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‘Perdí a 83 de los míos’

‘Perdí a 83 de los míos’

(EDICIÓN BOGOTÁ) El 13 de noviembre de 1985 Eduardo Rojas dejó de ser hincha de fútbol. Ese día, mientras vibraba con los dos goles que Millonarios le marcó al Cali en el Estadio Nemesio Camacho El Campín, 83 familiares suyos, entre ellos su papá, sus hermanos y un ejército de primos, tíos y sobrinos era sepultado por la furia del Nevado del Ruiz.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

“Si usted nos hubiera visto. Parecíamos paisas. En ese pueblo vivíamos todos y a veces no sabía si este o aquel era primo o sobrino. Y créame, ¡no apareció ninguno!”.

Cuenta su historia sentado a la sombra de un palo de mango en Armero- Guayabal, un corregimiento a cinco minutos del antiguo Armero que se convirtió en cabecera municipal después de la tragedia y donde se establecieron la mayoría de los sobrevivientes.

Dice que ha sido duro seguir, sobre todo sin su padre, uno de los comerciantes más prósperos del pueblo. Además, sin sus hermanos Teresa y Alfonso, ferreteros, y sin Roberto, un agente viajero de la Papelería Iberia.

Eduardo interrumpe para destrabar su garganta hecha trizas, a veces por la amargura y a veces por los efectos del cigarrillo.

‘Bigotes’, como es conocido este hombre de 66 años de mostacho amarillo por la nicotina, creció en Armero y era reconocido como un exitoso manejador de artistas, entre ellos Pastor López y Nelson Henríquez.

Y ese empresario es hoy instalador de gas y hacedor de ventanas en aluminio, como consta en unos certificados del Sena. Además, vende empanadas y reparte el correo.

“Eran las 2 de la tarde –cuenta–. Yo estaba en Bucaramanga cerrando un negocio y me iba para Bogotá a ver el partido. Llamé a mi casa antes de coger el avión y le dije a mi papá que en la radio estaban jodiendo mucho con lo de la ceniza en Armero, que se montara en uno de los carros de la familia y que se fuera para Bogotá, que allá nos encontrábamos.

El viejo no hizo caso. “Eso es una cenicita pendeja, mijo”, le dijo.

Horas después se volcaron sobre Armero cerca de 350 millones de metros cúbicos de piedra y lodo. Hoy, ‘Bigotes’ dice que la de 1985 fue una Navidad amarga. Fue para esa época que hizo el macabro inventario de familiares desaparecidos. Sosteniendo tembloroso un nuevo cigarrillo, reitera que la lista llegó a 83. Afirma que la tragedia no ha terminado. Ni para él ni para las cerca de 400 personas que representa como líder de la Asociación Casa Armerita.

Y aunque para el personero de Armero- Guayabal, Juan Lozada, hoy es inaudito hablar de damnificados, ‘Bigotes’ cree que la miseria en la que viven algunos de sus amigos y ex vecinos es responsabilidad del gobierno local.

“Dónde está tanta plata que han mandado de todas partes. Por qué en vez de estar construyendo monumentos no le dan de comer a tanto paisano miserable.

Por decir estas cosas me han amenazado de muerte”, agrega.

“Tuve rencor con Dios. Ya no. Fíjese que me volvió a dar una familia”.

Entonces abraza a su hija de 17 años, que llega con una bandeja y dos vasos de agua fría.

andros@eltiempo.com.co.

HISTORIA DE LOS OÍDOS SORDOS.

Despierta el volcán Septiembre de 1984: El río Lagunilla se represa por rocas desprendidas del volcán Nevado del Ruiz. El Comité Local de Emergencias dice que se necesita un plan de prevención. Superar la emergencia costaba 11 millones de pesos.

Octubre-diciembre: El volcán sigue en actividad. Se advierte una eventual erupción.

Alerta de avalancha Febrero-octubre de 1985: Expertos colombianos y estadounidenses insisten en un eventual deshielo del Nevado por recalentamiento del cráter Arenas.

Una visita a la zona revela enormes rocas que represan el río Lagunilla y se advierte una eventual avalancha. El alcalde de Armero, Ramón Rodríguez, muerto en la tragedia, plantea evacuar la población.

Advertencia al Congreso Septiembre-octubre de 1985: El representante por Caldas Hernando Arango cita a cuatro ministros por el inminente riesgo del Ruiz. “…el próximo desbordamiento del Lagunilla, si fallan las medidas preventivas, sobrevendrá a mediados de noviembre del presente año…”, dijo el historiador Helio Fabio González, en El Derecho.

Armero desaparece 13 de noviembre de 1985: 10:30 de la noche el Arenas explota con furia. Un casquete del Nevado del Ruiz se derrite. Un lahar –masa de lodo caliente, piedras y tierra– de 2 kilómetros de ancho baja por la pendiente del volcán y luego, por el cañón del Lagunilla. En menos de una hora Armero desaparece y con él, al menos 25.000 personas.

'Nadie es responsable' 19 de noviembre de 1995: “La causa de la tragedia, aunque previsible, le fue irresistible (al Estado).

“No hay responsabilidad oficial por un desastre de la naturaleza”, dijo la Sala Plena del Consejo de Estado al ocuparse por primera vez del tema y exonerar a la Nación de responder económicamente a 40 sobrevivientes.

RECUERDOS DE ESE 13 DE NOVIEMBRE.

El piloto Fernando Rivera , que sobrevoló el pueblo al amanecer, fue quien le dijo al mundo que Armero había desaparecido .El primer parte oficial dio cuenta de 22.341 muertos. La parte más alta de la población, a donde lograron llegar algunos habitantes , se convirtió en la ‘isla’ de la salvación.

CONSUELO NO NACIÓ “A mi esposa Blanca Cecilia le faltaban 10 días para dar a luz”, dice con un dejo de tristeza el médico Lizardo Moreno. La rescataron tres días después del lugar donde quedó aprisionada. Le hicieron cesárea y murió. El niño nació muerto. “Era un varón ”, aclara el médico cuando se le pregunta por la supuesta niña suya que nació el día que murió Omaira, y que según publicaciones de la época se llamó Consuelo.

'LA VIRGEN DIVIDIÓ LA AVALANCHA' Aunque la avalancha se encontró de frente con la hacienda El Puente, el caudal de piedra y lodo terminó pasando por lado y lado y no la tocó. Solo unas piedrecillas cayeron a la piscina. El administrador, Armando Ayala, dice que deben el milagro a la Virgen que Ana Arboleda de Rebolledo, la dueña, puso allí en los años 30 para proteger la finca del volcán.

SE SALVÓ EN EL PROSTÍBULO La rasca que alimentaba tras copa y copa ese martes en el prostíbulo, una de las pocas construcciones que no se fue con la avalancha, le permite hoy a Álvaro Lozano, un aserrador de 44 años, recordar la noche en que la tierra bramó. Su familia pensó que la avalancha se lo había llevado, “pero al borrachito no se lo lleva nadie. Armero era muy bueno. ¡Qué lástima que se haya acabado!”, dice.

UNA ESPINA EN EL CORAZÓN Fernando Lozada Acosta corrió a casa de su abuela Ismenia Torres. “La saqué en hombros a un helipuerto para que la evacuaran. Jamás volví a saber de ella. Por tres años visitamos casi toda Colombia, donde hubiera listas de armeritas”. La incertidumbre no lo deja tranquilo. “Es una espina que no me sale del corazón. Es la hora que no sabemos…”, dice el segundo armerita que es alcalde de Armero-Guayabal en 20 años.

SE LAS ECHÓ A CUESTAS Benicio Cruz no parece un héroe. Todos en Armero-Guayabal lo conocen, más bien, como un humilde fotógrafo. Lo que nadie sabe es que este hombre de 55 años les salvó la vida a dos mujeres que se tropezó en medio de la avalancha. Aferrado a un madero, en medio del lodo, se las echó a cuestas y así las mantuvo durante dos días.

Benicio Cruz Barragán.

CARTILLA PARA NO OLVIDAR Freddy Gutiérrez recuerda que pasadas las 3 de la tarde de ese miércoles se puso oscuro y comenzó a llover ceniza. Era la primera vez. “No se informó del riesgo, los lodos bañaron antes el valle de Armero y la historia se repitió”, dice el hoy presidente de la Cruz Roja de Armero-Guayabal, que alista una cartilla sobre las avalanchas del Ruiz “para que los niños conozcan una historia que no se debe repetir”.

Freddy Gutiérrez

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