DESEMPOLVANDO A SINDICI

DESEMPOLVANDO A SINDICI

En la iglesia de San Giovanni Battista de Ceccano, un pueblo al sureste de Roma, el sacerdote colombiano Roberto Tisnés desempolvó 166 años de historia: descubrió la partida de bautismo de Oreste Sindici, el compositor del Himno Nacional. En los archivos amarillentos de esta parroquia italiana encontró un capítulo corregido y aumentado de la historia de Colombia. El acta de nacimiento, manuscrita en tinta negra, revela que Ceccano es la patria chica de Sindici.

24 de julio 1994 , 12:00 a.m.

Que no nació como aprendimos en la escuela, en 1837, sino ocho años antes. Que no se llama simplemente Oreste: su verdadero nombre de pila es Joaquín, Atilio, Augusto, Oreste, Teofisto, Melchor Sindici Topai. De padre Vicenzo Sindici y madre Teresa Topai.

Fue una feliz casualidad histórica. El sacerdote claretiano Roberto María Tisnés, inquieto investigador, se topó en Roma con una postal dirigida a una tal señora María Dolores al número 25, Vía Croce de Roma, del año 1931. El motivo de la postal era un castillo medieval, color sepia, con la leyenda: Ceccano Castel Sindici. Inmediatamente después, el sacerdote se dirigió a la parroquia del pueblo y constató que el castillo no tenía nada que ver con la familia de Oreste, pero permitió a los colombianos corregir un error histórico: establecer la verdadera fecha de nacimiento del autor del Himno Nacional: el 31 de mayo de 1828. Ceccano fue erigido como municipio desde los tiempos seculares del emperador Tito Livio en el 300 a.C. Y jamás en su remota historia figuró un compositor famoso como Sindici. Gracias al padre Tisnés, Ceccano adoptó el himno de Colombia como la composición insigne de su recién descubierto artista.

De Ceccano en los campos Desde hace dos años, la Alcaldía y los notables del pueblo crearon la Serata Sindici . Una noche del Festival de Música de Verano está consagrada a honrar la memoria de su hijo más ilustre. Este año, Ceccano se vistió de Colombia. En la plaza de las grandes ocasiones, la Piazza San Giovanni, ondeaba la bandera colombiana. El alcalde Maurizio Cerroni, monseñor Pirelli, el embajador de Colombia Plinio Apuleyo Mendoza y otras quinientas personas escucharon la poética interpretación del Himno Nacional. Cantado a cuatro voces por el coro polifónico Joaquín des Prez y acompañado por los cuarenta músicos de la orquesta de cámara Gerolano Frescobaldi, resonó su formidable son . Aquí, en medio de las suaves colinas que bordean el pueblo y el olor dulce de los viñedos, el himno, más que una partitura heroica, se escuchó como una suave serenata napolitana.

Fue el maestro Mauro Gizzi, director del coro, ceccanese de 30 años, quien durante un mes creó la versión italiana del himno: es dulce, cantable, recordable. Para nosotros, el sentimiento es profundo al interpretar algo que es colombiano, pero que también es ya nuestro .

La puñalada del destino Como tenor principal de la compañía de Egipto Pirelli, Sindici llegó a Colombia en el año 1864 para hacer una presentación en el Teatro Maldonado de la época, el Colón de hoy. Aquella noche interpretaba Hernani , de Víctor Hugo, música de Verdi. Sindici, en el escenario, actuó con un realismo tal que cerca al pulmón derecho se clavó un puñal oxidado. Giustina Jannaut, colombiana de padres franceses, soprano de profesión, se encontraba entre el público. Ella no se arrancó los cabellos como la virgen del himno: saltó al escenario, succionó la sangre envenenada y le salvó la vida. Este episodio marcó el destino de Sindici. Se casó, tuvo tres hijos y se dedicó a dirigir orquestas, a enseñar música, componer liturgias y cantos profanos. El, tenor y ella, soprano, se convirtieron en la pareja lírica de moda. Por su casa, en la señorial Santa Fe de Bogotá, desfiló toda una generación de jóvenes que a finales del siglo diecinueve había optado por el bel canto. Con su radicalismo garibaldino, una vez instalado en Bogotá, tomó partido por los liberales. Las intrigas políticas hicieron que dejara momentáneamente su carrera musical y se dedicara a la explotación del caucho, en la que fracasó rotundamente.

La idea de ponerle música a los versos de Nuñez fue de José Domingo Torres, un modesto empleado público. El himno fue estrenado en 1887 en Cartagena, para celebrar su independencia. Sólo fue adoptado oficialmente 23 años después, cuando el mismo maestro Sindici hizo imprimir la partitura para canto y piano en la Editorial Luz de Bogotá...

El historiador José Ignacio Perdomo Escobar, en su historia de la música, escribió que el Himno de Colombia es el segundo más bello del mundo, después de la Marsellesa... Pero a Sindici esto no lo salvó de declinar en el anonimato, abatido por la pérdida de su hijo. Este, llamado solamente Oreste, murió peleando, al lado de los liberales, en la Guerra de los Mil Días, en Flandes, Tolima. El maestro ceccanese sobrevivió, gracias a la modesta industria casera de macarroni de sus hijas, Emilia y Eugenia.

Fumador empedernido, murió de arteriosclerosis. Para él, la horrible noche cesó el 15 de mayo de 1903. Los ceccaneses, asombrados, no entienden por qué su egregio compositor terminó vaciado en bronce, en una estatua en el Conservatorio de Bogotá y ellos no tienen ni siquiera un himno.

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