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Toledo y Labateca le dan gusto al café

Toledo y Labateca le dan gusto al café

“El café ideal es negro como el diablo, caliente como el infierno, puro como un ángel y suave como el amor” Proverbio árabe

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

Solo dos hectáreas de su finca San José de la Compañía, en Toledo, le bastaron a José Abel Rangel para cosechar los 160 kilos que le entregó a la Compañía Hatogrande Campoalegre, ganadora del ‘Cuarto Premio Colombiano a la Calidad de Café para la Preparación Espresso’, que promocionan la firma italiana Illycaffé y la Federación Nacional de Cafeteros.

Aunque su aporte no fue mucho, sí contribuyó para reunir los 15.000 kilos con los cuales esta organización, de 30 familias cafeteras de Toledo y Labateca, pudo no solo participar en uno de los dos concursos de mayor prestigio que se realiza en Colombia, sino ganar el primer puesto por encima de regiones con mayor tradición cafetera en el país.

El premio, entregado el pasado 21 de octubre en Bogotá, les dio también la oportunidad a estos dos municipios de reafirmarse como las poblaciones que producen el mejor café del país.

Otro grupo, el de la Organización Ecocafest, integrado también por 30 familias, fue escogido como segundo por el jurado italiano, entre 106 caficultores de toda Colombia.

“Haber ganado nos dio a conocer en el plano internacional, porque tenemos un café de altísima calidad, como dicen los diplomas que nos dieron. Eso motiva a los cultivadores a seguir sembrando y a seguirlo beneficiando”, confiesa Rangel, de 70 años, y quien recibió los 10.000 dólares de premio y un trofeo, en representación de su comunidad.

Como el resto de las 1.650 familias cultivadoras de café de Toledo y 900 de Labateca, Rangel ha venido cambiando hace tres años la manera de sembrar el grano en su finca, que compró hace medio siglo. Pasó de los cafetales envejecidos a renovar con variedades más resistentes a enfermedades como la roya.

Los cuidados El campesino también cambió la cultura de recolectar únicamente café maduro, porque él, como los demás caficultores de su zona, se ha dado cuenta de que el verde, el sobremaduro y el seco dañan la tasa y la presentación del café y acarrea más costos para el caficultor. Esos cuidados les permiten coger un grano más grueso, consistente, mejor formado y con el aroma y sabor que lo caracteriza.

“Alguna vez me decían que a qué hora le echábamos el chocolate al café, porque cuando los ‘gringos’ conocieron el nuestro le reconocieron esa característica, pues les sabía achocolatado y a nueces tostadas”, explica Rangel, a quien le pagaron el café ganador con un 21 por ciento sobre el precio normal en los mercados internacionales.

Ana Belén Manrique, directora ejecutiva del Comité de Cafeteros de Norte de Santander, asegura que en el departamento existen 28.386 hectáreas de café, distribuidas en 34 de los 40 municipios del departamento.

Manrique agrega que es tan buena la calidad del grano de esta región que la Federación lo utiliza para mejorar otros cafés y exportarlo. “Los secretos son los sombríos, los microclimas, el terreno y la influencia del Parque Natural El Tamá”, precisa la mujer, quien dice que la empresa estadounidense Community Coffee Company compra en cada cosecha 500.000 kilos del café de Toledo por ser de un sabor especial.

Ciro Alfonso Mora, técnico extensionista del Comité de Cafeteros en Toledo, afirma que hay varios secretos para que el café de la región tenga ese sabor único, pero que el más importante es la calidad humana de la gente: “Sin ella no podríamos tener este excelente producto. El caficultor y su familia son la base fundamental de este proceso. Luego hay otros secretos importantes que permiten mejorar el grano”, dice.

Por ahora y mientras llega la oportunidad de participar en un nuevo concurso, Rangel le seguirá invirtiendo tiempo y dinero al café que tiene sembrado en su finca, donde en pocos años espera recolectar las 120 cargas por cosecha que les daban hace medio siglo las primeras plantas.

“Yo creo que Toledo va a llegar a ser el mayor productor de café en el departamento, porque la gente está muy motivada y todos estos triunfos, éxitos y calidad hace que todo el mundo se vaya tecnificando. Si los caficultores renovaran en un 60 por ciento de su área fácilmente estaríamos muy pronto en el primer lugar de producción”, dice el caficultor.

Desde ya, los 2.550 cultivadores de café de Toledo y Labateca recogen con cuidado los granos de la actual cosecha, que empezó en octubre y terminará en marzo próximo. Con esa producción esperan proyectarse al concurso del próximo año, en el que esperan participar con varios grupos y poder traerse nuevamente el premio para Toledo y Labateca.

Ahora más calidad que cantidad Aunque se dice que Norte de Santander fue la cuna del café en Colombia, su producción es de apenas el 3 por ciento del país.

Frente al Eje Cafetero, donde hay fincas hasta de 80 hectáreas, se está en desventaja porque los predios, por ejemplo, de Toledo son minifundios, es decir, pe-queñas áreas de 1.600 familias caficultoras con 1.500 hectáreas que da un promedio de 0,90 hectárea por caficultor.

Otra ventaja de algunos departamentos como Quindío, Risaralda y Caldas es que ya tecnificaron casi la totalidad de sus cafetales, mientras acá se han quedado con el café tradicional.

Sin embargo, impera la calidad porque se hace un beneficio y trabajo muy familiar. Son pequeños parceleros donde el esposo con sus hijos y vecinos se ayudan en pequeños grupos y así hacen la recolección, logran el beneficio y le dan un buen trato al café. Además, la posición geográfica ha permitido tener los cultivos bajo sombra, uno de los secretos y las armas que se tienen guardadas frente a otros cultivos del país.

Toledo y Labateca, por su parte, tampoco son los mayores productores de Norte de Santander. Toledo produce el 3,49 y Labateca el 1,94 de todo el departamento, que al año entrega 15’234.168 kilos, siendo Convención y San Calixto los más prósperos en cantidad, entre los 33 municipios donde se cultiva este producto.

“Lo que ocurre con los municipios de mayor producción es que adoptaron la renovación del café con mayor énfasis. En Toledo y Labateca, en cambio, lo que impera es el café tradicional, la buena calidad y el caficultor ha sido un poco lento en asimilar ese proceso, pero en unos cinco años vamos a estar superando a los demás”, explica Ciro Alfonso Mora, técnico extensionista del Comité de Cafeteros en Toledo.

Octavo puesto en ‘Taza de excelencia’ Previo al evento de Illycaffé, otro grupo de caficultores de Toledo, integrado por las parejas de hermanos Adriano e Ignacio Delgado Angarita y Agustín y José Benigno Vargas Leal, ocupó el octavo lugar en el concurso ‘Taza de excelencia’, que premió como mejor café a cultivadores de Huila, en ceremonia que se realizó el pasado 10 de agosto, en Bucaramanga.

La experiencia para los toledeños fue única, no solo por ser la primera vez que participaban, sino porque dieron a conocer el café nortesantandereano ante el mundo, a tal punto que los 2.000 kilos que presentaron al concurso se los pagaron a 5,45 dólares la libra, por parte de un grupo de compradores japoneses que lo comercializó en subasta pública por Internet.

“Por culpa del concurso me di un champú, ya que monté por primera vez en avión y estuve reunido con extranjeros en Manizales, Bogotá y Bucaramanga, donde nos premiaron con 14 millones de pesos”, dijo Adriano Delgado, que fue en representación de sus colegas y de su hermano y con quienes se repartió el dinero.

Los cuatro productores, que aportaron entre 106 y 701 kilos de sus respectivas fincas, son vecinos de la vereda La Camacha, ubicada a 2.700 metros de altura sobre el nivel del mar, junto al Parque Natural Tamá.

“Fue un orgullo para todos los caficultores de Toledo, porque si bien no ganamos, que era muy difícil, nos reconocieron la calidad de nuestro café entre 180 muestras que se presentaron. Al final, quedamos entre los 25 mejores, que fue a los que nos dieron premios”, sostuvo José Benigno Vargas, que reinvirtió el dinero recibido en sus cafetales.

El ganador en la ‘Taza de Excelencia’ fue un grupo del Huila que vendió la libra del café a 19 dólares. “Ganan más porque el precio depende del comprador que le guste el café de determinada región y paga lo que él quiera por ese producto”, explica Ana Belén Manrique, director ejecutiva del Comité de Cafeteros de Norte de Santander

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