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Una gerencia simple

Una gerencia simple

Los gurues de la administración no terminan de emitir sus recetas a todo lo largo y ancho del mundo. La mayoría de ellas provienen, como es apenas obvio, de los E.U., cuyos logros en investigación son evidentes. Nunca dejaremos de oír sus consejos, aunque sea santo y bueno recibirlos con algún grado de recelo en cuanto a la adaptación de sus ideas a las realidades nuestras.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de noviembre 2005 , 12:00 a. m.

Por ejemplo, Harold Geneen, quien dirigió el ITT hace unos años, escribió un libro, Managing, que lleva varias ediciones en el mercado en torno a las cosas simples que debe hacer y no debe hacer un ejecutivo de los tiempos modernos. No me resisto a presentar sus conclusiones, añadiendo mis propios cometarios sobre su aplicabilidad al sistema de gerencia latinoamericano.

En primer lugar, tiene razón al decir que no se pueden dirigir las organizaciones solamente con base en una teoría o un modelo de gerencia. El hecho de que miles de personas sin ninguna clase de estudios dirigen sus empresas y ganan dinero con ellas, es una prueba de que la administración no es una ciencia exacta. Como alguien decía, si las matemáticas financieras fueran una ciencia exacta, los economistas serían ricos y se habrían jubilado muchos años antes.

En segundo lugar, el principio de que el sentido común es también una táctica para aplicar en la administración de empresas, no dice otra cosa distinta a que la experiencia se aprende permanentemente y que no puede pasarse por alto lo que de ella venga. Geneen habla de un propósito que anima a las empresas como lo es el rendimiento (aunque sería mejor decir resultados), que se aprende con las actividades de las operaciones diarias.

En tercer lugar, de la anterior apreciación se deriva otro corolario de Geneen: las empresas le pagan a sus ejecutivos de dos maneras, con una remuneración y con una experiencia adicional a sus vidas. El dinero importa tanto como la experiencia, la cual se convierte en un patrimonio en la hoja de vida de los profesionales, mucho más cuando pueda exhibirse junto con los éxitos alcanzados. Si los retos, la creatividad y la autorrealización hacen parte de la vida en el trabajo, todos estos atributos no sustituyen el dinero pero complementan la persistencia que los directivos reclaman para poder hacer bien las cosas.

Finalmente, Geneen señala que los ejecutivos se conocen por sus escritorios: cuando está limpio, el ejecutivo está alejado de las realidades de su negocio, o ha encargado demasiado para que otro lo dirija. Cuando está lleno, es que no hay demasiada delegación. Ambas situaciones son delicadas a la hora de comprender lo que se está haciendo dentro de la empresa, afirmación que contradice la vieja creencia de que un escritorio limpio es señal de eficiencia. No es necesario ser demasiado prolijo para entender la diferencia entre ambas posiciones

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