano.

Pero detrás de bambalinas todos están haciendo hasta lo imposible para evitarlo. Y es que, si llega, el problema comienza con dónde hospedarlo, con quién lo sientan a desayunar, si habla antes o después de quién y ni pensar qué pasaría si se encuentra en el baño haciendo pipí con el Presidente de E.U. Castro no acepta reglas de juego en sus intervenciones, interrumpirá al que quiera y hará lo que más le gusta: sus pruebas de aguante. No tendrá problema alguno en tomarse el micrófono por tres o cuatro horas.

Cuando no aparece en estos foros de la democracia, muchos de sus asistentes extrañan a Chávez de Venezuela, que toma la palabra y nunca para. En Argentina tardó casi una hora para responder a la primera pregunta de su rueda de prensa. Tanto, que quien formuló el segundo interrogante se atrevió a sugerirle comprar un libro -El poder de síntesis- para ver si todos los periodistas alcanzaban a preguntar. Pasarán cosas si desde ya el presidente de algún país, públicamente anuncia que para el 2006 no habrá cumbres en su agenda. Y si el país es importante, aún mejor. .

Julio Sánchez Cristo Director de La W

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