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HALLAN CADÁVER DE MARINA MONTOYA

El drama de la familia Montoya tuvo un nuevo y doloroso capítulo: Marina Montoya de Pérez fue asesinada hace siete días por Los Extraditables , pero su cuerpo solo fue descubierto y exhumado ayer de una fosa común del Cementerio del Sur en Bogotá. El cadáver de la dama que presentaba golpes en la región toráxica y algunas marcas en las yemas de los dedos fue reconocido por Alvaro Diego, su sobrino, quien hace un año fue secuestrado durante 33 días por las mafias del narcotráfico.

01 de febrero 1991 , 12:00 a.m.

Doña Marina había sido sepultada como NN después de permanecer una semana en el anfiteatro del Instituto de Medicina Legal, a donde fue conducida después de su hallazgo en un terreno valdío de la calle 193 entre carreras 39 y 40, al norte de la capital.

Médicos legistas informaron que el hallazgo se produjo el pasado jueves 24 de enero a las 10:25 de la mañana, horas antes de que muriera Diana Turbay, en el frustrado operativo en Copacabana (Antioquia).

El cuerpo sin vida fue descubierto por algunos vecinos que avisaron a un agente de Policía, quien a su vez informó al juez 78 de Instrucción Criminal Permanente.

Antes del mediodía de aquel jueves una voz anónima llamó a una estación radial para informar que la hermana de Germán Montoya, ex secretario general de la Presidencia y actual embajador en Canadá había sido ejecutada por Los Extraditables .

El hombre no dio mayores detalles y los periodistas de la emisora no pudieron confirmar el hecho.

El funcionario practicó el levantamiento del cadáver y en el acta respectiva, suscrita bajo el número 105-0029, consignó que se trataba de una mujer de aproximadamente 60 años de edad, abundante cabello rubio, descalza, vestida con sudadera rosada y medias café, que presentaba seis heridas con arma de fuego en la cara y el cráneo, todas con orificio de salida, producidas por balas de calibre 9 milímetros .

Uno de los porteros del Colegio San Carlos, situado cerca del lugar, que dijo haber presenciado el levantamiento, recordó que cuando este se produjo el cuerpo todavía estaba caliente.

Según un comunicado del Ministerio de Justicia, como doña Marina no llevaba documentos de identificación y nadie reclamó su cadáver, se ordenó al Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) efectuar un cotejo dactilar que solo ayer produjo resultados positivos.

La diligencia fue acelerada a raíz de la divulgación de un comunicado de Los Extraditables en el que admitían haber decidido la ejecución de la rehén.

Funcionarios de Medicina Legal informaron que hacia las 6 de la tarde del día en que fue hallado el cuerpo, remitieron la ficha dactilar a la Registraduría pero nunca se produjo una respuesta.

No obstante, el registrador nacional, Gustavo Ardila Duarte, sostuvo que ese organismo está en capacidad de realizar cotejos decadactilares para identificación de personas en cuestión de horas, siempre y cuando se haya producido la respectiva solicitud judicial.

Si ha habido negligencia en este caso u otros, no es atribuible a la Registraduría , dijo Ardila.

Francisco Ospina, conductor del vehículo utilizado habitualmente para el traslado de cadáveres enviados a fosa común, dijo que el cuerpo de la dama presentaba perforaciones en el rostro, el cuello y la cabeza.

Dijo que ese día tuvo mucho trabajo porque también le correspondió llevar al Cementerio los cuerpos sin identificar de cinco hombres y un niño.

Los despojos de la rehén fueron exhumados en horas de la tarde de ayer, por petición de la juez 22 de Instrucción Criminal, Miriam Ardila, acogida por la Empresa Distrital de Servicios Públicos (Edis), administradora del cementerio.

Alvaro Diego Montoya no dudó al reconocer el cuerpo de su tía, que nuevamente fue trasladado a Medicina Legal donde los forenses realizaron la necropsia oficial.

Marina Montoya de Pérez fue secuestrada el 19 de septiembre cuando salía del restaurante Las Tías, de su propiedad, situado en el barrio Polo Club del norte de Bogotá.

La retención de la dama fue ejecutada pocas horas antes de que otro grupo hiciera rehén al periodista Francisco Santos, Jefe de Redacción de EL TIEMPO.

Durante los 120 días de su cautiverio los captores no enviaron a la familia Montoya ninguna prueba de supervivencia ni hicieron exigencia alguna.