LA CÁMARA NO APROBÓ EL PRESUPUESTO A PUNTO DE PARÁLIZARSE EL GOBIERNO ESTADOUNIDENSE

LA CÁMARA NO APROBÓ EL PRESUPUESTO A PUNTO DE PARÁLIZARSE EL GOBIERNO ESTADOUNIDENSE

La Cámara de Representantes, pese a las exhortaciones del presidente George Bush y los líderes de los partidos Republicano y Demócrata, rechazó un plan para reducir el déficit federal en los próximos cinco años en 500.000 millones de dólares. Y la Casa Blanca reiteró que el presidente no apoyaría una extensión del presupuesto que permitiría continuar el funcionamiento del Gobierno. El resultado de la votación es que Estados Unidos se encontró ayer sin presupuesto y sin créditos para hacer funcionar la gigantesca maquinaria de la administración.

06 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

En teoría, a partir del lunes cientos de miles de funcionarios podrían encontrarse en la calle por falta de fondos, y servicios enteros del Gobierno podrían verse paralizados, entre ellos el tráfico aéreo.

Bush convocó a una reunión de gabinete para analizar el presupuesto y un posible cese del funcionamiento del Gobierno a medianoche , dijo el vocero presidencial Marlin Fitzwater. Al cierre de esta edición, no se había llegado a acuerdo alguno. Fitzwater añadió que el Presidente estaba decepcionado por la decisión de ayer de la Cámara pero mantenía firmemente su oposición a una ley de gastos de corto plazo.

La votación de 254 sufragios en contra y 179 a favor de las medidas acordadas por Bush y las autoridades legislativas, representó una rebelión de los congresitas tanto del partido oficialista Republicano, como el opositor Demócrata, ante un propuesto aumento de los costos del Medicare --de financiación de los gastos médicos de los jubilados--, y de los impuestos a la gasolina, el tabaco y el alcohol. Esto haría que los contribuyentes de medianos ingresos soportaran una carga proporcionalmente mayor que los más acaudalados.

El presidente de la Cámara, el demócrata Thomas Foley, quien desempeñó un importante papel en la negociación del acuerdo, dijo que le pediría a la Cámara que aprobara una extensión de corto plazo de la autoridad del Gobierno para continur gastando dinero y, al mismo tiempo, un aplazamiento de los cortes de gastos generalizados por 85.000 millones de dólares a los que obliga una ley de reducción del déficit denominada Gramm-Rudman. La ley se debe aplicar en caso de que no se apruebe otra forma de reducción.

Bush y los otros promotores del plan efectuaron una intensa campaña personal para convencer a los legisladores que lo aprobaran. Pero evidentemente no lo lograron, especialmente en el caso de los congresistas cuyas bancas estarán en juego en las elecciones del 6 de noviembre próximo.

La derrota fue particularmente dura para Bush, ya que 105 de los 176 representantes de su partido votaron contra ese compromiso. Sus adversarios lograron el respaldo de 149 de los 258 demócratas, mostrando que el rechazo al acuerdo supera las fronteras partidarias.

Los republicanos conservadores, dirigidos por su número dos en la Cámara, Newt Gingrich, en abierta rebelión contra la jerarquía partidaria se opusieron porque el mismo incluía un aumento de los impuestos contra todas las promesas electorales de Bush.

Los demócratas liberales votaron en contra debido a los cortes efectuados en los programas sociales.

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