COLOMBIA EN LA GRAN BRETAÑA

COLOMBIA EN LA GRAN BRETAÑA

En 1938, los negociadores de Colombia y la Gran Bretaña casi se encontraron con las manos vacías mientras revisaban las relaciones entre ambos países tras la denuncia del Tratado de Amistad, Navegación y Comercio de 1866. Entonces la balanza comercial era enormemente negativa para Colombia: los británicos solo nos compraban pieles, bananos y café. Hubo ofertas de becas. Y de créditos. Pero las conversaciones estuvieron dominadas por un tema: bananos. Los bananos siguen siendo centro de controversia. Pero en su visita a Londres esta semana, al presidente Gaviria le esperaba un menú más variado. Ante todo, su visita coincide con un clima más favorable a las relaciones con la América Latina. Los intereses británicos en el continente comenzaron a decaer de manera significativa desde la Primera Guerra Mundial, en un proceso que se intensificó a partir de la Gran Depresión.

29 de julio 1993 , 12:00 a.m.

La década de 1960 se abrió con mejores perspectivas pero los ánimos no duraron mucho. Pronto se volvió lugar común hablar del abandono británico hacia la región. El período de abandono ha concluido , manifestó el entonces Secretario de Relaciones Exteriores, Sir Geofrey Howe, en 1988. Un indicio importante de este renovado interés fue la visita de John Major a Colombia en 1992, la primera visita oficial de un Primer Ministro británico a Latinoamérica.

Colombia, hay que advertirlo, está inevitablemente compitiendo con otros países vecinos para recibir atención en las prioridades británicas Brasil, Chile y sobre todo, Argentina y México. Por supuesto que el narcotráfico es una piedra en el zapato, aunque en medios oficiales y empresariales se reconocen ya los esfuerzos del Estado colombiano para combatirlo. La inseguridad y el terrorismo atemorizan a los inversionistas. Y Amnesty International, así como otras organizaciones no-gubernamentales cuyas quejas tienen cierto eco entre muchos miembros del Parlamento, no contribuirán al buen ambiente que rodea la visita colombiana. Sin embargo, las perspectivas para negociar con los británicos son muy favorables. El comportamiento del país como deudor que sabe reconocer sus obligaciones y el hábil manejo de la economía le han ganado a Colombia cada vez más créditos. Hace poco, Douglas Hurd, Secretario de Relaciones Exteriores, destacaba el creciente interés de los inversionistas británicos en Colombia. Indudablemente, la presencia de la British Petroleum y el hallazgo de Cusiana han motivado el optimismo. Los acuerdos sobre garantías a la inversión extranjera abrirán aún mayores posibilidades de acceso a los tan necesitados recursos de capital. No hay que olvidar que Londres todavía es una de las capitales financieras del mundo.

El balance de las relaciones comerciales entre la Gran Bretaña y la América Latina no es aún tan halagador como en el terreno de las inversiones. Los porcentajes de las exportaciones británicas al continente, así como de las importaciones provenientes de la región, son minúsculos. Pero los productos colombianos han hecho avances. El café conserva un lugar preferido entre los consumidores. El carbón ha demostrado ser competitivo. Hay algunas novedades: zapatos made in Colombia , a precios bajos, en la cadena más importante de artículos para niños, frutas exóticas, como la granadilla, en las más grandes supertiendas de alimentos.

No obstante, los mercados, en ambos lados del Atlántico, tienen mucho más que ofrecer. De alguna manera, el porvenir en este campo está atado a la liberación del comercio mundial, amenazada, entre otras, por las perspectivas de una Comunidad Europea proteccionista. Una razón más para estrechar alianzas con la Gran Bretaña: el gobierno de Major, a pesar de algunas notables excepciones como en el conflicto bananero, ha expresado su voluntad de luchar contra la idea de una Europa aislada, llena de barreras aduaneras. Desde muchos ángulos la Gran Bretaña podría ser pues un puente efectivo de comunicación entre la América Latina y la Comunidad Europea.

En el debate sobre el continente en el Parlamento de 1990, uno de sus miembros, Jacques Arnold, advertía que muchísimos hombres de negocios en la Gran Bretaña todavía consideraban a Latinoamérica como un lugar inhóspito y caliente, dominado por caudillos, ensillados en la deuda, sin pagar sus cuentas, destruyendo la selva y cultivando y vendiendo drogas . El problema de la imagen es un serio obstáculo para el mejoramiento de las relaciones exteriores de la región. Y nada más indicado que una visita oficial, como la de Gaviria esta semana, para intentar corregir esa caricatura desafortunada.

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