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CLAVE 1979 ROBO DE ARMAS CANTON NORTE

Los reporteros dieron vuelta por un pequeño barrio residencial de clase media alta, cerca a las instalaciones militares más resguardadas de todo Bogotá: el Cantón Norte. La dirección corresponde a una discreta casa, de apariencia inofensiva, con la puerta entreabierta. Los periodistas se asomaron. Luego llamaron a gritos... En vista de que nadie respondía y suponiendo que la casa podría esta minada, antepusieron al síndrome de la chiva su seguridad personal; entonces alertaron a las autoridades.

22 de enero 1992 , 12:00 a.m.

El espectáculo los dejó perplejos: un túnel corría desde la cocina de la casa hasta las entrañas del más grande depósito de armamento que, ochenta metros al frente, dentro del resguardado cuartel militar, perfilaba su voluminosa silueta sobre el horizonte.

A las pocas horas, el exultante Boletín No. 2 del M-19 describía el suceso desde el punto de vista de los protagonistas del más grande robo de armas en la historia de la subversión en Colombia.

En el peculiar tono, entre mamagallista e irónico, que el M-19 empleaba en sus comunicados, encabezaba el boletín la frase que el ministro de Defensa Camacho Leyva utilizara 112 días antes, a propósito del atentado y muerte del ex ministro Pardo Buelvas: Todo ciudadano debe armarse como pueda . A lo cual agregan los subversivos: Y lo hicimos: 5.000 armas para el pueblo! .

La operación había sido diseñada mediante una funcional mezcla de creatividad, audacia, secreto y paciencia.

La historia se remonta al año de 1975, con el secuestro de Donald Cooper, gerente general en Colombia de los almacenes Sears. Parte de la bolsa obtenida por el plagio fue invertida en una companía de venta de artículos médicos, Produmedicos , que le garantizaba al movimiento tres ventajas: liquidez financiera, una organización limpia como fachada y contactos (inclusive con los militares a través de Sanidad Militar).

Al frente de la compañía se colocó a un militante de confianza, Rafael Arteaga. El martes 26 de octubre de 1976 se constituyó en la notaría a Produmedicos con todas las de la ley, especificando que la señora de Arteaga, Esther Morón, asumía la representacion legal. Organizaron oficinas en la carrera 7a. # 13-65 y empezaron a trabajar y a producir, legalmente , pinges beneficios para el movimiento.

A mediados de septiembre de 1978, el máximo dirigente del grupo, Jaime Bateman, citó a Arteaga para proponerle la Operación Cantón : el robo al depósito de armas.

Aceptado el reto, Arteaga contó de inmediato con excelente suerte. Encontró frente al superprotegido depósito una casa en venta. El miércoles 18 de octubre, satisfechos los requisitos del vendedor, los Arteaga y sus dos hijos ocuparon la casa recién entapetada.

Conocedores que, por las festividades de fin de año, el inmenso depósito de armas suspendía sus actividades durante tres días, los subversivos iniciaron la más febril actividad para taladrar un túnel en línea recta, que traspasaría la calle y los dispositivos de seguridad del cuartel militar, hasta llegar al piso interior de la bodega. La meta se fijó para el 30 de diciembre: 73 días de excavación.

Para no despertar sospechas durante esas 10 semanas, los Arteaga mantuvieron una vida familiar normal. Sostuvieron el funcionamiento de la oficina de Produmedicos . Se enfrentaron a la inmensa cantidad de tierra que día tras día salía del túnel, empleando para su evacuación un camión de la misma firma. Y, finalmente, alimentaron y cuidaron a las cuarenta personas comprometidas en su construccion.

Al anochecer del sábado 30 de diciembre, los improvisados ingenieros llegaron con exactitud matemática a su objetivo. Como prueba de su éxito sustrajeron los 10 primeros fusiles. En la mañana del 31 sacaron 400 más, y así continuaron, embriagados por el resultado, hasta la noche del 1o. de enero, hasta robar según el dato de las mismas autoridades 4.076 armas.

En este festival de sorpresas, los más asombrados con el operativo subversivo fueron los mismos empleados de Arteaga en Produmedicos. Diez días antes fueron reunidos por los Arteaga Morón, en el Hotel Hilton, para la alegre fiesta de despedida de fin de año; recibieron sueldos y primas y salieron a disfrutar de vacaciones hasta el 10 de enero.

A partir del martes dos de enero, el guante del desafío lo recogió el Ejército. En las siguientes horas desató la más tenaz represión que permitió recuperar casi todo el armamento sustraído, y de paso, desencuadernar el bien articulado aparato logístico del M-19.