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¡Arde Francia!

¡Arde Francia!

El mundo mira con inquietud lo que sucede en Francia. Ocho mil vehículos han sido incendiados en los últimos diez días. El Gobierno se vio obligado a permitir que, en ciertas regiones del país, se aplique el toque de queda durante las noches. La policía parece incapaz de contener unas manifestaciones violentas que siguen produciendo cerca de 500 vehículos incendiados cada noche. Habría que volver a las épicas jornadas de mayo de 1968 para encontrar una perturbación tan grave del orden público en Francia.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

Algunos países han decidido recomendar a sus ciudadanos no viajar a este país. El portavoz del Gobierno reúne a la prensa extranjera para solicitarle no magnificar los hechos y evitar que las noticias afecten negativamente el turismo, uno de los principales renglones de la economía gala. Las naciones vecinas como Alemania y Bélgica temen que los incidentes que se presentan en Francia se trasladen a sus ciudades y terminen por ampliar la magnitud del problema. Hay rumores que los vándalos piensan atacar París, hasta ahora una de las pocas grandes ciudades no afectada por los hechos violentos. El prefecto de policía prohibió cualquier tipo de reunión pública en la capital y reforzó de manera muy visible las medidas de seguridad para prevenir actos como los que se producen en la mayoría de las principales ciudades galas como Lyon, Burdeos o Tolosa.

¿QUÉ SUCEDE? Muchos franceses se preguntan cuál es el origen de este imprevisto brote de iolencia urbana. El gobierno del presidente Jacques Chirac y de su primer inistro Dominique de Villepin fue también sin duda sorprendido por la magnitud de los hechos.

La realidad es que este tipo de violencia urbana no es nueva en Francia.

Desde enero de este año, cerca de treinta mil automóviles han sido incendiados, lo que demuestra la gravedad del malestar que golpea a los barrios populares que se encuentran en la periferia de los grandes centros urbanos.

La última ola de violencia estalló cuando dos menores, que aparentemente huían de la policía en el suburbio parisino de Clichy Sous Bois, murieron quemados al refugiarse en un transformador de energía. Al regarse la noticia del deceso de los adolescentes, grupos de jóvenes iniciaron la quema de automóviles y los enfrentamientos con la fuerza pública. Posteriormente, un nuevo incidente vino a agravar la situación. Elementos no identificados lanzaron una granada lacrimógena en una mezquita en la que se encontraban numerosos feligreses en el momento de su plegaria. Dado que en estos centros urbanos habita un porcentaje significativo de la población de religión musulmana, el hecho fue considerado como una provocación adicional y un irrespeto al centro de culto.

Rápidamente las protestas se extendieron a otros suburbios cercanos a París.

El segundo día cerca de mil doscientos vehículos fueron incendiados. Hubo ataques a colegios, centros deportivos y edificios públicos. A partir del cuarto día, la policía estaba evidentemente desbordada pues los incidentes no se presentaban únicamente en los barrios obreros que circundan a la capital, sino también en los cuatro rincones del país.

Ante la gravedad de la situación, el ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, se desplazó a las zonas más difíciles para analizar la situación. En declaraciones a la prensa, tildó a los manifestantes de "canallas" lo que generó aún más violencia. Sarkozy es una de las figuras políticas más importantes de Francia. Aunque forma parte del gobierno, es un rival del presidente Chirac. Las relaciones con el primer ministro De Villepin son de gran desconfianza mutua. Esta división interna del gobierno ha sido muy criticada en estos momentos en los cuales la población reclama una acción enérgica para restablecer el orden. Ante la gravedad de la situación, los dos bandos de la mayoría parlamentaria han decidido silenciar sus discrepancias y mostrar una actitud de firmeza.

FRUSTRACIÓN Y RACISMO Cuando se analiza el perfil de los autores de estos hechos violentos se observa que se trata de menores de treinta años, en su mayoría hijos de inmigrantes nacidos en Francia. Muchos de ellos son de familias originarias de países que fueron antiguas colonias francesas como el Mahgreb (Túnez, Argelia y Marruecos) o África Negra (Senegal, Costa de Marfil, Malí, Camerún principalmente). Un alto porcentaje de ellos son de tradición islámica.

Estos jóvenes, que nacieron en Francia y han sido educados en el sistema escolar galo tienen enormes dificultades para integrarse en la vida activa.

Su tasa de desempleo es tres veces superior a la de los jóvenes franceses que no tienen origen extranjero. Treinta por ciento de ellos ha abandonado el sistema escolar lo que agrava más su condición de marginalidad.

La crisis social viene acompañada de la proliferación de áreas donde la policía tiene una presencia esporádica y generalmente de carácter represivo.

Ello explica que los jóvenes tengan poca confianza en las autoridades y reaccionen violentamente cuando se presentan incidentes.

Estos grupos marginales son víctimas del fracaso del modelo de integración francés. No obstante que la mayoría de ellos son franceses, en la realidad son ciudadanos de segundo rango, con pocas posibilidades de superar su condición de pobreza y enfrentar un entorno donde el racismo abierto o implícito es evidente. Hay que recordar que en las últimas elecciones presidenciales, la segunda vuelta enfrentó al actual presidente Chirac con el líder del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen. Aunque Chirac fue elegido con una amplia mayoría, uno de cada cinco franceses voto por las tesis abiertamente racistas que proponía la extrema derecha.

Algunos sectores consideran que la integración a la francesa ha demostrado sus límites y señalan que la opción británica produce mejores resultados sociales.

Según algunos de los críticos del modelo francés, la asimilación de poblaciones con tradiciones muy diferentes a la francesa ha fracasado dejando una estela de ghettos con poblaciones frustradas, resentidas y aisladas. La violencia sería entonces una forma de expresión de estos grupos que se sienten ignorados, rechazados y abandonados por el gobierno y la sociedad. Muchos se preguntan cuál es el significado actual del lema republicano "libertad, igualdad y fraternidad".

¿QUÉ SIGUE? Aunque después de la implantación del toque de queda los niveles de violencia han disminuido, muchos se preguntan si el gobierno ha logrado conjurar la crisis. La mayoría de los partidos han aprobado las medidas adoptadas y han pedido el retorno a la tranquilidad. Pero es evidente que los hechos son el reflejo de una grave crisis que no podrá ser resuelta sólo con medidas policivas. El Gobierno anuncia nuevos programas para mejorar las posibilidades de inserción de estos jóvenes en la vida activa. También propone establecer mecanismos de diálogo y mediación que generen un ambiente de confianza entre la población y las autoridades. Todo dependerá de la reacción y compromiso de los gobiernos locales y de las asociaciones de ciudadanos que deberán llevar el liderazgo de la acción.

Algunas analistas estiman que esta crisis ha beneficiado al Gobierno.

Piensan que el lenguaje de firmeza y las medidas represivas son bien recibidas por la mayoría de los franceses. Pero no está claro si ello beneficiaría a Nicolás Sarkozy o al primer ministro De Villepin. El primero le apuesta a recuperar el voto de la extrema derecha y el segundo desea posicionarse como un hombre capaz de manejar crisis.

La mayoría de la prensa considera que el presidente Chirac pierde popularidad pues tardó en reaccionar públicamente frente a los hechos y aparece como desbordado por la crisis interna. Esta circunstancia parece ratificar que el ocaso de su presidencia es evidente y que estaría muy debilitado para aspirar nuevamente a la reelección en mayo del 2007.

Otros piensan que el Gobierno actual ha sido incapaz de entender el malestar francés. Los partidos de izquierda argumentan que la crisis social ha sido agravada por las medidas adoptadas y por la ausencia de liderazgo del trío Chirac- De Villepin- Sarkozy. Sin duda recordarán a los electores la gravedad de los hechos recientes y aprovecharán para criticar la opción represiva adoptada por el Gobierno.

Las semanas que siguen serán claves para saber si el gobierno ha logrado calmar los espíritus y recuperar totalmente el control del orden público.

También podrá evaluarse el costo o beneficio político de lo acontecido e identificar los ganadores y perdedores de estas jornadas calientes. Pero lo difícil estará por hacer. Será necesario abrir un amplio debate que permita analizar las debilidades del modelo social francés. Francia no podrá dormir tranquila mientras no enfrente con decisión estos fenómenos de exclusión y marginalidad.

EXPECTATIVA.

Las semanas que siguen serán claves para saber si el Gobierno ha logrado calmar los espíritus y recuperar totalmente el control del orden público.”

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