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El acuerdo sobre lo fundamental

El acuerdo sobre lo fundamental

(EDICIÓN BOGOTÁ) Creo que fue leyendo a Harold Laski cuando tropecé, por vez primera, con el acuerdo sobre lo fundamental. En los años 40 corría el tema con singular fortuna entre los ensayistas británicos y norteamericanos, pero siempre pienso que tuvo su origen en la cátedra que dictaba Laski en la London School. Sin embargo, eran muy numerosos quienes le sacaban jugo al asunto. Algo comparable a lo que está ocurriendo en Colombia. La diferencia estriba en el alcance que se le atribuye al “acuerdo sobre lo fundamental” entre los sociólogos de los dos países.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

En Inglaterra se debatía acerca del contraste entre los regímenes democráticos y los dictatoriales, originados en el eje Roma-Berlín. ¿Por qué el régimen democrático se abría paso en determinados países, a tiempo que, en otros, se imponía un régimen dictatorial? La respuesta a flor de labio era la de que la condición previa para la consolidación de la democracia residía en el “acuerdo sobre lo fundamental”. Y, se agregaba, que dicho acuerdo debía versar sobre el derecho de propiedad, porque mientras existiera discrepancia en cuanto a que el Estado protegiera la propiedad privada, o promoviera su abolición, podía decirse que no había acuerdo sobre lo fundamental, ya que la existencia de la propiedad privada y la escogencia entre el marxismo y el capitalismo no puede ser objeto del debate de opinión, que se decide por votación, sino que se resuelve a tiros.

Media Europa Occidental perseveraba en mantener la institución de la propiedad privada, mientas que la Europa Oriental, inspirada por el régimen soviético y la ideología marxista, propiciaba, como motor de desarrollo, la confiscación de los medios de producción de los particulares, o sea la propiedad privada. Algo fácil de entender a la luz del solitario y heroico régimen marxista que impera en Cuba. ¿Quién se imagina unas elecciones en la isla para resolver si se les devuelve la propiedad a los dueños de los ingenios azucareros, es decir, si se regresa al régimen capitalista, o si se mantiene el comunismo, con sus implicaciones sobre el derecho de propiedad? Decían los ingleses, con razón, que en donde no impera un “acuerdo sobre lo fundamental”, mal podía funcionar un régimen democrático orientado a cuestionar amistosamente ciertas divergencias ideológicas, si no era contando con compartir el derecho a la libertad, el derecho a la vida y el derecho a la propiedad, que desde los tiempos de Locke y la existencia del contrato social, es decir, desde el siglo XVII, son los pilares del régimen democrático, precisamente por constituir el acuerdo sobre lo fundamental, que escapa a cuestionamientos políticos.

En efecto, al desaparecer el origen divino del poder público, o sea, el Derecho Divino de los reyes, la soberanía vino a reposar sobre el consentimiento de los ciudadanos que, se suponía, en el pasado habían celebrado un contrato para guardar el orden, contrato por medio del cual delegaban en el Estado el derecho a hacer justicia, renunciando a hacerla por su propia mano y depositando en él sus presuntos derechos, salvo el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la propiedad. Se trata, pues, de una cuestión cuatro veces secular y no de un descubrimiento reciente sobre las precondiciones de la democracia.

En cambio, el concepto colombiano contemporáneo no se limita al acuerdo sobre lo fundamental en este sentido restrictivo, ni se relaciona con el contrato social de Hooker, Hobbes y Locke, sino que se emparienta más bien con el llamado Pacto del Pardo, del siglo XIX, por medio del cual, en España, los liberales de Sagasta y los conservadores de Cánovas convinieron en turnarse en el gobierno y aplazar sus controversias durante la minoría de edad del rey y la regencia de la reina, o sea, una especie de Frente Nacional, constituido por un entendimiento entre los partidos mayoritarios, para repartirse la burocracia, gracias a sucesivos turnos en el gobierno de la nación.

Fue, en nuestro suelo, el sistema que imperó por más de doce años, a raíz de la caída del régimen militar y del inicio del llamado Frente Nacional que, aparentemente, se quiere restaurar con el nuevo partido, fruto de la fusión de los partidos históricos, como si lo fundamental, a que se refiere el acuerdo, fuera el reparto equitativo del poder para apaciguar los ánimos, una verdadera distorsión del acuerdo sobre lo fundamental a que se referían los comentaristas ingleses del siglo XX, haciendo del derecho de propiedad, a la libertad y a la vida, excepciones a la controversia política. Nadie atenta contra el derecho a la vida, pero el derecho a la libertad está sujeto a diversas interpretaciones, mientras lo que establece una diferencia o un acuerdo fundamental es la posición frente al derecho de propiedad

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