CLAVE 1942 REELECCION DE ALFONSO LOPEZ. CLIMA POLITICO.

CLAVE 1942 REELECCION DE ALFONSO LOPEZ. CLIMA POLITICO.

Prueba de ello han sido las perniciosas repercusiones que para el partido liberal tuvieron las reelecciones de Obando, Núñez, Mosquera y Murillo Toro en el siglo pasado y en el presente, la de López Pumarejo y el frustrado intento de repetir de López Michelsen, en 1978. En contraste con los liberales, ningún mandatario conservador ha repetido chanfa , bien, porque no han caído en la terrena tentación de reincidir, o simplemente porque se han quedado sin ganas , lo que en mecánica electoral traduce: sin fervoroso apoyo.

28 de octubre 1991 , 12:00 a. m.

En 1942 el doctor Alfonso López Pumarejo no solo ostentaba suficientes méritos, sino que le sobraban ganas : la izquierda, la juventud, los obreros y lo que denominaba el diario El Siglo la chusma liberal , lo acompañaban con delirio.

Y no era para menos. En su primer mandato (1934-1938), agitando la consigna de La Revolución en Marcha , El Compañero Presidente como lo llamaban las masas obreras se enfrentó con vigor a los cuatro poderosos frentes que le desplegó la oposición: Le puso la cara a la violenta tirria del jefe conservador Laureano Gómez quien apropiado de la tradición, la familia y la propiedad, enfrentó sus escuadrones suicidas al Anticristo liberal que todo lo reformaba.

Arrostró la debilidad de algunos de sus copartidarios liberales, que se mostraban temerosos con los nuevos impuestos, la reforma laboral, el divorcio y la ley de tierras. Se enfrentó a los terratenientes y latifundistas. Y finalmente encaró a la Iglesia, institución que vio, con asombro, cómo perdía los privilegios que durante los últimos 50 años consolidó en los gobiernos conservadores.

Contra todos, López modernizó al país, estableció las diferencias claras entre regímenes de corte liberal y conservador y demostró la posibilidad de que las revoluciones se lograran en paz.

Ahora, en 1942, el tablero del ajedrez político pareciera obedecer a la consigna de López No! .

A los liberales, que sufrieron prolongado ayuno de gobierno durante medio siglo hasta 1930 cuando subió Enrique Olaya Herrera, se les ha despertado, desde hace 12 años, la vocación de poder. Y hacen cola presidencial Gabriel Turbay, Carlos Arango Vélez y Carlos Lleras Restrepo. Pero la luz que emana López sobre el pueblo produce simultáneamente la sombra que los opaca.

Los conservadores, los curas, los latifundistas, los industriales y la derecha liberal, ante las perspectivas de una segunda etapa de reformas, pendulan sus sentimientos entre miedo y pánico.

Por esa razón el país queda fieramente dividido entre lopistas y anti-reeleccionistas .

Los partidos, a falta de mecanismos de consulta popular que permitieran dirimir sus conflictos internos, se descuadernaron.

En las elecciones de marzo de 1941, un tercio del Congreso elegido resultó lopista , otro tercio, anti-reeleccionista y el otro, conservador.

En junio, la convención conservadora termina con un divertido epílogo de bofetadas.

En julio, la convención liberal reprueba a las brigadas de choque lopistas, que alrededor del Teatro Municipal madrearon a los delegados anti-reeleccionistas .

En septiembre, Alfonso López es proclamado en el Teatro Olympia como candidato liberal para la reelección. Y el 30 de enero de 1942 se le opone la candidatura anti-reeleccionista del doctor Carlos Arango Vélez.

Los conservadores no lanzaron candidato presidencial, simplemente se subieron un mes más tarde en la campaña antilopista de Arango y en circular secreta ordenaron a todos sus activistas realizar una tenaz campaña de desprestigio contra López.

El domingo 3 de mayo, el inapelable fallo del pueblo en las urnas reeligió al liberal Alfonso López Pumarejo, de 56 años, como su presidente.

Cuando la campaña presidencial terminó, el diario conservador El Siglo empezó su obstinada campaña de difamación y calumnias: los escándalos de La Handel, el asesinato de Mamatoco , la muerte del carabinero, la compra de la Trilladora Tolima y la amarrada de López por los militares en Pasto, contribuyeron a ese fundado temor de los liberales que ven, como signo de mal agero, la reelección de sus ex presidentes.

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